Los Incontestables

Sin duda el fallo del Tribunal Constitucional que prohíbe la distribución de la píldora de emergencia representa un triunfo de la derecha neoconservadora. El logro de una muy planificada, velada y cuidada estrategia política ideada hace algún tiempo. Una estrategia que no culmina en la publicación de la sentencia. Su objetivo último es clausurar el debate. No el debate sobre la píldora, sino el debate sobre las libertades sexuales, que es la cuestión esencial sobre la que versa el fallo. De ahí las reiteradas advertencias del fundamentalismo católico a acatar lo dictaminado por los cinco jueces. Lo que busca esta derecha es el silencio de los ciudadanos. Lo que quiere es frenar la deliberación en torno a los derechos reproductivos que debe garantizar un Estado formalmente laico.

 

Por eso reclaman poco menos que la infalibilidad del Tribunal Constitucional. Algunos —en su ignorancia supina— incluso se sienten tan iluminados por la gracia, que han acabado reclamando para sí la facultad de desentrañar «las complejas profundidades del fenómeno jurídico y la espesa trama de sus vinculaciones con la sociedad en que se desenvuelve». No sólo esto; están convencidos de que sus especulaciones jurídicas van más allá de la moral, pudiendo alcanzar a todo ser viviente: «seres humanos, animales y vegetales». ¡Beati possedentis! (Felices los que tienen la posesión de la verdad) Habría que recordarles que si el papa no es incontestable, menos pueden pretender esta condición quienes han sido puestos ahí por voluntad política, que no divina. Pues, si los primeros cristianos negaron el origen religioso del emperador, y murieron luchando por la separación de las religiones y el Estado, lo que en su reverso busca este rigorismo es restablecer aquella autoridad en beneficio de los cinco ministros.

 

El fundamentalismo católico exhorta a guardar silencio y a inclinarse ante el fallo. Sin embargo, en Colombia este mismo fundamentalismo se ha negado a acatar lo resuelto por la Corte Constitucional a la que acusa de actuar como un déspota ilustrado por declarar que el matrimonio religioso no tiene efectos civiles. Así, lo que se acomoda a él es respetable; lo que no se acomoda a él, es discutible. Ha podido actuar con beligerancia, si no con extrema virulencia, como cuando en el año 2003 el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina organizó fuerzas de choque en contra de organizaciones de mujeres. Y nunca ha ofrecido salida. «Incapaz de autocrítica, no quiere comprender que es una contradicción en sí luchar contra el aborto y, al mismo tiempo, combatir los medios anticonceptivos, siendo así que tales medios son de hecho la mejor manera de hacer que descienda el elevadísimo número de abortos», ha dicho Hans Küng.

 

¿Adónde quiere llevarnos este fundamentalismo? Pues al pasado. A las tradiciones de hace cincuenta años. A cánones morales neoescolásticos, zanjados en el Concilio Vaticano II, y reanimados más tarde. Es como si los fundamentalistas católicos vinieran despertando de un sueño y, de súbito, quisieran revisar todos los cambios habidos durante su letargo. Los neoconservadores —incluidos los conversos que en los años sesenta convocaban delirantes a la revolución— se proponen sacralizar la política, y hacerlo al modo del Opus Dei, los Legionarios de Cristo y, por cierto, de Comunión y Liberación. «En el catolicismo actual —escribe Küng hay una variante del fundamentalismo por cuanto los dirigentes de la Iglesia pretenden identificar la fe católica con tradiciones eclesiales que son precisamente las más recientes (el Concilio de Trento, Vaticano I, documentos pontificios preconciliares) y mediante una reevangelización=recatolización tratan de obligar por la fuerza a los católicos a regresar al paradigma medieval-contrarreformista-contramodernista de la Iglesia y la sociedad». Pero esto es todo lo contrario a lo que encarnó Jesús y su lucha por una verdad inmanente al mundo. Todo lo contrario al quiebre que provocó Pablo con las sectas judías que, de no haber ocurrido, hoy el cristianismo sería impensable. Lo que quieren esos fundamentalistas católicos es hacer comulgar a todo el mundo con ruedas de carreta.

 

Conseguirán crispar los ánimos, enrarecer el ambiente, y alimentar la confrontación política e ideológica. Pero serán resistidos por los mismos católicos, como Jesús combatió el fundamentalismo farisaico de su época. Porque la libertad, lo mismo que el Estado de derecho, no es nunca algo consumado, sino algo por reafirmar, reconstruir y defender día a día. Y esto lo ha aprendido el país a lo largo de su historia reciente.

 

Enlaces

 

Instituto Chileno de Medicina Reproductiva

Católicas por el derecho a decidir

Red de salud Latinoamérica y Caribe

Mujeres del sur

Derechos reproductivos de la mujer en Polonia

La trampa de la moral única

Estado laico y libertades democráticas

Blog de la república

Iurisprudentia

El reflejo 

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