EL SECRETO DE PEÑA

22 agosto, 2016

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El problema de Peña es su disonancia cognitiva. Es la íntima tensión, por incompatibles, entre sus creencias y su comportamiento.

Para resolver esta contradicción, Peña opta por aquella alternativa que le provoca menor distorsión a su ego: elige el actual estatus social y cultural que detenta, y los intereses asociados a él, y sacrifica las creencias de que es tributario —el pensamiento crítico y totalizante de los años sesenta— imputándoselas a Bachelet y, luego, condenándolas. Como en el vudú, clava alfileres en un muñeco de trapo con la expectativa de conjurar su propio pasado.

Por eso, Peña puede pasar con facilidad de la pasión apologética por Bachelet al desamor lacerante.

Peña escribía de ella, el 17 de julio de 2005, siendo aún no más que vicerrector académico de la UDP, a propósito, como ahora, de la Encuesta CEP, y cuando Verónica Michelle Bachelet aún no llegaba a La Moneda:

«El secreto de Verónica es, a fin de cuentas, ser como usted o como yo, y no esmerarse en ocultarlo con frases bíblicas y citas de segunda mano o con ideas ingeniosas que entretienen, pero no identifican a nadie. Y la política ―una maldición para la “public choice” y todos los economistas botados a cientistas políticos― todavía necesita apelar a esa dimensión de nuestra vida que reclama reconocimiento, ésa en la que usted y yo buscamos consuelo y algún motivo para creer que, en medio de tantos sinsabores, a veces espera un final feliz».

«Ay desamor, desamor / negro desamor / feroz desamor», cantará Serrat de pie, sólido frente al vértigo.

El secreto de Verónica

La caída de Bachelet

 

 


DESDE EL ANDEN

10 agosto, 2016

El andén

Es innegable que las declaraciones de Burgos, entrañan un duro golpe. No tanto para el gobierno, que hace bastante tiempo había contabilizado la pérdida de afecto del exministro, o para los comunistas, que lo toleraron siempre como adversario declarado, sino para Carolina Goic. Para la propia presidenta de la Democracia Cristiana, que asumió en reemplazo del senador Pizarro hace cuatro meses y cuyo mandato se prolonga hasta diciembre próximo.

La embestida de Burgos es fuerte. Lo es al menos por dos razones. Primera, porque condensa toda la potencia ofensiva de los grupos internos y externos del partido con capacidad para movilizar ingentes recursos de poder económico —como los que representan El Mercurio y Copesa—, y que han entorpecido con éxito, si bien relativo, las reformas impulsadas por el Gobierno. Sectores que perdieron el ascendiente moral y cultural que detentaron antaño, y que hoy si acaso consiguen pañuelear el último adiós de un siglo xx que el país va dejando en el andén.

Segunda, porque el embate de Burgos es un ataque directo a la autoridad, la legitimidad y el cargo, la estabilidad y la representación, que detenta la senadora Goic. Es una vulneración de la investidura delegada por un partido que se rige por estatutos, que cuenta con una estructura y que dispone de una orgánica donde, teóricamente, los militantes fijan sus orientaciones y deciden sus estrategias. ¡Burgos es más grande que el partido…! No otra parece ser la advertencia que nos hacen los acontecimientos. Incluso Andrés Zaldívar, que justifica a Burgos, años después vino recién a hablar de su salida del gabinete, quizá por dignidad y por respeto hacia el partido, gesto que también tuvo Belisario Velasco.

Detrás de todo esto no ha de verse un factótum; alguien que lo concentra y lo maneja todo. Ni una amenaza fantasma en apariencia imbatible. Nadie en la Democracia Cristiana acumula semejante poder, y las experiencias recientes —como los triunfos de Provoste y de Goic— así lo confirman. La militancia hoy se informa, se comunica y decide con mayor autonomía que la imaginada. Y por eso, siempre el desafío es diseñar propuestas, conquistar voluntades y encauzar la acción colectiva. Contrarrestando la manipulación corrosiva de la prensa dominante.

El problema lo tendrán la DC, el Gobierno y la Nueva Mayoría, si Carolina Goic pierde el control del timón. El problema lo tendrá, sobre todo, la centroizquierda, si la conducción política que actualmente ejerce la senadora es sobrepasada y arrastrada hacia un estado de crisis e ingobernabilidad. Sería ésta la circunstancia propicia para que la ruptura de la Democracia Cristiana con la Nueva Mayoría cobre fuerza y viabilidad política.

Quienes están por la proyección y fortalecimiento de la coalición de centroizquierda, y la base nacional y popular del partido lo está, debieran ser los más interesados en vigorizar el instrumento partidario.

Quienes apoyan las reformas emprendidas y la realización de las transformaciones pendientes, quienes piensan que la DC debe postular un candidato y que éste debe dirimirse en primarias, quienes creen que el próximo programa de gobierno debe ser fruto de un amplio y organizado ejercicio de participación; debieran ser los más proclives a generar alianzas estratégicas con la senadora Goic, cuyo liderazgo es garantía de estabilidad y de cohesión.

Porque sólo un pacto como éste puede asegurar que el Gobierno concluya en marzo de 2018, y que alejadas las incertidumbres del aventurerismo político que se asolea a diario en los balcones de la derecha, de esta obra surja un nuevo horizonte de realización para la justicia y las libertades.

Goic dice que no hay diferencias esenciales con las reformas
Disidentes acusan a Goic de entreguismo al Gobiernop
No estoy de acuerdo con el tono de la crítica de Burgos
Respuesta a los liberales: liderazgo se construye desde el partido
Burgos habla por él
Liberales quieren fin de la coalición
¿División de la DC?

 


SIETE DECADAS DE SINDICALISMO

12 julio, 2016

Compañía Siderúrgica de Huachipato

10.07.09 Talcahuano. Compa–’a Siderœrgica Huachipato, proceso de fabricacion de acero. FOTO: CAMILA LASSALLE

Alto horno de Huachipato, foto de Camila Lassalle

El pasado martes 3 de mayo se cumplieron 70 años desde la fundación de la Compañía de Acero del Pacífico. La sociedad anónima se formó en 1946 por iniciativa de la Corporación de Fomento de la Producción, que aportó el 33 por ciento de los 15 millones de dólares del capital social original. El resto lo proveyeron particulares, socios mayoritarios del proyecto por voluntad del gobierno y de una estrategia de desarrollo liderada por el Estado.
La CAP fue una de las grandes obras del siglo xx chileno que consiguió vencer las seculares resistencias a la industrialización. Fue la empresa mixta encargada de construir la siderúrgica de Huachipato, nombre que toma del lugar en que fue emplazada: trampa para patos. El alto horno de la planta fue encendido el 1° de junio de 1950 iluminando la Bahía de San Vicente y, desde ahí, el nacimiento de una nueva conciencia laboral de la que sigue dando cuenta la narrativa histórica.
El viernes Jorge Ayala Córdova, sociólogo de la Universidad de Concepción, presentó el libro Historia del movimiento sindical de Huachipato, 1970-2013. La obra busca explicar las conexiones observables a lo largo del tiempo entre las acciones emprendidas por los sindicatos del acero y las motivaciones ideológicas y normativas de sus dirigentes.
Las siete décadas del sindicalismo de Huachipato no pueden, como sostiene Ayala, ser comprendidas al margen de las estrategias de desarrollo promovidas por las élites, ni de las rupturas institucionales habidas durante este tiempo. Moldeada por este contexto es que surge y se desarrolla la conciencia del movimiento, y son estas condiciones las que perfilan su trayectoria y explican los ajustes tácticos que debieron hacer sus dirigentes frente a cada coyuntura.
Pero son los primeros 25 años los que determinan la fisonomía y el temple de aquel sindicalismo. Es ese tipo de conciencia social que, a mediados de los años sesenta, nos descubrieron Alain Touraine, Torcuato Di Tella, Lucien Brams y Jean-Daniel Reynaud en Sindicato y Comunidad.
La racionalización del trabajo
¿Qué vieron los sociólogos? Vieron una empresa gestionada por gerentes que seguían estrictas reglas de cálculo y de administración racional. Distantes, por lo mismo, del modo de ser aristocrático, aquel del patrón de fundo recién llegado a los negocios urbanos y propenso a reproducir las relaciones de servidumbre e inquilinaje.
Advirtieron que en Huachipato las funciones están diversificadas y la organización del trabajo es compleja. La autoridad es funcional, el trabajo racionalizado, los salarios elevados, y las oportunidades de promoción más amplias que en resto de la región. Los obreros calificados son quienes se ponen a la vanguardia de la lucha sindical. Creen en el progreso y se sienten parte de una nueva generación de dirigentes comprometidos con la modernización, el desarrollo de la industria y el crecimiento de la economía nacional.
