Sin Lugar Para La Ficción

pdf 
 
La muerte de dos carabineros ha causado gran impacto en la opinión. La sola muerte de carabineros en servicio activo causa recogimiento. Pero esto es más. ¡Que los sequen en la cárcel!, ha dicho el ministro secretario general de Gobierno. La sentencia de Vidal suena enérgica, pero es asertiva. Es proporcional a la fuerte impresión causada por los acontecimientos. Y acaso se haya quedado corto el ministro. Porque esta vez las cosas han ido aún más lejos. Esta vez la realidad ha rebasado al verbo del propio vocero de gobierno. Y ha desbordado sin dificultad las cuñas estivales de la derecha, que por aprendidas y redundantes, ya no dicen nada. Esta vez, la violencia ha sido más intensa. Ha podido trastocar la naturaleza del delito, y situarlo en el patológico caldo cultural de las sociedades avanzadas.
 
Porque este modo de matar ya no corresponde al de una sociedad tradicional y subdesarrollada, como a ratos queremos seguir idealizando a la chilena. La globalización no sólo nos ha abierto al mundo del dinero, el consumo, las comunicaciones y la tecnología; empieza también a heredarnos las enfermedades, los estilos y los modos de proceder de otras latitudes. Así lo hemos querido, porque así lo hemos tolerado. Y somos concientes. No hemos vivido anestesiados. Nos conmueve la maldad de los criminales, pero sólo porque nos estremece la sola idea de estar cohabitando y conviviendo con el enemigo. El saber que podemos cruzarnos en cualquier momento y lugar con los desalmados.
 
Mataron a los carabineros sin compasión. Los bandoleros mostraron la misma frialdad que cuando secuestraron al contador y lo obligaron a guiarlos hasta la empresa. La misma insensibilidad que revelaron cuando maniataron a los trabajadores del turno de noche. Arrojados e imperturbables, los agresores salieron al encuentro de los policías que aún permanecían en el radiopatrullas y, sin ningún propósito persuasivo, dispararon contra ellos. Fueron diez balas de 9 milímetros. Luego, arrastraron sus cuerpos fuera del vehículo policial y huyeron en él. Fue una sucesión de escenas densamente pobladas por decisiones planificadas y calculadas, protagonizadas todas en menos de cien minutos.
 
Los hermanos Coen nos enseñan cuán vulnerables podemos estar siendo ante la barbarie y sus criaturas. Es sobrecogedora la relación de poder y dominación que salta a vista en Sin lugar para los débiles, un relato con bastantes referentes en las líneas de falla tendidas entre las civilizaciones, en este caso, la frontera de Estados Unidos y México. Especialmente, en el diálogo sostenido por el sicario Anton Chigurh y el viejo y amable tendero, cuya vida ahora se encuentra a merced de los designios del azar:
 
Chigurh: ¿Sabe qué fecha tiene esta moneda?
Tendero: No. 
Chigurh: 1958.
Tendero: (Lo mira desconcertado).
Chigurh: Ha viajado 22 años para llegar aquí. Y ahora que está aquí usted tiene que decir si es cara o sello. Y sólo puede decir una de ambas opciones.
Tendero: Mire, necesito saber qué voy a ganar.
Chigurh: Todo.
Tendero: ¿Cómo es eso?
Chigurh: Está para ganarlo todo; sólo dígalo.
Tendero: Está bien. Cara. 
Chigurh: Bien hecho.
Tendero: (Hace el ademán de poner la moneda en su bolsillo).
Chigurh: No la ponga en su bolsillo, señor. No la ponga en su bolsillo; es una moneda de la suerte.
Tendero: ¿Dónde quiere que la ponga?
Chigurh: En cualquier lugar, menos en su bolsillo, o se mezclará con todas las demás, y se convertirá en sólo una moneda… Que lo es.
 
El crimen de los dos carabineros no afecta sólo a la institución policial. El crimen, en sí mismo, es una advertencia a todo el mundo: nadie escapa a las consecuencias del comportamiento criminal. No es que los transgresores tengan cuentas pendientes con Carabineros, y que por eso actúen con semejante ensañamiento. No es algo personal lo que los mueve. Tampoco es falta de respeto por la investidura de la Policía. Su objetivo es despejar obstáculos a toda costa. Actúan asumiendo que no hay nada que negociar. Y todo es muy real.
 
Adviene algo desconocido. Los viejos códigos ya no sirven para explicar las relaciones entre justicia y delito. Por eso, debemos prepararnos y organizarnos de mejor modo.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: