EL NEOCONFESIONALISMO

14 septiembre, 2016

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Ya en sus orígenes, cuando se desprendió del tronco conservador, la Falange Nacional se declaró a sí misma como un partido no confesional, es decir, como una colectividad política que no adhiere ni es representante de ninguna confesión religiosa [1].

Su heredero, el Partido Demócrata Cristiano, reafirma esta identidad en sus estatutos de 1960, donde se postula como «una organización política popular, no confesional, de inspiración cristiana, que por los medios democráticos lucha por implantar una sociedad comunitaria en la que imperen la libertad y la justicia y que en el plano internacional promueve la paz y cooperación entre todas las naciones y la unidad de los pueblos latinoamericanos» [2].

Más de medio siglo después, un emergente fundamentalismo católico aspira a restablecer el confesionalismo que el decimonónico Partido Conservador abandonó en 1929 [3]. Esta vertiente tradicionalista desearía que los parlamentarios de la Democracia Cristiana subordinaran su voto a los dictados de la Iglesia Católica, y que la conciencia de sus militantes fuera lo que aquella entiende por conciencia recta, informada y responsable.

Este neoconfesionalismo es contrario a la trayectoria histórica del partido que, invariablemente, ha defendido su independencia y autonomía respecto de otros poderes, como los religiosos, y que, asimismo, ha bregado por la libertad de cultos y de conciencia. Dicho revisionismo desconoce las resoluciones del Quinto Congreso de la Democracia Cristiana, donde, por primera vez y de manera explícita, se acogieron las visiones del mundo judío e islámico.

Dice el artículo 22 del V Congreso: «La Democracia Cristiana postula una política de apertura e integración hacia los diversos credos religiosos, incluyendo las visiones del mundo judío e islámico y otras fuentes del pensamiento intelectual y cultural que buscan la dignificación y el respeto por la vida humana. Defendemos la libertad de culto y la igualdad jurídica de las iglesias que se han formado al amparo de las leyes vigentes. Somos contrarios a toda forma de discriminación y exclusión en razón de las creencias religiosas de los ciudadanos. Continuaremos profundizando las relaciones con los diversos credos religiosos del país, para acoger sus propuestas, anhelos y aspiraciones respecto del desarrollo social, económico, político y cultural de nuestro país».

El mundo judío e islámico, que la Democracia Cristiana mira con simpatía y que quisiera acoger y comprender, tiene una visión distinta de la católica acerca de la interrupción del embarazo. Los judíos, como los budistas, aceptan la interrupción del embarazo en ciertas circunstancias, como cuando está en peligro la vida de la madre. Para los musulmanes sólo cuatro meses después de la concepción Dios envía el alma al feto, por lo que sus distintas variantes toleran el aborto. De hecho, en ningún país musulmán rige la prohibición absoluta que impera en Chile [4].

En cuanto a otras iglesias cristianas, los metodistas consideran que la decisión de interrumpir el embarazo es un derecho de la mujer. Lo mismo entienden las iglesias Episcopal y Presbiteriana. Y los anglicanos lo aceptan hasta las 28 semanas de gestación.

Los democratacristianos que profesan estas creencias religiosas no tendrían lugar en el partido imaginado por los neoconfesionalistas, porque para éstos, antes que el diálogo ecuménico debe primar el integrismo doctrinario, y antes que la diversidad de creencias humanistas —cristianas y no cristianas— debe imponerse la católica, apostólica y romana, lo mismo en un partido no confesional que en un Estado laico.

Por su intolerancia al pluralismo y a la libertad de conciencia, el neoconfesionalismo entraña un retroceso para las políticas de vida con enfoque de derechos inauguradas en Chile durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y de la Democracia Cristiana.

[1] Falange Nacional de Chile

[2] Partido Demócrata Cristiano

[3] El Partido Conservador

[4] El aborto en el Islam


RETORNO AL CENTRO

4 septiembre, 2016

El centro de gravedad

Retorno al centro

Una cuestión estratégica consiguió instalar la junta nacional de la Democracia Cristiana: que el partido postulará un candidato presidencial y que lo hará dentro de una alianza de centroizquierda. Es la lectura que se sigue de la amplia ovación recibida por la senadora Carolina Goic cuando recapituló el voto político acordado en la máxima instancia de decisión.