No están motivados por la ruptura con la sociedad que los acoge. Tampoco la suya pretende ser la personificación del sujeto histórico de la revolución. Ellos se sienten compelidos por la modernidad a proyectarse hacia adelante, a fijar nuevas expectativas de bienestar, y a satisfacer las reivindicaciones de sus representados. Aquí, la movilidad y el ascenso social son aspiraciones que los líderes del movimiento deben traducir en pactos eficaces. En este sentido, son tributarios de un movimiento ideológico, pero no de un movimiento de clase. No obstante, cualquiera sea su adscripción política, saben que el poder pertenece a fuerzas tradicionales, y tendrán ocasión de confirmarlo.
Conservarán este pragmatismo durante el gobierno de la Unidad Popular, cuando el 98 por ciento de las acciones de la CAP pasen a ser propiedad del Estado, y cuando todas las organizaciones gremiales de Huachipato concurran a la formación de un único sindicato.
Aplicarán este sentido de realidad en las postrimerías de la dictadura, cuando la compañía sea privatizada y genere una pérdida neta para el fisco superior a los 706 millones de dólares. Más todavía, serán los trabajadores —por la vía de lo que entonces se conoció como capitalismo popular— los que, al aprovechar la opción de compra de un 3 por ciento de las acciones, despojarán al Estado de su condición de socio mayoritario y, sobre todo, de garante del bien común. Quizá esta sea la última acción colectiva del sindicato.
La conciencia escindida
La privatización no sólo traerá la fragmentación de la representación sindical, sino la ruptura entre la antigua organización del trabajo industrial —de la cual son expresión cada vez más reducida los trabajadores de planta—, y la precarización del trabajo unida a la desprotección social, inherentes a la sociedad del riesgo que hoy padecen miles de subcontratados.
Unir tales intereses en un cuerpo común de ideas, no es algo que pase por las clásicas corrientes teóricas. Exige de una clase dirigente capaz de entender la creciente globalización de la empresa y su fuerte control sobre el trabajo asociado, del que sólo el cuadro de mando integral, o balanced scorecard, una metodología de organización que actúa simultáneamente sobre indicadores financieros, de clientes, de procesos internos y de formación y crecimiento, revela el actual horizonte de la racionalidad capitalista.
http://papeldigital.info/diarioconcepcion/#12

 


EL SUCESOR DE BURGOS

9 junio, 2016

 

MarioFernandez

Mario Fernández, quien sucede a Jorge Burgos en el Ministerio del Interior, es un democratacristiano conservador. Pertenece al antiguo tronco aylwinista de la colectividad, cuya rama más vigorosa es, hoy por hoy, la representada por Soledad Alvear y Gutenberg Martínez.

Fernández, en un contrapunto con Jorge Correa Sutil —que al igual que él integraba en 2008 el Tribunal Constitucional—, votó en contra de la Píldora del Día Después a propósito del recurso de inaplicabilidad del Decreto Supremo N° 48. Tras dejar su cargo de embajador en Austria, asumió la representación diplomática de Chile en Uruguay en reemplazo del comunista Eduardo Contreras.

Por su estilo y trayectoria, y por los apoyos transversales que concita en la Democracia Cristiana, probablemente culminará su desempeño como jefe de la cartera cuando concluya el gobierno, lo que recordará a Pérez Yoma, del mismo sector interno del partido, en el primer mandato de Bachelet. En todo caso, su ingreso al comité político marca la retirada de los príncipes. El año 2002 Fernández apoyó a Jorge Pizarro, que entonces disputaba con Ignacio Walker y Adolfo Zaldívar la conducción partidaria.

Habrá, en consecuencia, un giro en las formas de relacionarse con la Presidenta. Un estilo menos mediático y estridente, y más cuidadoso de las investiduras de cada cual. Habrá, asimismo, una relación más fluida con los aliados, especialmente, con los comunistas, y no porque Fernández sea más proclive que Burgos al entendimiento con ellos, sino porque el nuevo titular cree en la racionalidad de la política y en el valor pragmático de las coaliciones. Así lo demostró cuando estuvo al frente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia.

