La Nostalgia “Light”

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«Hay Sarkozy para todos», concluye Tironi, rescatando a nombre de la izquierda, las virtudes progresistas que pretende ver en el líder francés. Tironi, el sociólogo, situado a la derecha de Jocelyn-Holt, el historiador de derechas. No es extraño. Jocelyn-Holt va más adelante, porque ve más hacia adelante. En cambio, Tironi, a la luz de Jocelyn-Holt, no deja de reflejar el aguatonamiento mundial de las izquierdas, según la viva expresión acuñada por este último.

«Hay Sarkozy para todos», señala Tironi. Parece creer que por un par de discursos y unos ministros socialistas en su gabinete, Sarkozy se hubiera convertido en la reencarnación moral de la política. No es lo que piensan los franceses. Esto, a juzgar por la minoritaria presencia sarkozista en el Parlamento. Como fuere, el movimiento se demuestra andando, y Sarkozy tiene cinco años para demostrarlo. El mismo que tiene Tironi para revisar su apología. Lo demás es pura ficción política; puro juego de escenarios. Un juego que, sin embargo, le quita peso, profundidad y proyección, a la acción política.

«Hay Sarkozy para todos», consuela Tironi, en un gesto de justicia redistributiva que nadie reclama. Porque ni Hermógenes Pérez de Arce —que lo emula al borde de la línea democrática— piensa que pueda haber Sarkozy para todos. Hasta el ex colaborador de Pinochet está convencido que el presidente galo representa a la derecha de siempre. ¿Por qué la derecha querría compartir lo que ha sido siempre de la derecha? ¿Y a qué izquierda tendría que interesarle la oferta que hace Tironi? Si aquella izquierda apareciera, lo más probable es que haya dejado de serlo.

«Hay Sarkozy para todos», declama Tironi. Pero el otrora autor de Los silencios de la revolución sabe mejor que nadie que Sarkozy sólo podría hallar adeptos en la izquierda light. El problema —sobre todo para quien un día instaló el dogma de que «no hay mejor política de comunicaciones que la ausencia de política de comunicaciones»— es que la cáustica crítica de Sarkozy apunta precisamente contra esta izquierda heredera del Mayo del ‘68. Esta que en Chile hace lo imposible por contemporizar con una derecha arcaica, anquilosada en la defensa de sus intereses, vacía de principios ideológicos, e incapaz de construir una mirada universal, como la ofrecida por Jocelyn-Holt.

Semejante universalidad se consigue, claro, con una profunda pasión por la tierra, por la época, y por la gente. Porque un gran amor —como pensaba Mounier— comienza con una gran pasión.

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