EL FIN DE LAS COALICIONES

11 mayo, 2017

No ocurrirá el fin de las coaliciones, ni se realizará la promesa del paraíso.

Entre las razones que ofrecen los émulos de la soledad política, está la de mantenerse limpios de toda contaminación que pudiera alterar la pureza originaria de una formación política. Esto, suponiendo que aquella ortodoxia se haya mantenido incorruptible a través del tiempo. Y suponiendo, claro, que, pulcra como se conserva, se halle alojada en un arcano custodiado por escribas o sacerdotes que, por estar dotados de facultades vedadas al hombre común, serían los únicos autorizados para revelar el sentido inescrutable de semejante identidad. Resabios de esta creencia decimonónica, hija del iluminismo y del progreso infinito, siguen latentes y, aunque decadentes, continúan bregando contra la racionalidad democrática de nuestros días.

Se trata de una forma de resistencia contracultural de las elites a la irrupción de la diversidad, del pluralismo, de la empatía, de la tolerancia, de la universalidad y de los derechos fundamentales. Es el retorno de la pureza peligrosa de la que nos hablaba Bernard-Henri Lévy. Una que podría ser religiosa, nacional o política, pero que siempre obedece al recuerdo obsesivo de una antigua e improbable integridad que se rebela contra toda ecúmene, toda apertura, todo pacto que corrompa la idea de un origen puro, inocente, inicial.

Por eso, que ahora se augure el fin de las coaliciones políticas —como con mayor elocuencia lo hizo Francis Fukuyama con la historia—, no pasa de ser otra reafirmación identitaria, y otro argumento justificatorio para arropar de legitimidad el camino propio, el seductor vértigo del abismo, procurando alejarlo de la fatal, pero común percepción, de estar en presencia de una muerte asistida.

El fin de las coaliciones es una falsa creencia. Las coaliciones en Chile nunca han sido permanentes, como sí han encarnado continuidades político-culturales, y siempre han estado amenazadas por otras alternativas, y lo seguirán estando. Basta mirar nuestra historia reciente y también la europea.

En 1989, la Concertación enfrentó unida a la derecha, que entonces levantó a Büchi y Errázuriz. En 1993, Frei compitió contra una derecha que postulaba a Alessandri y Piñera, pero por la izquierda ya se perfilaban los precursores del actual Frente Amplio: Max Neef, Pizarro y Reitze. En 1999 Lagos representó a la Concertación y Lavín a la Alianza por Chile, no obstante, aparecieron las candidaturas de Marín, Hirsch, Larraín y Arturo Frei.

El año 2005, con Bachelet, la Concertación desafió a una derecha dividida entre Piñera y Lavín, y, además, a Juntos Podemos. En 2009, este escenario se invirtió de modo que la derecha unida tras Piñera retó a una centroizquierda fragmentada entre Frei, Enríquez-Ominami y Arrate. Por último, en 2013 la Nueva Mayoría confrontó a una derecha separada por Mathei, Parisi e Israel, y a otras opciones como Enríquez-Ominami, Claude, Sfeir, Miranda y Jocelyn-Holt. Este y no otro ha sido el curso de las cosas.

No ocurrirá el fin de las coaliciones, ni se realizará la promesa del paraíso. Del mismo modo que no dejará ser más que ilusión el retorno a una pureza perdida y a una edad de oro lejana en el tiempo. Como todo, la intensidad del éxtasis pasará y nos mostrará lo que humanamente somos y seguiremos siendo.

No estamos dentro de la Nueva Mayoría

Frente Amplio emerge con fuerza

El fin del ciclo de las coaliciones permanentes

 


EL ROSTRO DEL PROGRAMA

9 mayo, 2017

«Hoy debemos entender la salud como un bien de protección social que pone su acento en las personas como sujetos de derechos exigibles. Nos proponemos avanzar gradualmente hacia un sistema con reglas de garantía y acceso de carácter universal

V Congreso de la Democracia Cristiana, § 267

Pedro García, ex ministro de Salud de Ricardo Lagos, y Manuel Inostroza, ex superintendente de Salud de Lagos, Bachelet y Sebastián Piñera, son dos figuras destacadas de Progresismo con Progreso. El grupo de talante liberal, erigido como principal detractor de la Nueva Mayoría y activo promotor de la ruptura democratacristiana con la coalición de gobierno, es también la cara visible del programa de Salud de la falange. Su estreno ocurre simultáneo a la crítica que la presidenta del partido ha hecho a la política pública de inversión en infraestructura hospitalaria.