¿Qué se espera de Fernández? Que movilice los recursos y atributos a su haber para ordenar al Gobierno y a la Nueva Mayoría. Sobre todo, que llame al orden a quienes dependen directamente de él. Que dialogue y procese las diferencias reales e importantes, sin gastar ni hacer gastar a otros, energías en conflictos de bajo perfil. Que no incurra en el error de asumir la representación vicaria de determinados intereses grupales, los que, a no dudarlo, querrán ponerle sus propias banderas a la nueva embarcación, sino que mantenga una comunicación directa e ininterrumpida con la directiva de su partido, la Democracia Cristiana y, naturalmente, con las mesas legítimas de los demás partidos.

En fin, que al menos guarde en el armario, hasta mejor hora, las retroexcavadoras, los matices, los realismos y las renuncias, y ponga a todo el mundo a trabajar para salir airosos del veredicto de las urnas.

Fernández, el más bacheletista de todos


EL AJUSTE DE LOS PARTIDOS

25 mayo, 2016

"Il trono vuoto" regia di Roberto Andò

Ni Pepe Auth ni René Saffirio abandonarán al gobierno. Tampoco dejarán la Nueva Mayoría. Ambos son antiguos militantes de centroizquierda. Sus biografías dan cuenta de largas trayectorias y testimonios de lucha. Y, por eso… ¡cuidado! No se les puede atacar envileciendo sus cualidades políticas o las motivaciones que los han llevado a renunciar a sus respectivos partidos, el PPD y la DC.

Auth y Saffirio son la sintomatología de una cultura política fuertemente sacudida por los propios cambios de mentalidad de los chilenos. Es la crisis cíclica del sistema de partidos, que parte por la desconcentración del poder, continúa por la descomposición de los lazos de adhesión, y concluye en una nueva reconcentración del poder.

El actual momento, de fuerte desagregación de identidades colectivas, les permite a Auth y Saffirio permanecer activos como independientes o, más bien, como desafiliados de partidos políticos. Ya otros han probado con éxito dicha fórmula sin provocar con ello trastorno alguno en los equilibrios de poder.

La actual fase de desafección sin costos electorales le permite también a Revolución Democrática —lo mismo que a Izquierda Autónoma, Evopoli o Amplitud— forzar el surgimiento de nuevos pactos electorales. Hasta qué punto «nuevos» en presencia de una conciencia política que aún no acabamos de discernir, es una duda que ni siquiera sus precursores se encuentran en posición de despejar. Y es porque la respuesta no está en las caprichosas encuestas, sino en algo más estructural, como es el tiempo de maduración que necesita una fuerza política para consolidarse. La travesía del desierto es como el camino de Lawrence de Arabia a Áqaba: precisa mucha fe y disciplina.

Pero ni los independientes, ni las nuevas elites dirigentes, tienen el botón de reinicio del sistema. La llave, pese a las fuertes convulsiones morales y políticas que las agitan, sigue instalada en las grandes colectividades. Nadie ve a los viejos partidos reverenciosos y en retirada cediéndoles el virtual vacío de poder a sus ávidos adversarios. Aunque parecen inmutables, están viviendo procesos de readaptación orgánica y de regeneración moral y política. Ello abre espacio a nuevos liderazgos, intereses y aprendizajes, con el benigno agregado que emergen en estructuras y tradiciones probadas por la experiencia.

La procesión va por dentro y, necesariamente, producirá una reconcentración del poder. Será así porque no hay otro modo de restablecer la cohesión corporativa, la unidad de propósitos y la acción común. Probablemente Renovación Nacional recuperará el liderazgo en la derecha, pero no lo hará sin la UDI. Quizá en la Nueva Mayoría se producirán deserciones hacia su izquierda y hacia su derecha, pero los partidos históricos, los de mayor densidad política e ideológica, conseguirán frenar las tendencias disolutorias y, no obstante perder apoyo electoral, lograrán sortear la tormenta. Y así como no se derrumbó el modelo, no se desplomará el sistema político.


