El Perdón

 
pdf  
 
La irrupción de Frei no traerá la paz, pero contribuirá a ella. El Tribunal Supremo de la Democracia Cristiana no pondrá atajo a la lucha, pero dictará sentencia. No acabará con las odiosidades, rencores y venganzas, pero suspenderá la disputa. Tal vez recupere la legitimidad, magnanimidad y autoridad, que tanto se echan de menos en la justicia chilena. Acaso ayude a generar las condiciones para el respeto, el diálogo y la cooperación inherentes a los estados de paz.
 
No acabarán la beligerancia ni el revanchismo. Para hacer desaparecer los deseos de venganza ¾la filosofía aún se pregunta si este propósito está al alcance de la política¾, se precisan gestos de arrepentimiento y de perdón. Y es sabido que éstos anidan en el fuero íntimo de las personas. Como observa Hannah Arendt, el perdón y la relación que establece entre las personas, siempre es un asunto individual, donde lo hecho se perdona por amor a quien lo hizo. «La conciliación es entre dos personas» —declara la mesa. Y Duarte, jefe de la bancada DC, explica: «Aquí no hay una decisión de dos personas, aquí hay una decisión institucional de la directiva de un partido, ratificada y respaldada por la enorme mayoría del consejo nacional, por lo tanto tendrían que llamar a conciliación a cuarenta y tantas personas que constituyen la institucionalidad de la DC». Así y todo, no obstante la penitencia y la indulgencia, la gracia no excluye la justicia. La justicia es la evocación de la regla de equivalencia y el registro de aquello que ha trastrocado las cosas.
 
El paso por el tribunal es necesario, pero no suficiente. Porque después de la justicia, todavía esperan su turno las responsabilidades moral y política. La responsabilidad moral convoca la voluntad individual de ofensores y ofendidos, y la dispone a la reconciliación. Sólo se llega a ella por convicción, y, ciertamente, ninguna estructura puede obligarla o condicionarla. En cambio, la responsabilidad política es colectiva, y comporta el llamado a todos los militantes a asumir la identidad y el compromiso ético político de actuar como miembros de la Democracia Cristiana, y de respetarse mutuamente. La responsabilidad política supone que todos son herederos de una misma historia.
 
Lo más difícil en una organización política es hacer explícita la responsabilidad moral. Precisamente porque ésta entraña el perdón. El perdón es el acto por el cual el ofendido libera al ofensor del daño que causó, y éste reconoce y repara lo hecho. ¿Qué es lo que nos ofende? La ofensa es una expresión de desprecio y humillación: «Yo soy honesto, usted es parte de una asociación ilícita»; «Yo respeto la ley, lo suyo, en cambio, se parece a la mafia siciliana»; «Yo soy sensible al sufrimiento de la gente, usted promueve el crimen social».
 
La negación que implica el trato desdeñoso, despierta resentimientos en el ofendido. El resentimiento es un odio moral que, no necesariamente, busca la destrucción del agresor, sino mostrar y vencer su falso mensaje. Los argumentos empleados son del tipo: «Es él quien cree que somos unos delincuentes»; «Tengo la convicción moral de que la directiva es tremendamente proba»; «Están en política para servir y no para servirse de los cargos»; «Tienen una trayectoria intachable». El problema del resentimiento es que una baja estima del ofendido lo empuje a renunciar a su defensa, o que, en el otro extremo, a través de un acto de venganza, trate de recuperar la pérdida: «¡Váyanse, váyanse, váyanse!».
 
Mas, sólo estamos perdonando cuando el perdón que otorgamos no entraña la pérdida de dignidad moral de quien lo recibe. Pero, en su reverso, la genuina garantía de integridad moral es que el perdón se funde en el arrepentimiento de éste. Y claro, el verdadero arrepentimiento supone, primero, reconocer que hubo agravio moral, y segundo, prometer que dicho agravio no volverá a ocurrir. El silencio sobre ambas cuestiones consolida el punto de no retorno.
Anuncios

3 Responses to El Perdón

  1. Raúl Basualto T. dice:

    Sólo para la reflexión ante los hechos. De nuestra palabra a las de otros. Kavafis, alejandrino poeta de ésta y otras épocas, escribió en Que el Dios Abandonaba a Antonio:

    “Cuando de repente, a medianoche, se escuche
    pasar una comparsa invisible
    con músicas maravillosas, con vocerío,
    tu suerte que ya declina, tus obras
    que fracasaron, los planes de tu vida
    que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.

    Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
    di adiós a Alejandría que se aleja.
    Sobre todo no te engañes, no digas que fue
    un sueño, que se engañó tu oído:
    no aceptes tales vanas esperanzas.

    Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
    como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
    acércate resueltamente a la ventana,
    y escucha con emoción, más no
    con los ruegos y lamentos de los cobardes,
    como último placer los sones,
    los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
    y dile adiós, a la Alejandría que pierdes”.

