La Derecha Derrotada

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¿Qué quedó tras la intervención de la ministra Provoste en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados? Si hemos de ser honestos, no más que los residuos de un montaje estival que —a diferencia del de Transantiago— no conoció el éxito. En una palabra: desconcierto. Gran confusión en las filas de la Alianza. Sus parlamentarios se habían preparado para precipitar una acusación constitucional contra la democratacristiana, pero, al final de la sesión, en el desenlace, fue el contralor el que pasó a constituirse en el blanco de sus ataques.
 
Durante dos semanas la derecha bombardeó a la opinión pública con la idea de un fraude por 262 mil millones de pesos en las subvenciones escolares. Sin embargo, bastaron quince minutos para demostrar su falsedad, y un minuto adicional, para confirmar la prueba. Se probó que el error del Ministerio había consistido en presentar la información de una manera distinta a la requerida por el órgano contralor; error que la repartición había corregido siguiendo al pie de la letra las recomendaciones de la Contraloría. Y con oportunidad, según propia expresión del ente fiscalizador.
 
Pero fue en el minuto final de su presentación, cuando todo se blindó de un modo inequívoco, irrebatible e inobjetable, alejando toda posibilidad de controvertir lo dicho por Yasna Provoste. En ese minuto la ministra leyó la crucial y recién llegada respuesta del contralor: «Este organismo de control cumple con manifestar que las medidas administrativas antes mencionadas, particularmente aquellas adoptadas para corregir los errores administrativos observados y la determinación de la responsabilidad funcionaria del personal involucrado, se enmarcan cabalmente dentro de las exigencias planteadas en su informe final reservado Nº 63 de 2007, lo que permite dar por superadas las observaciones planteadas a ese respecto».Todo quedó así refrendado, incluso la sanción que, en uso de sus facultades, la autoridad aplicó al secretario regional ministerial.Todo quedó así protegido por el escudo contralor que, sin proponérselo, se interpuso entre el gobierno y el fuego graneado de la oposición. Sobrevino, luego, un prolongado silencio en la derecha. Un silencio semejante al que acompaña a las derrotas morales. Uno que, no obstante, anticipa la virulencia de la revancha.
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