Juicio político y desagravio

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El contrapunto entre Jaime Ravinet y el PDC, a propósito de las declaraciones de Belisario Velasco, pone a la Democracia Cristiana ante una definición esencial. La obliga a hacer explícita, y definitivamente, su juicio sobre el régimen de Pinochet. Esto, por la especial circunstancia de que la colectividad se halla en estado de Congreso, o sea, en un proceso de deliberación pública acerca de su historia, de sus principios, de su organización interna y de su política de alianzas, que se traduce en tesis políticas.  Lo que ha expresado Belisario Velasco —y que ha sido oficialmente ratificado por la directiva nacional del PDC— constituye un juicio político sobre la dictadura militar. Lo que ha expresado Jaime Ravinet, representa el otro juicio, el juicio opuesto, que también aspira a conquistar el corazón y la razón del mundo democratacristiano. Porque, lo que ha sostenido Ravinet —irrumpiendo a título de nada en medio de la tensión Gobierno-Oposición—, no es una cuestión estética que tenga que ver con las exquisitas preocupaciones por el buen gusto y la educación. En lo sustantivo es un asunto ético. Lo suyo es un acto político de desagravio. Ravinet se sintió llamado a resarcir —léase: ¡a compensar el perjuicio causado!— a Pinochet, por las palabras de Velasco y la decisión del Ejecutivo. De otra manera no tendría sentido que, en el mismo contexto, haya reclamado la investidura de ex Presidente de la República para el dictador. 

Ambas tesis, pese a la larga historia de lucha antidictatorial y de construcción democrática que han comprometido a la colectividad, se confrontarán tardíamente, pero, muy crucialmente, en el V Congreso. Y acaso siguiendo el ejemplo de la Iglesia que, después de sesenta años, condenó sin ambigüedades el antisemitismo. Se cree que nunca un pontífice había pronunciado palabras tan fuertes, como las que empleó Juan Pablo II en el Memorial del Holocausto de marzo del año 2000: «Como obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro aseguro al pueblo judío que la Iglesia católica, motivada por la ley evangélica de la verdad y del amor, y no por consideraciones políticas, se siente profundamente entristecida por el odio, los actos de persecución y las manifestaciones de antisemitismo contra los judíos por parte de los cristianos en todo tiempo y lugar». Cuando eso ocurra, no quedará espacio para rodeos, indeterminaciones y vaguedades. Los perdedores tendrán que hacerse mejores democratacristianos o, digna y libremente, buscarse un mejor partido.

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