Banco Central: Tres Mitos

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La gestión del actual presidente del Banco Central vence el 6 de diciembre. Antes de esa fecha, la Presidenta de la República debe enviar al Senado el nombre de su sucesor. La Presidenta tendrá que concitar el respaldo de la mitad más uno de los senadores en ejercicio, y hacer frente a los tres mitos que ha levantado la derecha en torno a la sucesión.
 
Primer mito: el consenso 2 por 2 más 1. Cada vez que ha correspondido renovar el Consejo del Banco Central, la derecha ha invocado un consenso tácito que se habría fraguado en los albores de la transición democrática. Según el referido acuerdo, al momento de someter un nuevo nombre a la aprobación del Senado, el Presidente de la República debería asegurar que, de los cinco consejeros, sólo dos fueran de la Concertación, dos pertenecieran a la Alianza, y el quinto fuera independiente. De no cumplirse este requisito, entonces la oposición no debería concurrir con sus votos a la formación de mayoría, impidiendo así salvar la nominación gubernamental.
 
Al parecer —porque se cree que la Concertación siempre ha contado con tres de los cinco consejeros—, ésta habría sido la práctica seguida durante los pasados diecisiete años. Se podría colegir, sin embargo, que en los últimos años la Concertación ha perdido gravitación debido a la fuerte presencia de Vittorio Corbo y de Jorge Desormeaux, dos hombres de derecha, dos antiguos compañeros de oficina, y dos veteranos académicos del Instituto de Economía de la Universidad Católica. No olvidemos que el nombre de Corbo, su actual presidente, surge en los momentos de mayor vulnerabilidad del gobierno de Lagos, cuando en 2003, para asegurar la estabilidad y, sobre todo, la gobernabilidad política, fue necesario concordar un paquete de modernizaciones con Pablo Longueira. Tampoco olvidemos que José De Gregorio, su vicepresidente, fue apoyado por 23 senadores, 8 de los cuales pertenecían a la UDI, 3 a la bancada institucional, y sólo 12 a la Concertación.
 
La Alianza insiste en recurrir a ese consenso y, por eso, persiste en postular a Corbo para un nuevo período. La Alianza apela a un consenso más antiguo que el de Washington, ignorando que cuando lo impuso, Chile era otro país. Por entonces vivía Pinochet. No sólo eso; Pinochet era comandante en jefe del Ejército. Había senadores designados. La derecha era mayoría en el Senado y, en tal calidad, detentaba un eficaz poder de veto. Por entonces, los equilibrios macroeconómicos constituían el gran desafío de la política económica. Hoy, son principios de aceptación universal que pondrían en ridículo los vaticinios inflacionarios con que algunos andan espantando mercados. Hoy la derecha es minoría en ambas cámaras legislativas. Hoy, cuando no es suficiente el puro monetarismo, adquiere crucial importancia una gestión preocupada por la estrategia de desarrollo del país.
 
Segundo mito: más allá del bien y del mal. Sobre todo la derecha ha hecho tal panegírico del presidente del Banco Central, que ha terminado por convertirlo en una autoridad ajena a toda disputa ideológica, en un ente sobrenatural situado más allá del bien y del mal. La derecha ha llevado las cosas a tal extremo, que ha confundido a Corbo con autonomía, y autonomía con autarquía. Se romperá el equilibrio si se nombra a alguien de la Concertación, aseguran; el Banco Central dejará de ser autónomo. El único nombramiento aceptable —sostiene Jovino Novoa— es Corbo.
 
Al contrario de las virtudes que destaca en Corbo, la derecha sólo ve concupiscencia del poder en la Concertación. La misma que vio para la nominación del Contralor y de los directores de TVN. «La Concertación sigue en su apetito incontrolado por el poder», ha declarado Hernán Larraín. «No les basta con tener 3 de 5 consejeros, ahora quieren tener 4, lo cual desnaturaliza la institución en su carácter de independiente y autónoma», ha argumentado. Pero la realidad, que ya no es una cuestión de caprichos o antojos, sino de reglas institucionales, lleva a desenmascarar el tercer mito.
 
Tercer mito: no tienen los votos. Como en otras ocasiones, la derecha ha especulado sobre la eventual incapacidad del gobierno para reunir los votos necesarios. Sin embargo, como ha trascendido a la opinión pública, por primera vez la Presidenta dispone de una mayoría favorable a la mejor candidatura que podría ofrecer la Concertación. No sólo cuenta con la palabra empeñada de veinte senadores, sino tal vez con la mejor oportunidad para provocar un cambio en la política del instituto emisor.
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