Cruzando el límite

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Me asombraron las opiniones de Jorge Burgos en radio Cooperativa cuando dijo que Adolfo Zaldívar se había comportado de una forma «vergonzosamente miserable». El comentario aludía al voto del senador en contra de la nominación de Pablo Ruiz-Tagle para la Contraloría General de la República. Me impresionaron sin embargo porque el adjetivo «miserable» puede ser entendido como sinónimo de desdichado, infeliz, o mezquino, pero también puede significar algo más fuerte, como perverso, abyecto y canalla. 

Me pregunté, entonces, qué razones habría tenido el senador Zaldívar, ex presidente de la Democracia Cristiana, y ex aspirante a la Presidencia de la República, para rechazar la propuesta del Ejecutivo y despertar la dura reacción del diputado. La respuesta la encontré en su discurso ante el Senado. Allí, el senador Zaldívar inicia su alocución haciendo una distinción entre los atributos profesionales del postulante, y sus cualidades políticas. Sostiene que lo que se pondera en la decisión del Senado son las condiciones políticas del candidato. Destaca una sola de estas características deseables: que el postulante sea funcionario de la Contraloría. 

¿Por qué el senador ha fijado este único requisito? Porque sólo así —argumenta— saldrán fortalecidos el Estado de Derecho y la autoridad; sólo así es dable esperar que se esclarezcan los hechos, se establezcan las responsabilidades, y la ley sea igual para todos los chilenos; sólo así las instituciones serán respetadas y apoyadas. Y puesto que en estricta lógica no hay términos medios, lo contrario sería aceptar el nombre propuesto por la Presidenta.  Pero una frase ha quedado suspendida en toda la hilación del senador. Una cuya eficacia consiste en igualar la forma de proceder de la dictadura, y el comportamiento del gobierno que el senador contribuyó activamente a instalar: «Antes, cuando se actuó así, y se subordinó a la Corte Suprema y a la Contraloría General de la República, se provocó un daño inmenso. Y ese daño se produjo por caer en la tentación de tener el poder más allá de lo debido. El poder tiende a corromper. Y el poder absoluto corrompe absolutamente».

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