La crítica, sin embargo, omite que los problemas en el sector se arrastran desde la administración Piñera, cuando no se hizo más que licitar y diseñar nuevos hospitales, pues los trabajos de los recintos que efectivamente se levantaron comenzaron en el primer gobierno de Bachelet. Tampoco se hace cargo de la pesada herencia recibida: obras abandonadas, reiterados retrasos, falta de financiamiento, quiebra de empresas constructoras y boletas de garantía falsas. Todo lo cual fue puesto de manifiesto en el Informe emanado de la Comisión Investigadora de Infraestructura Hospitalaria de la Cámara de Diputados, aprobado en abril de 2015.

Aunque el programa de gobierno de la Democracia Cristiana aún no ha sido sancionado por las instancias regulares de la colectividad, lo que se conoce como el bosquejo de bases programáticas asegura que se retomarán las concesiones a privados no sólo para la construcción de hospitales, sino también para parques urbanos, equipamiento deportivo, centros de cultura y transporte público.

Una tibia alusión a lo mal que lo han hecho los privados procura tranquilizar aseverando que los mecanismos vigentes serán revisados y transparentados, algo que ya está realizando el Banco Mundial por encargo del Gobierno.

Informe de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados

ELEFANTES BLANCOS, la experiencia de las concesiones hospitalarias

Empresas abusaron del sistema y generaron la sensación que no se pueden construir hospitales de forma directa

Proyecto de Ley Salvador


LA CONVICCION

30 abril, 2017

La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro.

Si nos preguntáramos cuál fue el tono del discurso inaugural de la senadora Carolina Goic en la última junta nacional de la Democracia Cristiana, diríamos que fueron expresiones como «política del matonaje», «ultimátum», «amenazas» y «miedos», un relato diametralmente opuesto al de su proclamación en el conclave del 10 de marzo. Ahí había reiterado su convicción de mantener a la colectividad en la centroizquierda.

«Creo firmemente en la importancia que ha tenido la alianza de la centroizquierda para la gobernabilidad y desarrollo del país —declaró en febrero—. Creo que es importante mantenerla y eso significa sumar fuerzas y llegar a una primaria y tener un candidato único de la fuerza de centroizquierda.»

El de ahora era el lenguaje de la recriminación, de la ruptura y del distanciamiento, un giro que pocos atinaban a comprender y que la mayoría procuraba explicarse.

¿Qué había producido el cambio de convicción de Goic?

El laguismo democratacristiano había resentido el resultado de la elección del Partido Socialista, que auguraba un mal horizonte para las aspiraciones de Ricardo Lagos. La forma en que el Comité Central había granjeado su apoyo a Alejandro Guillier y precipitado el retiro del expresidente, constituía un duro golpe para el sector. El candidato del radicalismo había obtenido el 65 por ciento del pleno, una cifra cercana a las adhesiones que los partidarios de la primera vuelta tenían a su haber en la máxima instancia de deliberación de la Democracia Cristiana.

Por eso, a una semana del cónclave, la convicción de contar con el voto mayoritario de los delegados y la convicción de ir a primera vuelta, fueron todo uno. Luego vinieron el respaldo de Eduardo Frei a la nueva convicción de Goic y el apabullante despliegue comunicacional de los conocidos heraldos del camino propio en las cadenas de El Mercurio y Copesa, y en los principales canales de televisión. Así que cuando el vicepresidente Matías Walker concurrió a la cita reservada de los timoneles de la Nueva Mayoría y les notificó que la tienda iría a primera vuelta, actuaba con la misma certeza de controlar el 62 por ciento de la junta, lo que les espetó osadamente. En los hechos fue el 63 por ciento de los 603 delegados que efectivamente votaron.

Pero Walker no era el único que irradiaba la seguridad del triunfo. La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro. Sus palabras danzaban en una pirotecnia de eufemismos, como la pretensión de que la asamblea estaba de acuerdo en cuestiones esenciales —que el espacio de la DC seguía siendo el de la centroizquierda, que había sido desechado el camino propio, o que se mantendría el apoyo al gobierno— cuando no lo estaba en ninguna.

No pocos arrestos de demagogia y populismo prendían como pólvora frente a una audiencia ampliamente colonizada por enfervorizados invitados fraternales, los primeros en subir al podio y los últimos en permitir la palabra a sus oponentes. Los que ayer habían alentado la candidatura de Lagos y defendido el mecanismo de primarias eran ahora los más exultantes promotores de la primera vuelta. Sin embargo, pese a sus notables giros dialécticos, nunca pudieron demostrar que el domicilio de la DC seguía siendo la centroizquierda en el momento que se consumaba el quiebre con la centroizquierda. Jamás pudieron dar razones de cómo se alcanzaría un acuerdo parlamentario con dos candidatos presidenciales, cuando los demás partidos habían respondido que no estaban disponibles para ello. Y si creían que Goic no tenía cómo vencer en primarias, no pudieron explicar cómo conseguiría hacerlo en noviembre. Fue el profundo vacío estratégico, empapado de voluntarismo mesiánico, que la junta dejó pendiente de ser llenado con racionalidad… y convicción, naturalmente.

Se abre una etapa de incertidumbre que cambiará la relación de la falange consigo misma, con sus antiguos aliados y con el gobierno, pero estos son los desafíos que vencedores y vencidos tendrán que saber administrar en los meses que vienen.

PR: cada candidato con su lista parlamentaria

Goic no transa; tiene la decisión tomada

La posición del PS

PPD: se cierra un ciclo

El suicidio

 


DOSIFICACION ESTRATEGICA

18 abril, 2017

 

¿Cuál ha sido la manera en que se ha ido imponiendo la primera vuelta en la sensibilidad democratacristiana?

Ha sido gota a gota y sin horizonte político y programático claro.

Primero, se dijo que la decisión la tomaría la Democracia Cristiana después de las elecciones municipales de octubre de 2016.

Después, se afirmó que se zanjaría en la junta nacional convocada para enero de este año.

En los meses de verano se sostuvo que sería en la junta de marzo.

En la junta de marzo que proclamó a la candidata presidencial se afirmó que sería en otra asamblea a realizarse a mediados de abril, después de expirar el plazo de inscripción de los partidos.

Luego se la fechó el 29 de abril, dos días antes del cierre de la inscripción para primarias.

El pasado domingo, anticipándose al pronunciamiento de la junta, la senadora Carolina Goic, que reúne además las investiduras de presidenta de la colectividad y candidata presidencial, declaró su convicción de ir a primera vuelta.

Visto este itinerario, ¿qué se querrá hacer en la junta del 29 de abril?

Se buscará respaldar la convicción de Goic.

Para aplacar las resistencias de quienes desean primarias y —como ha ocurrido hasta ahora— proyectar la imagen de unidad y cohesión internas, se agregará que dicho acuerdo sería eventualmente revisado más adelante si la candidatura no prendiera antes del 21 de agosto, fecha en que se cumplen los plazos para inscribir las postulaciones presidenciales y parlamentarias.

Lo más probable, sin embargo, es que hasta el 21 de agosto los partidos de la coalición sólo permanezcan atrapados en un compás de espera confiados en la falsa premisa de que Goic decline su candidatura y, a cambio, se configuren una o dos listas parlamentarias y un solo candidato de la Nueva Mayoría.

Pero esto nunca ocurrirá.

El aprendizaje colectivo que han dejado las recientes experiencias vividas por los partidos, debería llevar a sus actores a fijar expectativas claras, definidas y concluyentes en la Democracia Cristiana antes de su junta nacional.


GOIC Y LA CRISIS DC

16 abril, 2017

En agosto de 2015 ya era previsible el liderazgo de Carolina Goic. Era distinguible por el fuerte contraste que oponía su estilo al darwinismo político del que su propia colectividad, la Democracia Cristiana, había sido víctima. Una cultura de la selección natural donde los más fuertes acaban imponiéndose a los más débiles, y donde los poderes fácticos —económico y comunicacional— terminan subyugando al poder político y sustituyendo el diálogo racional, democrático y deliberante por una opinión mediática, líquida y efímera.

Entonces la figura de Goic irrumpía como una corriente de aire fresco en la densa atmósfera creada por las vetustas maquinarias orgánicas, los liderazgos gastados y los discursos sesentañistas. Así lo demostró en el seno de la falange durante los meses siguientes, al punto que su opción no halló obstáculos, sino, al revés, abundantes muestras de apoyo y colaboración que vinieron a consolidar su ascendiente en la colectividad.

Sin embargo, en los cuatro meses que han corrido desde que lanzó su candidatura, Goic no ha conseguido remontar el vuelo.

Decidida a cargar con el pesado lastre del camino propio, toda su agenda de campaña ha venido siendo colonizada por la confrontación con los aliados, la matización de las diferencias con la derecha, el anticomunismo atávico, y el progresivo condicionamiento de la permanencia DC en la coalición. Dos incidentes protagonizados en menos de cuarenta días —a propósito de Cuba y Venezuela— pudieron dibujar en el rostro empático de la candidata las muecas de una Guerra Fría perdida en el tiempo. Fue la paradoja que percibió la opinión pública: ¿cómo se puede estar en la centroizquierda y hacer del cisma el leitmotiv de una propuesta de campaña? ¿Qué sentido tiene perfilar una identidad que la derecha afina con mayor oficio? ¿Era esto lo que gustaba llamar coalición 2.0?