ANTIDELINCUENCIA: UNA LEY CONTRARIA A LOS DERECHOS Y GARANTÍAS DE LAS PERSONAS

23 mayo, 2016

Control de Identidad

El carabinero cruza el antejardín de la casa y golpea violentamente la puerta. Pudo haber usado el timbre, pero no lo hace. Está seguro que su conducta firme —que es como el efectivo policial  entiende la autoridad—  está justificada por la orden de embargo en manos del receptor judicial que le acompaña. Lo único que en ese momento tiene en su cabeza es la sospecha de que no le quieren abrir y que, para amedrentar a los moradores y darse valor frente al resto de la patrulla, debe exhibir el napoleón, una herramienta empleada para cortar chapas, cadenas y candados, que lleva consigo.

Todo es un absurdo. Más bien, un elocuente acto de abuso e inseguridad jurídica. Porque la persona a quien buscan embargar, antigua arrendataria del inmueble, hace unos tres años que no vive ahí, como los nuevos inquilinos se lo hicieron ver a cuanto receptor se acercó a preguntar por la hasta ahora fugitiva deudora de millonarios créditos de consumo. También se lo habían dicho a este último que, en contra de lo afirmado por otros colegas suyos, tomó sin escrúpulo alguno el riesgoso atajo de falsear los testimonios y precipitar así el embargo de bienes propiedad de terceros. Por esto, hoy pesa sobre él un recurso de queja ante la Corte y, para demostrar que son quienes son y alzar el embargo, las víctimas han interpuesto lo que se conoce como una tercería de posesión.

Esta es la realidad del día a día. Ciudadanos inermes y desprotegidos frente a los abusos perpetrados por funcionarios policiales. Una conducta que va más allá de la transgresión de los protocolos, la pérdida del buen criterio o la falta de experiencia. Un comportamiento que revela signos psicopatológicos evidentes, en los que no se advierten diferencias entre la agresividad mostrada por la Policía y la violencia desplegada por los autores de portonazos.

¡Basta ya de poner siempre en tela de juicio a los carabineros! Dice su general director, Bruno Villalobos. No, general, replica una parte informada del país. Basta de seguir haciendo la vista gorda frente a los excesos de sus subordinados. Basta de seguir presumiendo la culpabilidad en vez de la inocencia de los ciudadanos.

Porque son estos peligros para la seguridad de las personas los que se esconden en la agenda corta anti-delincuencia. Son sus visos de inconstitucionalidad, por reñida con las garantías y derechos de las personas, los que exhortan a la magistratura a rechazarla.

La agenda corta nivela hacia abajo. Para perseguir el delito, convierte a la sociedad en cárcel y a todo el mundo en sospechoso de delito. Otorga a Carabineros poderes que, hoy por hoy, no tiene, y que en el futuro serán usados en forma prejuiciosa, arbitraria y abusiva contra las personas.

Mañana estos mismos carabineros prescindirán de autorización judicial para ingresar a las casas; les bastará argumentar que en la residencia se estaba destruyendo evidencia. Y no tendrán problemas para demostrarlo, como no los tuvo el receptor deshonesto al sostener que quien habitaba el domicilio era la deudora que a él le interesaba domiciliar allí, y no sus genuinos moradores.

Mañana estos mismos carabineros podrán examinar el automóvil, los equipajes y las vestimentas de cualquier ciudadano, sin necesidad de probar la existencia de indicios de valor para determinada investigación. Porque en la ley corta los funcionarios se constituyen en ministros de fe de sí mismos. El receptor de marras, al menos portaba un documento que le facultaba para registrar el hogar de las víctimas, ponerle precio a las especies de valor y proceder a su embargo.

Mañana estos mismos carabineros podrán cruzar el antejardín de cualquier casa, forzar la chapa de su puerta de calle o echarla abajo, sin que sus moradores puedan hacer nada en contra del acto de fuerza, porque resistir al funcionario policial será considerado como un atentado a la autoridad, como una conducta violenta.