Esto significa muchas cosas. De entrada, que la junta nacional logró atemperar los voluntarismos que hicieron nata en el último tiempo: un excesivo entusiasmo del laguismo democratacristiano, disponible para proclamar sin mediaciones procedimentales al expresidente; y la exaltación del camino propio, promovido por aquellos que, con cálculos electorales en mano —erróneos, desde luego—, pretenden levantar un candidato por fuera de la coalición y mantenerlo hasta la primera vuelta presidencial de noviembre de 2017.

«El camino propio condena a la extinción», escribía Belisario Velasco en agosto pasado. Pero hoy es Genaro Arriagada, uno de los más duros críticos de Bachelet, quien advierte que el camino propio sería suicida para la DC, y lo que es aún más decidor: ¡el exministro no ve problemas en un acuerdo con los comunistas! Mismo predicamento que anima a Andrés Zaldívar. «Aquí algunos camaradas y dirigentes del partido han planteado incluso ir a la primera vuelta; en eso no estoy de acuerdo», ha dicho el senador del Maule, para quien «la carta más fuerte de la Nueva Mayoría, de un proyecto de centroizquierda, es Ricardo Lagos».

Aunque Ignacio Walker y otros, como directivos del para-partidario Centro Democracia y Comunidad, insisten en postular candidato al margen de un pacto con la izquierda, ahora el senador, templando su fórmula original, plantea postergar esta definición hasta abril del próximo año. Pero lo más probable es que sus deseos sean superados por las circunstancias. Walker debe admitir que todo se está moviendo rápido. Que si, como afirmaba Alejandro Navarro, sin Democracia Cristiana no existe Nueva Mayoría, tampoco ésta es la misma alianza sin el MAS del senador Navarro, que se encuentra formando otra colectividad. De modo que lo que adviene ya está siendo otra coalición. Veamos qué hacen Giorgio Jackson y Gabriel Boric y demás actores relevantes de la centro-izquierda.

Es indudable que la irrupción expresa de Ricardo Lagos en el escenario presidencial está volviendo la política a su centro, al único centro que se muestra nítido en los periodos de elecciones: el de gravedad.

UDI llevará candidato a primarias

Genaro Arriagada

Andrés Zaldívar y Lagos

Andrés Zaldívar y primera vuelta

Goic: vamos a estar en coalición de centroizquierda

Belisario Velasco, Progreso con Equidad

Jorge Burgos y apoyo a Lagos

No hay justificación para no tener primarias

Goic declara que DC competirá

«El tema es para qué queremos seguir juntos.

«Como esta decisión obedece al proyecto país que trazamos, en torno a esto hacemos la discusión, y determinamos lo que compartimos con nuestros aliados. Y esto tiene que ver con aprender de errores.

«Tenemos que sentarnos juntos y decir, esto es lo que vamos a hacer y evitar discusiones que han tenido bastante costo durante este gobierno.»


EL PRONOSTICO “THE ECONOMIST”

2 septiembre, 2016

 

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El pronóstico The Economist

La Nueva Mayoría ganaría las elecciones presidenciales del próximo año. El pronóstico es de la unidad de análisis (Economist Intelligence Unit) del semanario británico The Economist. Son los mismos investigadores que han vaticinado tasas de crecimiento del PIB de Chile del 1.6 por ciento para este año, y de 3.1 por ciento para 2017, junto a un descenso de la inflación a cerca del 3 por ciento.

El dato esencial que desmenuzan los analistas es el comportamiento de los indecisos y las preferencias del electorado de centro-izquierda. La combinación de ambos segmentos de opinión inclinaría la balanza hacia el o la candidata que en julio del próximo año presente la Nueva Mayoría a la ciudadanía.