Goic es consciente de estar escribiendo la crónica de una muerte anunciada. Sabe que su voluntad de llegar sola a primera vuelta con una lista parlamentaria propia, conduce a la derrota de la centroizquierda y a la jibarización de la Democracia Cristiana. Y sabe que tras la crisis gobernará la derecha más involucionista, el duro martillo que golpea sobre el yunque a los más pobres. Es el atajo hacia una coalición de centro reformista para 2021.

La carta de alejamiento de Ricardo Hormazábal, uno de los líderes más prominentes de la transición democrática, no debería dejar lugar a dudas al respecto.

Sin mí no hay primarias, ha sugerido la candidata. Y tiene razón. Pero nadie es más grande que la Democracia Cristiana, solía decir Radomiro Tomic. Las horas que vienen darán testimonio de ello.

 

Goic y la crisis DC

Aldo Cornejo: Si la DC va a primera vuelta se acaba la Nueva Mayoría

Jorge Pizarro: Se formará coalición de centroizquierda sin la DC

 

 


UNA SIMBIOSIS BENEVOLENTE

14 abril, 2017

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría.

Si las primarias y la lista parlamentaria están desacopladas, es decir, si no tienen ninguna conexión entre sí, entonces el acuerdo sobre una y otra se construye en momentos distintos. El primero, antes del 3 de mayo; el segundo, antes del 21 de agosto.

Si la Nueva Mayoría quisiera participar en primarias presidenciales, el plazo para inscribir las candidaturas que competirán entre sí para dirimir al vencedor se cumple a las 12 de la noche del miércoles 3 de mayo.

Puede ser que la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, resuelva en la junta nacional del 29 de abril no concurrir a primarias y, por lo tanto, no inscribir su candidatura. En tal caso, el cierre de los procesos no tendrá importancia para ella, ni para Alejandro Guillier, el otro candidato de la Nueva Mayoría, pues, si ninguno declinara su opción, ambos seguirían en carrera hasta la elección del 19 de noviembre. No habrá primarias y dejará de existir la Nueva Mayoría como alianza electoral y, probablemente, de gobierno. Simultáneamente, al otro lado del espectro político, la coalición de centroderecha se hallará formalizando tanto su participación en primarias como su oferta parlamentaria.

Ni Guillier ni Goic estarán apremiados a inscribir su lista parlamentaria sino hasta el 21 de agosto. Sin embargo, antes del 3 de mayo —incluso antes del 29 de abril— ambos tendrán que dar a conocer la estructura del pacto parlamentario que quieren ofrecerle al país. Esto, porque cada candidato, sea a presidente o a congresista, querrá sacarle el mayor provecho electoral al apoyo ciudadano que tiene a su haber. Y esto se consigue mediante la simbiosis que se produce entre la elección del candidato presidencial y quienes pretenden un sillón en las cámaras legislativas, una asociación de íntima colaboración que sólo la psicología social puede desentrañar en sus detalles, pero que se ha venido confirmando por más de un cuarto de siglo en las elecciones de alcalde y concejales.

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría. Al igual que en los regímenes parlamentarios, el alcalde necesita contar con la mayoría del concejo municipal, como el gobernador regional precisa la mayoría del consejo regional para asegurar la estabilidad y eficacia de su gestión. Por eso, en la práctica, ambas elecciones marchan indisolublemente unidas.

Dicha circunstancia determina lo que ocurriría en cada uno de los siguientes escenarios:

1 Se compite en primaria y con un pacto parlamentario común. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y respaldan la lista única parlamentaria que concuerden. Es la fórmula que otorga el mayor rendimiento electoral parlamentario de la Ley D’Hondt para el 47 por ciento de apoyo en las urnas que los partidos de la coalición obtuvieron en la pasada elección de concejales.

2 Se compite en primaria con dos pactos parlamentarios. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y, según la lista que conformen, apoyan los dos pactos parlamentarios que determinen. La cifra repartidora del sistema proporcional reduce moderadamente el rendimiento electoral de cada partido en las parlamentarias, especialmente de los mayoritarios, aunque estos cuenten con una oferta más diversificada.

