La Derecha y el Pensamiento Alicia

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Hace sólo cuatro meses el filósofo español Gustavo Bueno lanzó la primera edición de su libro Zapatero y el pensamiento Alicia. En once capítulos, contenidos en más de 350 páginas, el autor examina las actuales nociones del socialismo español respecto del choque de civilizaciones, la igualdad de género, y el diálogo democrático, entre otros asuntos contingentes.

Su crítica medular —que le ha significado virulentos ataques de los aludidos— consiste en demostrar que tales ideas no llevan a ninguna parte, porque pertenecen a un mundo irreal, un mundo imaginario, un mundo, en fin, que no necesita verificar sus caminos de realización, a diferencia del pensamiento utópico, que es conciente de las dificultades que median para alcanzar el ideal político. Se trata del pensamiento Alicia, o sea, de la racionalidad que fluye del cuento de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.

Pero, si la reflexión filosófica de Bueno ha sido exitosa, no ha sido tanto por controvertir a los socialistas, como por revelar esa forma infantil de analizar las cosas, hoy al uso en todas las tendencias, clases y ámbitos políticos de nuestro tiempo, y de la que en Chile han hecho gala los personeros de la derecha. Tan elocuente ha resultado el discernimiento de Gustavo Bueno, que el libro ya va en su sexta edición cuando, a este lado del Atlántico, su método empieza a prestar utilidad para juzgar el comportamiento político de la derecha chilena. Y ello, nada más que a la luz de ejemplos domésticos, como el Transantiago, el gabinete en las sombras, o la píldora del día después.

Sobre el Transantiago

Piensa Alicia: «Lo que vamos a ver en marzo, abril y mayo, van a ser espectáculos que nos convertirán en el hazmerreír de Latinoamérica».

Paráfrasis: Alicia anticipa que el Transantiago será un completo fracaso. Por cierto, un fracaso del Gobierno, que ha diseñado el plan con serios errores estructurales. Alicia cree que el Gobierno esconde sus errores detrás de las fallas de las empresas. Más todavía, Alicia advierte que el Gobierno miente. El Gobierno miente –dice— porque prometió un sistema más cómodo, más seguro, que iba a tomar menos tiempo, pero que ahora va a tomar tiempo, va a ser más incómodo y va a ser más inseguro. Alicia augura que para el invierno la gente tardará cuatro horas en desplazarse desde sus trabajos a sus domicilios. Sin embargo, no es a esto a lo que más teme Alicia. Lo que realmente inquieta a Alicia es que quinientos millones de latinoamericanos vuelvan sus ojos hacia Chile y estallen en risas ante tan ridículo espectáculo. Por eso, para salvar la cara, Alicia piensa que deberían volver las viejas micros amarillas. Y, si es necesario, hacerlo mediante una ley.

Análisis: Pero ¿qué es esto que Alicia ha condenado al fracaso? El Transantiago es un nuevo sistema de transporte urbano creado para cubrir las necesidades de desplazamiento de unos 6 millones de santiaguinos, de los cuales, sólo sus potenciales usuarios —los portadores de tarjetas BIP, sin contar menores de 11 años y escolares con pase— ascienden a 4 millones de personas. Desde el punto de vista de los valores buscados por la iniciativa gubernamental, el Transantiago es una intervención social orientada a atender a los sectores más necesitados… ¡7 de cada 10 usuarios de Transantiago pertenecen a los grupos socioeconómicos C3, D y E! Esto es, sectores medios y populares. Y por eso, también, sus principales dificultades de funcionamiento se advierten en comunas con alta presencia de dichos segmentos.

No es casual que la segregación espacial de la población regional —que va a la par de la desigual distribución del ingreso— haya dado origen a comunas como Puente Alto o Maipú, con más de 400 mil habitantes; y San Bernardo, La Pintana o Pudahuel, con alrededor de 200 mil. Es en estas zonas donde, asimismo, pueden observarse los más agudos problemas de inseguridad ciudadana, contaminación ambiental y vulnerabilidad demográfica. Anomalías todas derivadas de un modelo de mercado desregulado y con escasa inversión tecnológica, como el que operó en Chile desde la revolución económica neoliberal de 1975. Sólo para no diluir el contraste: lo único que hizo la derecha durante el régimen militar, fue privatizar la locomoción colectiva y desguazar el transporte público, sin agregar nuevas vías de circulación y, lo que es peor, sin introducir ningún orden en el caótico crecimiento que ella misma desencadenó. Si hasta el Metro, la joya capitalina, es obra del gobierno de Eduardo Frei Montalva.

Crítica: Dos tercios de los encuestados por el diario La Tercera contestan que los principales responsables de las fallas detectadas en Transantiago son los empresarios. En el mismo sondeo, 7 de cada 10 santiaguinos mantienen o mejoran su opinión sobre el Gobierno. No hay en ellos percepción de fracaso. Mas, si de reformas estructurales se trata, tampoco es dable suponer un fracaso del Gobierno en materia de transporte, cuando las responsabilidades entre lo público y lo privado están repartidas desde los tiempos del régimen militar en la economía de mercado que defiende esta misma derecha. Lo que es objetivamente verificable al observar la propiedad de las máquinas, la existencia de sindicatos, la administración del sistema, y su control. ¿Cómo puede el Gobierno esconder sus errores detrás de las empresas, cuando las empresas privadas han admitido fallas objetivas de funcionamiento, y se han resignado a las sanciones impuestas?

Decir que el Gobierno miente, es lo mismo que afirmar que el Gobierno expresa o manifiesta algo contrario a lo que sabe, cree o piensa. En este caso, el Gobierno estaría ocultando su fracaso. ¿Y cuál sería su fracaso? Pues, el anunciado para marzo, abril y mayo. Luego, el Gobierno estaría mintiendo sobre el futuro; no sobre su propia visión del futuro, sino sobre la visión catastrofista que tiene Alicia acerca del futuro, más precisamente, su visión del próximo invierno, cuando eventualmente la gente demore cuatro horas en llegar a sus casas.

Hace mal Alicia en sospechar de los latinoamericanos. Es muy difícil que tantos millones se queden mirando a los santiaguinos que no pudieron subirse al bus. Sobre todo considerando los precarios medios de locomoción empleados por muchos de esos latinoamericanos. Es muy probable que ellos estén más ocupados en mejorar sus condiciones de subsistencia, en eludir los bloqueos económicos, el racionamiento y el desabastecimiento, o en satisfacer sus necesidades energéticas, que en andar avergonzando chilenos.

Final: ¿Dónde está el peligro de este pensamiento Alicia? Pues, en su simplismo y, por lo mismo, en su eficacia para ser entendido por todos, lo que, en boca de quienes detentan altas responsabilidades políticas se convierte en pensamiento falso, hipócrita y de mala fe. En el estricto rigor teórico de Bueno, esto significa encubrir la realidad, disimularla con velos legales. Como cuando se promete el regreso de las micros amarillas. Como cuando se promete un proyecto de ley, a sabiendas que la iniciativa legislativa pertenece al Ejecutivo, y no a la Oposición.

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