Los abusos de Carabineros en Concepción

Pese a apoyo de Bachelet PS insiste en Tribunal Constitucional

Diputados PS no logran firmas

Diputados PC recurrirán a CIDH

Escalona considera infantil decisión del PC

Burgos considera impropia decisión del PC


NUEVAS VERDADES SOBRE LA MUERTE DE ALDO MORO: ESE PERVERSO FRENESI ANTICOMUNISTA

11 mayo, 2016

Giovanna Flores Medina y Rodolfo Fortunatti

Moro asesinado

Portada de La Repubblica informando el comunicado del Ministerio del Interior atribuido a Brigadas Rojas

El comité de crisis presidido por el ministro del Interior Francesco Cossiga, difundió un falso comunicado atribuido a las Brigadas Rojas en el cual se aseguraba que Moro estaba muerto. Según un colaborador del presidente Jimmy Carter, el objetivo era preparar a los italianos para lo peor y notificar a las Brigadas Rojas, sus captoras, que el Estado no negociaría. ¿Quién podía hacer algo así, sino quien deseaba la muerte de Moro?

Desde hace 38 años, el mes de mayo y el peso de su oscuridad sobre la política en Italia se representan en una tragedia: la muerte de Aldo Moro y el frenesí contra la tesis del compromiso histórico, una propuesta de gobierno conjunto entre democratacristianos y comunistas que marcaría un punto de inflexión en la Guerra Fría y que demostraría, mucho antes de la caída del Muro de Berlín, que la construcción democrática de una centroizquierda sería la próxima revolución de Europa.

La promesa anticipada de un «otoño a la italiana» con la reemergencia de Gramsci y Péguy —con Enrico Berlinguer y Aldo Moro como promotores— o las reflexiones de tantos juristas que apoyaban esta nueva estética política de una sociedad de derechos garantizados, eran el único antídoto contra la reinstauración de la derecha más conservadora.

Mas, no era solo la reminiscencia del fascismo acomodado al capitalismo —tras los años de plomo— lo que se avizoraba como el nuevo régimen, ni las falsedades del terror soviético que hasta nuestros días siguen alimentando las precariedades ideológicas de la derecha, sino el paradigma del golpe militar de Chile. La traumática debacle era una postal para la solidaridad de la izquierda internacional y el escenario que amenazaba ser replicado en la Península. Ahí estaban los émulos de Kissinger, de la Red Gladio y de sus conexiones con las dictaduras latinoamericanas operando en secreto y con el apoyo irregular de la CIA y la OTAN. Mismas conexiones criminales que orquestaron el modus operandi de las muertes y atentados contra chilenos, como lo confirman los casos de Bernardo Leighton, de Orlando Letelier o el magnicidio de Eduardo Frei Montalva.

Fue aquel 9 de mayo el que habría de convertirse en data de la más profunda herida abierta en el corazón del Estado italiano, y el comienzo de la pulverización del sistema de partidos políticos que terminaría en 1993, por obra del Tangentopolis, con la Primera República. Casi 40 años de contradicciones y especulaciones bajo un discutible secreto de Estado que, gracias a la paulatina aceptación del derecho fundamental a la verdad, la memoria y la reparación, permite develar quiénes fueron realmente los ejecutores y responsables del crimen de Moro y de tantos otros cometidos para abortar el compromiso histórico.

Así se recuerda en la política italiana desde el 2009, cuando cada 9 de mayo se conmemora el Día Nacional del Derecho a la Memoria y a la Verdad de las Víctimas del Terrorismo.

Los testigos en el laberinto del silencio

¡Examina la autopsia, ahí está la firma del asesino de Aldo Moro! Exhortó con certeza Fabio Fabbri, brazo derecho del capellán de la cárcel Cesare Curione ante la comisión parlamentaria que desde el año 2014 recopila nuevos antecedentes.

¿Qué quiso decir con eso?

Quiso decir que seis disparos, de los once en total que se percutaron contra la víctima, fueron hechos alrededor del corazón de Moro, como una rúbrica, y que esto sólo podía ser obra de un profesional: un ambicioso y joven sicario de la ‘ndrangheta, la mafia calabresa. Un testimonio que se enmarca en la política del Papa Francisco, la vía vaticana del derecho a la memoria, y que busca colaborar con la Justicia en casos emblemáticos como el de Moro, el de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsalino, o el de la desaparecida Emmanuela Orlandi y sus vinculaciones con otros crímenes en América Latina, desde El Salvador hasta Chile y Argentina.

Datos que se suman a una verdad ya asumida por muchos: Aldo Moro no fue muerto por las Brigadas Rojas. Así lo confirmó hace tres años su hija, la senadora Maria Fida, y también lo comienzan a revelar las últimas indagatorias y pesquisas sobre grabaciones, cartas y secretos profesionales y de confesión que se han divulgado.