    O en las breves palabras de Adriano (capturado de cuerpo entero por Yourcenar en Memorias de Adriano):

    “Anima vagula blandula, Hospes comesque corporis, Quae nunc abibis in loca, Pallidula, rigida, nudula, Nec ut soles dabis iocos”.*

    Saludos cordiales,

    * “Alma vagabunda y cariñosa, huésped y compañera del cuerpo, ¿dónde vivirás? En lugares lívidos, severos y desnudos y jamás volverás a animarme como antes”.

  2. Oscar Osorio dice:

    Para que se produzca el perdón, una de las partes tiene que reconocer que ha generado por sus actos, acciones y omisiones, agravio, dolor, etc. Aquí, el agraviado ha sido el partido. El problema es cómo reparar el daño.
    Una alternativa es dejar que funciones las instituciones, en este caso el Tribunal Supremo, que ha considerado que uno de los suyos se ha alejado del ideario, de los acuerdos y de los compromisos del partido con el gobierno y la concertación.
    La otra, es que alguien externo medie (como en una crisis de pareja), el problema es que esta no es una pelea solo entre dos, sino que uno de actores ha comenzado a ser infiel. No sólo está saliendo con otra, sino que además está por irse de la casa. Ante esta situación, el dilema y decisión: me voy de la casa, me quedo o, como pasa en la mayoría de los casos, espero que me echen. Si la decisión es quedarse, debo disculparme y reparar la falta. Y como tú dices, comprometerme a no volver a cometer tales “pecadillos”.

    Mi pregunta es que si está el “horno para bollos”. Mi impresión es que habrá que esperar lo que dictamine la instancia oficial. Luego de ello, cualquiera sea el dictamen, podría generarse un espacio para los arrepentimientos mutuos. Sin embargo, veo a nuestra Presidenta más dispuesta a poner la otra mejilla o a cultivar la “rosa blanca”, como decía José Martí:

    “Cultivo una rosa blanca
    en junio como en enero
    para el amigo sincero
    que me da su mano franca.

    “Y para el cruel que me arranca
    el corazón con que vivo,
    cardo ni ortiga cultivo,
    cultivo la rosa blanca”.

  3. Escribe Jesús Lozada, interpretando estos versos del poeta Constantino Kavafis, nacido en Egipto el 29 de abril de 1863 y muerto ese mismo día, pero del año 1933:

    «La ciudad de los nacimientos, se va, se pierde, se aleja, y tú con ella, ya no serás más persona, sino máscara, y hay que ser valiente y hay que asumir con dignidad el destino, tu destino, que es el de todos los hombres, caminar a la muerte con dignidad y gozo, perderse en la Nada que es el Todo verdadero, el único. Kavafis, aprovecha el pasado para leer el presente, al fragmento, la lápida o la memoria la dota de la convocatoria a la luz; usa a Plutarco y hace que Antonio, ambicioso de poder y gloria, cayendo en la Alejandría sitiada por Octavio, asuma todos los destinos humanos, incluido el suyo. Este poema fue escrito entre 1910 y 1911, año de definiciones para el alejandrino, año en el que acepta entrar al doloroso convite de la muerte sin fin. Si bien en ese año se reconoce definitivamente homosexual, también es en el que acepta acompañar a esa comparsa de muerte. Kavafis es y será siempre un ortodoxo griego, ante la muerte no se lamenta, escucha su cortejo, acepta finalmente la presencia del Patriarca para que lo prepare para esa Alejandría que no se pierde, la celestial, arrebata como Jerusalén.

    «A muchos disgustará esta interpretación. La industria de la literatura y el arte gay, la “cultura gay”, están de moda y son rentables, y es preferible mostrar a un cofrade que a un poeta homosexual con todo su dolor, aceptación y contradicciones.

    «La otredad, las minorías, deben tener y tienen su discurso, pero no se deberá pagar el alto precio de la transfiguración y la mimesis, el de la manipulación. Kavafis era un hombre atormentado, le dolió siempre su condición, sus poemas eróticos son también los poemas de la inutilidad y la esterilidad, publicó poco, dicen que por afán perfeccionista, yo creo por pudor y por miedo, estamos a finales del siglo XIX y principios del XX no lo olviden, vivió su vida sexual en garitos y barrios bajos, en encuentros furtivos, recuerda un cuerpo pero no un nombre, una máscara pero no una persona, los últimos días de su vida los pasó oculto, recluido en su apartamento de la calle Lepsius, dicen que desde 1912 su vida se redujo a “la lima minuciosa de sus poemas”, y si ustedes recuerdan eso sucede un año después de que el poeta reconoce y acepta su condición sexual».

    No veo, estimado Raúl, nada parecido a esto en los personajes ni en las circunstancias relatadas en El Perdón.

    Atentamente,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: