Violencia Escolar Y Políticas Públicas

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La prensa, la televisión y, sobre todo internet, convirtieron en ícono el caso de la estudiante que empapó a la ministra. Impactaba porque mostraba la conducta irreverente de la menor hacia la autoridad.

 

Lo ocurrido en el liceo comercial de Antofagasta, representa la otra cara de este episodio. Ahí es el profesor quien, abusando de su poder, agrede a la alumna. No hay daño físico. Todo en la sala de clases es violencia verbal y gestual dirigida a vulnerar, humillar, dominar hasta anular, la amenaza que representaba la opinión de la joven. El profesor no toleró que la estudiante se negara a ser caracterizada como pobre. Y entonces la discriminó: «Si tú fuerai de clase media no seriai del tramo B en Fonasa, no seriai madre soltera, si fuerai de clase media estariai pagando por la educación… Sabís qué niñita, no tení’ idea, no tení’ educación, no tení’ salud, le sacai plata al Estado, má encima tení’ un hijo, te mantiene el Estado, si eso no es pobreza».

 

A la hora de juzgar los hechos, probablemente se pondrá el acento en los excesos de la autoridad, pero el problema de fondo seguirá siendo otro en un país que se niega a reconocerlo y a proceder en consecuencia. El problema seguirá siendo aquel que la iluminadora pregunta de José Luis Machinea, secretario ejecutivo de la Cepal, nos pone de relieve: ¿Cómo hablar de cohesión social en sociedades donde la negación del otro ha sido la regla por décadas o siglos, permeando la cultura política y cívica?

 

Porque ésta es la cuestión de fondo. ¿Cómo estamos contribuyendo a la cohesión y a la integración de la sociedad chilena? ¿Cómo estamos creando identidad común, solidaridad, confianza, igualdad de oportunidades, y reciprocidad en nuestras relaciones colectivas? En una reciente publicación, el ex ministro Andrés Palma hace un sólido aporte al debate. Un mercado libre de regulaciones no produce cohesión social. Políticas públicas escasamente integradas, no provocan cohesión social. Políticas públicas que cifran su eficiencia en criterios de mercado, no favorecen la cohesión social. Políticas macroeconómicas que generan recesión, inflación, desempleo, altas tasas de interés, debilitan la cohesión social. El asunto, pues, se niega a ser encasillado en las clásicas visiones sectorialistas, para mostrarse como un problema de organización social.

 

El incidente de Antofagasta confirma que la educación no está formando en el respeto a la igualdad de derechos y a las diferencias de género, etnia, raza, cultura y lugar de origen. Demuestra un proceso de transmisión vertical, indiferente a las necesidades y aportes de las personas. Pero, sobre todo, demuestra que, a pesar de la amplia cobertura lograda en educación, las fuertes diferencias de calidad profundizan las brechas socioeconómicas y reproducen la fragmentación social. De ahí a la violencia escolar, media sólo un paso. Por eso puede afirmarse que tanto el profesor como la alumna de Antofagasta, son víctimas del mismo espiral que lacera la coexistencia pacífica de sus comunidades.

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