3 Se compite en primera vuelta con un pacto parlamentario. Se configuran dos opciones presidenciales, las de Guillier y Goic, con un pacto único parlamentario de la Nueva Mayoría. Se divide el electorado potencial de la coalición que, en la última elección de concejales ascendió al 47 por ciento, entre Guillier y Goic. A lo menos la candidatura falangista debería captar el 12.7 por ciento conseguido en la municipal, el que, teóricamente, debería restarse al obtenido por toda la Nueva Mayoría. Pero esta proporción no debería ser simétrica en la elección parlamentaria, pues lo más probable es que por simbiosis benevolente, la mayor parte de los candidatos a parlamentarios incline sus campañas hacia la carta con mejores chances, y viceversa. De cualquier modo, los contrastes que se han buscado marcar entre Guillier y Goic, cuando aún no se inicia la competencia definitiva, anticipan la polarización subsiguiente y la ventaja que cobrará de ello la centroderecha.

4 Se compite en primera vuelta con dos pactos parlamentarios. Por una parte, los partidos que permanecen en la Nueva Mayoría se alinean con un candidato presidencial y una lista parlamentaria común, y por la otra, la Democracia Cristiana postula su candidatura presidencial y su lista parlamentaria. Se divide el electorado que respaldó a la Nueva Mayoría en la elección de concejales de octubre y, en consecuencia, ordenada por sus primarias, la centroderecha tomará la delantera. Para todos los efectos de cálculo electoral, si la base de apoyo de la DC es del 12 por ciento, la del PS es del 11, la del PPD de 9, y la del PR del 7 por ciento. De modo que cada grano de arena cuenta a la hora de provocar el efecto mariposa.

Este electorado no dará sorpresas.

Una crisis larvada

No hay condiciones para primarias…

Girardi: primarias y dos pactos

PPD: un candidato y dos listas

DC se abre a pacto

Candidatura y pacto

Primera vuelta y pacto propio


SUEÑO FUNDACIONAL

19 marzo, 2017

SPANISH PRIME MINISTER AZNAR LAUGHS WITH POPULAR PARTY LEADERS

La junta de la Democracia Cristiana fijó un punto de inflexión en la política nacional. Ello, por el lugar dominante que ocupa la colectividad en el amplio arco de fuerzas. Está situada en la línea de frontera, o de fractura —como diría Huntington—, que separa a los dos grandes bloques. Los ajustes que ocurren en el seno de la DC irradian como ondas telúricas hacia la izquierda y la derecha.

No es casual que Francisco Chahuán haya declinado su candidatura en favor del expresidente Piñera, ni que Manuel José Ossandón se haya declarado dispuesto a competir en las primarias de Chile Vamos. No es tampoco fruto del azar que la Nueva Mayoría aspire a organizar su oferta parlamentaria en dos pactos electorales, especie de dispositivo de doble tracción preparado para fortificar los flancos que la amenazan por su derecha y por su izquierda. Ambos principios de cooperación sólo vienen a confirmar que la gran lucha de noviembre se librará una vez más entre las dos principales alianzas. Y éste es el efecto benevolente que se produjo el 11 de marzo: la certeza de que el domicilio político de la DC es la centroizquierda.

Atrás, perdiéndose entre el humo y la bruma, va quedando el sueño refundacional que prometía la competencia en primera vuelta, pues la idea de desmontar el actual sistema de partidos y coaliciones y de sustituirlo por otro, demostró que no tenía viabilidad. Y no porque su diseño estratégico buscara reeditar los tres tercios o abandonar los gobiernos de mayoría, sino porque el bipartidismo que pretendía instalar no forma parte de la cultura política falangista. Un régimen político de dos grandes coaliciones, con una fuerte socialdemocracia en la izquierda, y un poderoso centro reformista —al igual que la internacional—, con partidos de derecha liderados por la DC, es algo que no funciona en Chile.

La Junta Nacional avizoró los costos de esta transición. Vio que el proceso pasaba por agudizar la contradicción entre una candidatura presidencial que propugnaba la unidad de la centro-izquierda y un partido que, como sucedió en 1969 con Tomic, podía optar por el camino propio. Vio que en el mejor de los casos la DC sería relegada a un tercer lugar, pero que, a diferencia de 1970, cuando era el Parlamento quien zanjaba la segunda vuelta, no tendría injerencia en la definición final. Y vio que, después del caos, algunos se unirían a los triunfadores, como ocurrió en 2010, y otros se reagruparían en una nueva alianza de centro-izquierda, cuya constitución demoraría más, aunque resultaría en una fuerza política más amplia y perfilada que la actual. Por todo esto la DC eligió el camino de los cambios graduales, vía que le permite sortear la crisis en gestación y evitar así su propio quiebre.

http://www.diarioconcepcion.cl/2017/03/19/#9/z