La proyección de The Economist es consistente con la información que arrojan recientes estudios de opinión —como los del CEP, Adimark y Cadem— acerca de la postura que asumirán los que se declaran dubitativos. Por ejemplo, cuando la Encuesta CEP pregunta a la gente dónde se clasifica a sí misma en una línea de izquierda a derecha, exceptuando el centro, donde por comodidad se sitúa el grueso de los entrevistados, la mayoría se vuelca hacia la izquierda. Y cuando el sondeo escruta a las personas por su grado de bienestar en la actual coyuntura, seis de cada diez chilenos se declaran satisfechos.

Los entrevistados ocultan sus preferencias y, por eso, si se mira la Encuesta Cadem del 29 de agosto, sólo un 18 por ciento de los consultados está de acuerdo con las reformas tributaria y laboral, y, no más del 21 por ciento, con la reforma educacional, proporciones muy distantes de las proveídas por la Encuesta de Valores Sociales de la Universidad de Santiago, que confirma la necesidad de aquéllas. Por eso, lo que hacen los analistas es establecer correlaciones entre diversas respuestas. Y, entre estas asociaciones de datos, constatar la escasa viabilidad de triunfo de la centro-derecha en noviembre de 2017.

La hipótesis de base es que la Nueva Mayoría gana las elecciones presidenciales. Y no hay otro contexto. Esto sugiere que el conglomerado oficialista ya se está revelando como alianza con capacidad de reproducción y de proyección más allá de 2018. Significa que los ciudadanos están pensando en una coalición, y no en una colección de partidos y candidatos compitiendo en primera vuelta. E implica que el mecanismo de nominación del presidenciable de esta coalición no puede ser sino el consenso en torno al que concita la adhesión indiscutida de la opinión ciudadana, o unas primarias como las que se han venido institucionalizando en el país desde hace dos décadas.

«Las primarias son un riesgo —decía John Kennedy, de 43 años en 1960—, pero no creo que pueda ser candidato sin ellas; así que hay que arriesgarse y tener suerte».

Voluntad de Ricardo Lagos Escobar de volver a La Moneda


EL SECRETO DE PEÑA

22 agosto, 2016

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El problema de Peña es su disonancia cognitiva. Es la íntima tensión, por incompatibles, entre sus creencias y su comportamiento.

Para resolver esta contradicción, Peña opta por aquella alternativa que le provoca menor distorsión a su ego: elige el actual estatus social y cultural que detenta, y los intereses asociados a él, y sacrifica las creencias de que es tributario —el pensamiento crítico y totalizante de los años sesenta— imputándoselas a Bachelet y, luego, condenándolas. Como en el vudú, clava alfileres en un muñeco de trapo con la expectativa de conjurar su propio pasado.

Por eso, Peña puede pasar con facilidad de la pasión apologética por Bachelet al desamor lacerante.

Peña escribía de ella, el 17 de julio de 2005, siendo aún no más que vicerrector académico de la UDP, a propósito, como ahora, de la Encuesta CEP, y cuando Verónica Michelle Bachelet aún no llegaba a La Moneda:

«El secreto de Verónica es, a fin de cuentas, ser como usted o como yo, y no esmerarse en ocultarlo con frases bíblicas y citas de segunda mano o con ideas ingeniosas que entretienen, pero no identifican a nadie. Y la política ―una maldición para la “public choice” y todos los economistas botados a cientistas políticos― todavía necesita apelar a esa dimensión de nuestra vida que reclama reconocimiento, ésa en la que usted y yo buscamos consuelo y algún motivo para creer que, en medio de tantos sinsabores, a veces espera un final feliz».

«Ay desamor, desamor / negro desamor / feroz desamor», cantará Serrat de pie, sólido frente al vértigo.

El secreto de Verónica

La caída de Bachelet

 

 


DESDE EL ANDEN

10 agosto, 2016

El andén

Es innegable que las declaraciones de Burgos, entrañan un duro golpe. No tanto para el gobierno, que hace bastante tiempo había contabilizado la pérdida de afecto del exministro, o para los comunistas, que lo toleraron siempre como adversario declarado, sino para Carolina Goic. Para la propia presidenta de la Democracia Cristiana, que asumió en reemplazo del senador Pizarro hace cuatro meses y cuyo mandato se prolonga hasta diciembre próximo.

La embestida de Burgos es fuerte. Lo es al menos por dos razones. Primera, porque condensa toda la potencia ofensiva de los grupos internos y externos del partido con capacidad para movilizar ingentes recursos de poder económico —como los que representan El Mercurio y Copesa—, y que han entorpecido con éxito, si bien relativo, las reformas impulsadas por el Gobierno. Sectores que perdieron el ascendiente moral y cultural que detentaron antaño, y que hoy si acaso consiguen pañuelear el último adiós de un siglo xx que el país va dejando en el andén.

Segunda, porque el embate de Burgos es un ataque directo a la autoridad, la legitimidad y el cargo, la estabilidad y la representación, que detenta la senadora Goic. Es una vulneración de la investidura delegada por un partido que se rige por estatutos, que cuenta con una estructura y que dispone de una orgánica donde, teóricamente, los militantes fijan sus orientaciones y deciden sus estrategias. ¡Burgos es más grande que el partido…! No otra parece ser la advertencia que nos hacen los acontecimientos. Incluso Andrés Zaldívar, que justifica a Burgos, años después vino recién a hablar de su salida del gabinete, quizá por dignidad y por respeto hacia el partido, gesto que también tuvo Belisario Velasco.

Detrás de todo esto no ha de verse un factótum; alguien que lo concentra y lo maneja todo. Ni una amenaza fantasma en apariencia imbatible. Nadie en la Democracia Cristiana acumula semejante poder, y las experiencias recientes —como los triunfos de Provoste y de Goic— así lo confirman. La militancia hoy se informa, se comunica y decide con mayor autonomía que la imaginada. Y por eso, siempre el desafío es diseñar propuestas, conquistar voluntades y encauzar la acción colectiva. Contrarrestando la manipulación corrosiva de la prensa dominante.

El problema lo tendrán la DC, el Gobierno y la Nueva Mayoría, si Carolina Goic pierde el control del timón. El problema lo tendrá, sobre todo, la centroizquierda, si la conducción política que actualmente ejerce la senadora es sobrepasada y arrastrada hacia un estado de crisis e ingobernabilidad. Sería ésta la circunstancia propicia para que la ruptura de la Democracia Cristiana con la Nueva Mayoría cobre fuerza y viabilidad política.

Quienes están por la proyección y fortalecimiento de la coalición de centroizquierda, y la base nacional y popular del partido lo está, debieran ser los más interesados en vigorizar el instrumento partidario.

Quienes apoyan las reformas emprendidas y la realización de las transformaciones pendientes, quienes piensan que la DC debe postular un candidato y que éste debe dirimirse en primarias, quienes creen que el próximo programa de gobierno debe ser fruto de un amplio y organizado ejercicio de participación; debieran ser los más proclives a generar alianzas estratégicas con la senadora Goic, cuyo liderazgo es garantía de estabilidad y de cohesión.

Porque sólo un pacto como éste puede asegurar que el Gobierno concluya en marzo de 2018, y que alejadas las incertidumbres del aventurerismo político que se asolea a diario en los balcones de la derecha, de esta obra surja un nuevo horizonte de realización para la justicia y las libertades.

Goic dice que no hay diferencias esenciales con las reformas
Disidentes acusan a Goic de entreguismo al Gobiernop
No estoy de acuerdo con el tono de la crítica de Burgos
Respuesta a los liberales: liderazgo se construye desde el partido
Burgos habla por él
Liberales quieren fin de la coalición
¿División de la DC?

