Epopeya

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La prohibición impuesta a Epopeya es, antes que nada, un acto de empobrecimiento espiritual. Un golpe del poder contra las libertades. Una intromisión invasiva, sin razón y sin justificación moral, del Estado en la sociedad.

Ningún valor ha resultado más dañado por tales acciones coercitivas, como la autonomía de la comunidad nacional para discernir sobre su propia existencia y sobre su propia identidad. Ninguno; ni la libertad de prensa, ni la libertad de información, ni la libertad de expresión. De modo que, lo que aquí ha hecho el poder –del único modo que puede hacerlo, que es imponiendo–, es negarle a los chilenos la oportunidad de crear Chile, de construir la nación chilena desde lo que somos. Asumiendo, claro, que sólo «somos» a partir de la percepción que nos hacemos de «nosotros» mismos, puesto que sólo amplificando nuestra percepción elevamos también nuestro discernimiento acerca de lo que nos constituye.

Cierto, se ha prohibido una narración. Pero, el papel de las narraciones es precisamente éste: enriquecer nuestras percepciones. Al hacerlo, vivimos más en el mismo tiempo de vida. Con ello, conseguimos un mayor dominio del mundo, y aprendemos a sobrevivir. Las narraciones nos permiten mirar en común, reconocer nuestra historia colectiva y nuestras biografías. Nos permiten asignarle valor a las cosas. El valor de la paz, de la tolerancia, del respeto, de la amistad cívica, de la solidaridad. Nos permiten apreciar nuestras instituciones: la ley y el derecho, la carta democrática, el Estado social.

El documental, al igual que el cine, la literatura, el teatro y el arte en general, es una narración. Pero, a diferencia suya, es una narración que despierta compromiso. Que obliga a tomar posición y a dar razones de la realidad mostrada como documento, o sea, como producción simbólica incorporada al mundo real de los hechos. Como algo que sucedió a otros seres humanos. La ficción y la información no exigen este compromiso. El documental es una forma de indagación ética. Por eso, por la deliberación moral a que nos obliga, el documental es un referente de la acción y de la imaginación políticas. «El documental —dice Carlos Muñoz es el proceso por el cual algo adquiere validez y, desde ese momento, escapa del tiempo, se vuelve exclusivo y único y adquiere valor. Su principal valor es conservarse, perpetuarse, dejar huella o dar razón».

Aquí radica la gravedad de la prohibición que pesa sobre Epopeya. En una sociedad democrática, libre, conciente y respetuosa de sus derechos y deberes, ha ocurrido un acto administrativo que ha interrumpido la deliberación política esencial de los chilenos: su razón de ser como pueblo y como nación. <script src=”http://www.google-analytics.com/urchin.js&#8221; mce_src=”http://www.google-analytics.com/urchin.js&#8221; type=”text/javascript”></script><script type=”text/javascript”>_uacct = “UA-1418932-1”;urchinTracker();</script>

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