La impunidad y el encubrimiento: lecciones para Chile

A la hora de aquilatar el trabajo de la comisión investigadora, hay coincidencia en afirmar que ha actuado con rigor y celo, sin prejuicios ni inclinaciones ideológicas, y sin las presiones de los desaparecidos partidos Demócrata Cristiano y Comunista, los principales protagonistas políticos de aquel drama. La comisión ha dejado que los testimonios hablen por sí solos. Y el resultado es que su primer informe haya sido aprobado por la unanimidad del más amplio espectro político de opiniones y sensibilidades.

Presidida por Giuseppe Fioroni, su trabajo de desenmascarar pistas falsas nos enseña una lección invaluable acerca de cómo deben ser investigadas aquí en Chile las fuentes, archivos y testimonios sobre las muertes de hombres notables, como Salvador Allende y Eduardo Frei, crímenes políticos ocultos bajo el misterioso manto de la impunidad. Pero, no solo respecto de los autores de los crímenes o de la determinación de sus responsabilidades penales, sino de los ideólogos de cada una de las acciones políticas que generaron las condiciones de impunidad y obstrucción a la justicia en casos emblemáticos. Ahí está la política de Alemania que ha sido capaz de cumplir con el derecho a la memoria de las víctimas del Holocausto y del terrorismo de los 60, pasando de una justicia transicional a una justicia efectiva del sistema común, y todo ello pese a la muerte o avanzada edad de los hechores.

La comisión parlamentaria ha desentrañado evidencias cruciales sobre uno de los acontecimientos más oscuros de la historia de Italia. Cada vez se perfila más nítida la mano negra de Gladio, organización violentista de sello anticomunista financiada por la CIA, y de conspiradores perversos, como Licio Gelli —muerto en noviembre del 2015—, empresario socialité y sicario protegido por las dictaduras chilena y argentina, autor del más monstruoso atentado terrorista italiano, cual fue el de Bolonia del 2 de agosto de 1980. Mismo operador político y cabecilla de la masonería que, en la década del 70 y parte de los 80, lideró la Logia Propaganda Due, llegando a registrar en sus listados a más de 960 hombres absolutamente leales: industriales, como Silvio Berlusconi, parlamentarios, autoridades policiales, jueces, personeros vaticanos y más de alguna figura gubernamental latinoamericana de la época.

Todos habrían estado al tanto del «Plan de renacimiento democrático» de Italia que, conforme se ha determinado, fue aprobado en 1976. El plan detallaba, entre varias acciones legales, políticas y económicas, cómo derribar al movimiento sindical e intervenir sobre cualquier acercamiento entre los moroteos de la DC y los seguidores de Berlinguer.

En la operación rastrillo con que se peinó Roma los 55 días que duró el secuestro de Moro, se desplegaron 13 mil policías, se practicaron 40 mil registros domiciliarios, y se aplicaron 72 mil controles de carreteras, pero el lugar donde se mantenía cautivo a Moro nunca fue hallado… Tocamos varias veces el timbre, pero nadie respondió, dijo por toda excusa uno de los agentes cuando se le preguntó cómo es que no habían dado con el sitio.

Se ha descubierto que 25 días antes del secuestro, informantes palestinos habían advertido que organizaciones terroristas europeas estaban planificando una operación a gran escala, que a solo horas de su secuestro Moro pidió protección especial, que los involucrados en la muerte de sus escoltas no eran 12 sino 20, y que los casquillos hallados en Vía Fani no procedían de una bodega del norte de Italia, como había asegurado la policía para implicar a grupos de izquierda.

El comité de crisis presidido por el ministro del Interior Francesco Cossiga, difundió un falso comunicado atribuido a las Brigadas Rojas en el cual se aseguraba que Moro estaba muerto. Según un colaborador del presidente Jimmy Carter, el objetivo era preparar a los italianos para lo peor y notificar a las Brigadas Rojas, sus captoras, que el Estado no negociaría. ¿Quién podía hacer algo así, sino quien deseaba la muerte de Moro?

Monseñor Fabri ha sido quien más ha proporcionado nuevos antecedentes, declarando incluso que Pablo VI tenía 10 millones de liras para pagar como rescate, pero que nunca existió voluntad para negociar por parte del gobierno y de sus amigos de la Democracia Cristiana.

