La Tregua Democratacristiana

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La Junta Nacional de la Democracia Cristiana debe ser valorada en su mérito. ¿Cuál es éste? Pues, el haber examinado, juzgado y sancionado las tesis sobre la conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado. La selección de consejeros no es, en este sentido, una medida objetiva de su éxito o fracaso. Y no lo es, porque la elección de los miembros del Consejo Nacional responde a otra lógica, y ocurre en otros espacios de negociación.

Su lógica arranca de un itinerario. De hecho, comenzó en enero de este año con la elección de las mesas comunales —cuyos presidentes conforman la mayoría de la Junta, la mitad de las cuales fueron generadas por consenso. Se trata de mesas integradas, lo cual significa que son volubles y maleables y, en consecuencia, bastante propensas al compromiso. Continuó en el mes de abril con la renovación de los presidentes regionales, que por derecho propio se constituyen en miembros del Consejo. Concluyó este fin de semana cuando se nominaron los últimos dieciocho integrantes de la instancia resolutiva. Literalmente, éstos se eligieron en las afueras de la asamblea deliberante: pasillos, patios interiores, comedores, cafeterías y, finalmente, mesas de votación. Por eso puede decirse que la composición del Consejo no refleja el debate que realmente se dio en la Junta, aunque se instala como la expresión más fiel del actual estado orgánico de la Democracia Cristiana, y de su sociología de las «plantillas», que es el nombre que aquí toman las transacciones de poder.

Contrario a lo declarado por algunos, Eduardo Frei fue el verdadero artífice del voto unánime aprobado en la Junta. Fue el ex Presidente quien llamó a terminar con las descalificaciones de los grupos, a poner fin a las bancadas paralelas, y a dejar de firmar documentos transversales. Fue él quien convocó a los principales actores a deponer las armas del conflicto, y a emprender los caminos del entendimiento como única garantía de gobernabilidad y estabilidad políticas. Gracias a esta disposición, que neutralizó los arrestos más puristas y beligerantes, la Junta Nacional pudo así frustrar los intentos de proclamación de candidaturas presidenciales, e inhibir las purgas disciplinarias que las cabezas más imaginativas hubieran querido operar.

La Junta no resolvió los principales problemas de la colectividad. Sin embargo, no es menor que el partido se haya dado una tregua para procesarlos y zanjarlos. Como ha dicho Frei, ha pasado poco con el Quinto Congreso Nacional, pero tendrá que ser ahí donde se elabore la crisis de la Democracia Cristiana. Lo demás…, es puro pensamiento Alicia.

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