 


SIETE DECADAS DE SINDICALISMO

12 julio, 2016

Compañía Siderúrgica de Huachipato

10.07.09 Talcahuano. Compa–’a Siderœrgica Huachipato, proceso de fabricacion de acero. FOTO: CAMILA LASSALLE

Alto horno de Huachipato, foto de Camila Lassalle

El pasado martes 3 de mayo se cumplieron 70 años desde la fundación de la Compañía de Acero del Pacífico. La sociedad anónima se formó en 1946 por iniciativa de la Corporación de Fomento de la Producción, que aportó el 33 por ciento de los 15 millones de dólares del capital social original. El resto lo proveyeron particulares, socios mayoritarios del proyecto por voluntad del gobierno y de una estrategia de desarrollo liderada por el Estado.
La CAP fue una de las grandes obras del siglo xx chileno que consiguió vencer las seculares resistencias a la industrialización. Fue la empresa mixta encargada de construir la siderúrgica de Huachipato, nombre que toma del lugar en que fue emplazada: trampa para patos. El alto horno de la planta fue encendido el 1° de junio de 1950 iluminando la Bahía de San Vicente y, desde ahí, el nacimiento de una nueva conciencia laboral de la que sigue dando cuenta la narrativa histórica.
El viernes Jorge Ayala Córdova, sociólogo de la Universidad de Concepción, presentó el libro Historia del movimiento sindical de Huachipato, 1970-2013. La obra busca explicar las conexiones observables a lo largo del tiempo entre las acciones emprendidas por los sindicatos del acero y las motivaciones ideológicas y normativas de sus dirigentes.
Las siete décadas del sindicalismo de Huachipato no pueden, como sostiene Ayala, ser comprendidas al margen de las estrategias de desarrollo promovidas por las élites, ni de las rupturas institucionales habidas durante este tiempo. Moldeada por este contexto es que surge y se desarrolla la conciencia del movimiento, y son estas condiciones las que perfilan su trayectoria y explican los ajustes tácticos que debieron hacer sus dirigentes frente a cada coyuntura.
Pero son los primeros 25 años los que determinan la fisonomía y el temple de aquel sindicalismo. Es ese tipo de conciencia social que, a mediados de los años sesenta, nos descubrieron Alain Touraine, Torcuato Di Tella, Lucien Brams y Jean-Daniel Reynaud en Sindicato y Comunidad.
La racionalización del trabajo
¿Qué vieron los sociólogos? Vieron una empresa gestionada por gerentes que seguían estrictas reglas de cálculo y de administración racional. Distantes, por lo mismo, del modo de ser aristocrático, aquel del patrón de fundo recién llegado a los negocios urbanos y propenso a reproducir las relaciones de servidumbre e inquilinaje.
Advirtieron que en Huachipato las funciones están diversificadas y la organización del trabajo es compleja. La autoridad es funcional, el trabajo racionalizado, los salarios elevados, y las oportunidades de promoción más amplias que en resto de la región. Los obreros calificados son quienes se ponen a la vanguardia de la lucha sindical. Creen en el progreso y se sienten parte de una nueva generación de dirigentes comprometidos con la modernización, el desarrollo de la industria y el crecimiento de la economía nacional.
No están motivados por la ruptura con la sociedad que los acoge. Tampoco la suya pretende ser la personificación del sujeto histórico de la revolución. Ellos se sienten compelidos por la modernidad a proyectarse hacia adelante, a fijar nuevas expectativas de bienestar, y a satisfacer las reivindicaciones de sus representados. Aquí, la movilidad y el ascenso social son aspiraciones que los líderes del movimiento deben traducir en pactos eficaces. En este sentido, son tributarios de un movimiento ideológico, pero no de un movimiento de clase. No obstante, cualquiera sea su adscripción política, saben que el poder pertenece a fuerzas tradicionales, y tendrán ocasión de confirmarlo.
Conservarán este pragmatismo durante el gobierno de la Unidad Popular, cuando el 98 por ciento de las acciones de la CAP pasen a ser propiedad del Estado, y cuando todas las organizaciones gremiales de Huachipato concurran a la formación de un único sindicato.
Aplicarán este sentido de realidad en las postrimerías de la dictadura, cuando la compañía sea privatizada y genere una pérdida neta para el fisco superior a los 706 millones de dólares. Más todavía, serán los trabajadores —por la vía de lo que entonces se conoció como capitalismo popular— los que, al aprovechar la opción de compra de un 3 por ciento de las acciones, despojarán al Estado de su condición de socio mayoritario y, sobre todo, de garante del bien común. Quizá esta sea la última acción colectiva del sindicato.
La conciencia escindida
La privatización no sólo traerá la fragmentación de la representación sindical, sino la ruptura entre la antigua organización del trabajo industrial —de la cual son expresión cada vez más reducida los trabajadores de planta—, y la precarización del trabajo unida a la desprotección social, inherentes a la sociedad del riesgo que hoy padecen miles de subcontratados.
Unir tales intereses en un cuerpo común de ideas, no es algo que pase por las clásicas corrientes teóricas. Exige de una clase dirigente capaz de entender la creciente globalización de la empresa y su fuerte control sobre el trabajo asociado, del que sólo el cuadro de mando integral, o balanced scorecard, una metodología de organización que actúa simultáneamente sobre indicadores financieros, de clientes, de procesos internos y de formación y crecimiento, revela el actual horizonte de la racionalidad capitalista.
http://papeldigital.info/diarioconcepcion/#12