Ciertamente, la mayoría de los involucrados están muertos. Entre ellos, Giulio Andreotti, Gelli, los brigadistas rojos, y algunos dobles agentes de extrema derecha, pero la universalidad e imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y del terrorismo, justifican la búsqueda de la verdad como mecanismo de reparación a las víctimas.

Italia y Chile: el compromiso histórico

Fue Enrico Berlinguer, líder del eurocomunismo, quien a través de varios artículos entre 1972 y 1976 desarrolló la tesis de un gobierno de compromiso histórico: una hoja de ruta abierta para construir un programa de reformas sociales de largo plazo y que forjarían una alianza de centroizquierda visionaria. Reforma agraria, tributaria y laboral, junto a una estrategia contra el sottogoverno de la cosa nostra, así como el control de la camorra y la ‘ndrangheta.

El hecho que Moro aceptara el compromiso histórico fue la derrota del Chile popular, pues se había demostrado que no bastaba que la centro-izquierda conquistara una mayoría electoral; se necesitaba de algo más sólido y macizo, eso que Radomiro Tomic llamó la unidad política y social del pueblo para asegurar la gobernabilidad política, para frenar las reacciones conservadoras y para alejar las amenazas involutivas.

En una extensa columna publicada por la revista Rinascita durante las semanas posteriores al derrocamiento de Allende, Berlinguer escribirá: «Nuestra tarea esencial —y es una tarea que puede ser lograda— es, por lo tanto, aquella de extender el tejido unitario, de convocar en torno a un programa de lucha para el saneamiento y la renovación democrática de la sociedad completa y del Estado, a la gran mayoría del pueblo, y de hacer corresponder este programa y esta mayoría con una alianza y unas fuerzas políticas capaces de realizarlo. Solo esta línea, y ninguna otra, puede aislar y vencer a los grupos conservadores y reaccionarios, puede dar a la democracia solidez y fuerza invencible, y puede hacer avanzar las transformaciones de la sociedad. Al mismo tiempo, solo recorriendo esta vía se pueden crear desde ahora las condiciones para construir una sociedad y un Estado socialistas que garanticen el pleno ejercicio y el desarrollo de todas las libertades».

En ese mismo periodo, la instauración en 1975 del Tribunal Russell para las víctimas del Golpe Militar en Roma, fue el primer paso de solidaridad internacional con Chile. Una instancia de justicia ad hoc que ofrecía una esperanza de diplomacia humanitaria: mientras el gobierno militar negaba sus atrocidades, incluso ante la ONU, los antiguos agentes diplomáticos y políticos de la DC, del socialismo y del comunismo, encontraban un espacio para sus denuncias y testimonios.

Esa vinculación entre Chile e Italia es innegable, como lo es el frenesí anticomunista que aún exudan los conservadores y la derecha frente a cualquier compromiso de mayorías que pueda afectar sus intereses. Aunque, como acostumbran recordar sus detractores, fue el mismo Berlinguer quien en 1981 guardó silencio y le dio el jaque mate al entendimiento entre democratacristianos y comunistas.

En los años venideros, la búsqueda de una coalición amplia y popular no estuvo exenta de cierta dosis de glamour: cuando Yves Montand —divo del cine francés— visitó Chile en septiembre de 1988, lo hizo para acompañar a Gabriel Valdés, por entonces el más popular candidato a la Presidencia de la República de la centro izquierda. Nadie podría discutir el liderazgo carismático de Valdés, y menos la socialité que se aglutinaba en torno a su propuesta de un gobierno que asumiera el compromiso histórico como estrategia de un posible retorno a la democracia.

Fue este proyecto lo que convenció a Yves Montand de regresar a nuestro país tras haber estado en 1971 filmando Estado de Sitio. Fue la posibilidad de ver, al final de su vida, aquello que en su natal Italia había sido frustrado por la tragedia de Moro. Porque hasta hoy Moro y su legado, el de la ética de la probidad, no palidecen y, por el contrario, cobran nitidez sobre el fondo de las grises figuras que aún se levantan como paradigmas de la política y ese perverso frenesí anticomunista en nombre del progreso y las libertades.

Informe de la comisión parlamentaria

Moro no fue muerto por Brigadas Rojas


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