Crispación Y Desalojo

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La derecha española fue derrotada por segundo periodo consecutivo. La derecha española fue derrotada por su estrategia. Una estrategia basada en la crispación y en la demonización del adversario político. Una estrategia que, al igual que en Chile, no ha dado lugar a la colaboración y el acuerdo sobre las grandes objetivos nacionales.
 
Pero no sólo eso; la derrota de la derecha española es la derrota de José María Aznar, pues suyos fueron los grupos internos que trabajaron por Mariano Rajoy. La derrota de Aznar es, por extensión, la de Manuel Espino Barrientos, que, desde la ODCA, ha impulsado el pacto entre los sectores escindidos de la Democracia Cristiana y Renovación Nacional. Por tanto, la derrota de la derecha española es, en último término, la derrota de Adolfo Zaldívar —y de sus seguidores— que hoy busca disputar la hegemonía de la Alianza en su lucha contra la Concertación.
 
Pero también es la derrota de los asesores de nuestra derecha autóctona. Esta que recetó el desalojo, la obstrucción, la denuncia irresponsable y, sobre todo, la mentira. Lo cual envuelve la clara advertencia a la Concertación de no caer en la tentación de responder con la misma guerrilla de bajezas y descalificaciones.
 
Ayer los españoles pusieron fin a cuatro años de asedio odioso y sistemático. Los españoles han decidido abrir una nueva etapa sin crispación, ha dicho Rodríguez Zapatero. En Chile este acoso vive su auge, que no otra cosa es la acusación constitucional contra la ministra Provoste. Es lo más avanzado de todo cuanto la derecha ha montado hasta ahora para instalar una oposición implacablemente confrontacional. Porque aquí no ha importado ninguna clase de fundamento, principio o valor. Sólo el oportunismo tránsfuga. Como en España, aquí el propósito ha sido demonizar. Asociar la maldad y la descomposición a los gobiernos de la Concertación. Pero se cosecha lo que se siembra: de los 350 escaños, 153 fueron para la derecha y 169 para el gobierno. Chile sabrá distinguir la buena semilla.
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2 Responses to Crispación Y Desalojo

  1. Bueno, entiendo tu punto de vista. Miras las cosas desde la desilusión. Desilusión no sé con qué. ¿Acaso con el Chile libre, democrático y justo? Pues te digo que la inmensa mayoría de los chilenos sigue creyendo que ese sueño se ha venido realizando. ¡Se ha venido realizando! Y por la Concertación; no por la derecha, incapaz de superar su complejo histórico de minoría —que lo es— y, lo que es peor para ella, que no quiere enfrentarlo. Luego, las realidades en el mundo globalizado de hoy, al contrario de lo que sigues viendo —¿quizá desde un viejo y carcomido mirador?—, las vivimos a distancia. Sobre todo después de roto el aislamiento franquista y, desde luego, el pinochetista. ¿O crees que no sentí el golpe de Tejero? ¿O piensas que no lamenté los atentados de Atocha? Te guste o no, la crispación de la derecha de allá, como el obstruccionismo de la derecha de acá, son frutos del mismo árbol. Aquí, como allá, las derechas creen poder dar lecciones acerca del bien y el mal. Y no hablemos de cinismo y vulgaridad, que en esto llevan mucha ventaja. Lo único que te pido es que así como este país se hace responsable de sus ilusiones, sueños y esperanzas, tú asumas las consecuencias de tus cambios de opinión. Y mañana ya veremos.

  2. Desilusionado dice:

    Hombre, vengo votando Concertación desde antes del retorno a la democracia, ya en la Universidad, desde los 80. Lamentablemente la cosa no da para más. Y menos aun con afirmaciones como la tuya, carentes de todo argumento sustantivo y sostenidas apenas por una analogía difusa con otra realidad muy distante de la nuestra. ¿En qué terminaron los sueños de construir un Chile libre, democrático y justo? Para mí lo de la ministra Provoste ha terminado siendo un punto de inflexión: a la Concertación se le terminó perdiendo definitivamente la realidad. Y con ella parece haberse ido también la dignidad. ¿Buena semilla? Arbol ya viejo y carcomido por las termitas, diría yo. Les estoy empezando a tener miedo a ustedes los del gobierno. Cada vez se van poniendo más lejos de la línea de que divide el bien del mal. Y ni siquiera se dieron cuenta cuando se transformaron en ese embutido de cinismo y vulgaridad que va creciendo por los ministerios, las intendencias y el resto del aparato estatal.

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