 


EL SUCESOR DE BURGOS

9 junio, 2016

 

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Mario Fernández, quien sucede a Jorge Burgos en el Ministerio del Interior, es un democratacristiano conservador. Pertenece al antiguo tronco aylwinista de la colectividad, cuya rama más vigorosa es, hoy por hoy, la representada por Soledad Alvear y Gutenberg Martínez.

Fernández, en un contrapunto con Jorge Correa Sutil —que al igual que él integraba en 2008 el Tribunal Constitucional—, votó en contra de la Píldora del Día Después a propósito del recurso de inaplicabilidad del Decreto Supremo N° 48. Tras dejar su cargo de embajador en Austria, asumió la representación diplomática de Chile en Uruguay en reemplazo del comunista Eduardo Contreras.

Por su estilo y trayectoria, y por los apoyos transversales que concita en la Democracia Cristiana, probablemente culminará su desempeño como jefe de la cartera cuando concluya el gobierno, lo que recordará a Pérez Yoma, del mismo sector interno del partido, en el primer mandato de Bachelet. En todo caso, su ingreso al comité político marca la retirada de los príncipes. El año 2002 Fernández apoyó a Jorge Pizarro, que entonces disputaba con Ignacio Walker y Adolfo Zaldívar la conducción partidaria.

Habrá, en consecuencia, un giro en las formas de relacionarse con la Presidenta. Un estilo menos mediático y estridente, y más cuidadoso de las investiduras de cada cual. Habrá, asimismo, una relación más fluida con los aliados, especialmente, con los comunistas, y no porque Fernández sea más proclive que Burgos al entendimiento con ellos, sino porque el nuevo titular cree en la racionalidad de la política y en el valor pragmático de las coaliciones. Así lo demostró cuando estuvo al frente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia.

¿Qué se espera de Fernández? Que movilice los recursos y atributos a su haber para ordenar al Gobierno y a la Nueva Mayoría. Sobre todo, que llame al orden a quienes dependen directamente de él. Que dialogue y procese las diferencias reales e importantes, sin gastar ni hacer gastar a otros, energías en conflictos de bajo perfil. Que no incurra en el error de asumir la representación vicaria de determinados intereses grupales, los que, a no dudarlo, querrán ponerle sus propias banderas a la nueva embarcación, sino que mantenga una comunicación directa e ininterrumpida con la directiva de su partido, la Democracia Cristiana y, naturalmente, con las mesas legítimas de los demás partidos.

En fin, que al menos guarde en el armario, hasta mejor hora, las retroexcavadoras, los matices, los realismos y las renuncias, y ponga a todo el mundo a trabajar para salir airosos del veredicto de las urnas.

Fernández, el más bacheletista de todos