Un Abrazo, Samuel

«Mire —le dijo a la camarada a cargo de inscribir a los invitados, mientras exhibía una vieja credencial—, soy Samuel Astorga, ex diputado, y éste es mi carnet. No puedo pagar los cien mil pesos que me piden como delegado fraternal a la Junta». Hablaba de modo sereno y espontáneo. Con una sencillez que, para quienes lo conocen, parece disimular a propósito la rica historia de testimonios que carga consigo.

 

Samuel tiene más de ochenta años. Y aunque nació en Santiago, su vida ha transcurrido siempre bajo el sol intenso de Iquique. Ahí estudió en el Liceo de Hombres y en la Escuela de Artesanos. Ahí también, en la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta, empezó su vida laboral y sindical. Y en el norte duro y árido, ingresó tempranamente a la Falange, para convertirse en uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano. Antes lo había sido de la Central Única de Trabajadores. Fue elegido regidor del municipio de Iquique en 1956, y permaneció como su alcalde hasta el inicio del gobierno de Frei. Entonces se convirtió en diputado de la Primera Agrupación Departamental de Arica, Iquique y Pisagua.

 

Samuel había sido relegado a Pisagua bajo el gobierno de Ibañez. Y volvería a ser relegado a Arica durante la dictadura de Pinochet. Ocurrió el 13 de enero de 1978, cuando participaba en una reunión con un grupo de camaradas. Aún podrían evocar ese episodio aquellos que sufrieron igual pena de confinamiento, como Andrés Aylwin, Belisario Velasco, Guillermo Yunge, Ignacio Balbontín, Juan Claudio Reyes o Juan Manuel Sepúlveda.

 

En los registros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos puede leerse la explicación que le dio al organismo el canciller de la época:

 

«Esta medida se adoptó en ejercicio de atribuciones constitucionales de excepción en actual vigencia. Ellas corresponden privativa y discrecionalmente a S.E. el Presidente de la República, para el resguardo del orden público y de la seguridad nacional. No obstante las características de tales facultades y en consideración al elevado espíritu que atribuyo a sus comunicaciones, le hago presente que entre otros importantes motivos, el traslado en referencia se dispuso por violación grave y flagrante  de disposiciones legales que rigen en materia de actividades políticas partidistas. El Supremo Gobierno se encuentra estudiando los antecedentes para los efectos, en su caso, de las acciones judiciales correspondientes. Por su parte los afectados tienen facultades para hacer valer los derechos que les garantiza la Constitución ante el poder Judicial, cuyas resoluciones siempre ha respetado el Gobierno, derechos que ya han ejercido».

 

Obviamente, el poder Judicial no hizo sino confirmar la autoridad de Pinochet.

 

Como buen orador que es, Samuel tiene una propensión incontenible a participar en organizaciones sociales. Y es una formidable demostración del triunfo de la perseverancia que, en tiempos de declinación de las organizaciones sociales, aún prevalezcan algunas clásicas, como el Club Social y Deportivo Matadero, que le siguen ofreciendo reconocimientos a su trayectoria.

 

Quizá haya llegado la hora de hacerlo en el Partido. Y, tal vez el mejor modo de hacerlo sea instituyendo la membresía vitalicia en su Junta Nacional de militantes fraternales como Samuel. ¡Un abrazo, camarada!

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