Un Problema De Imaginación

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Cierto observador cifraba en los llamados príncipes de la DC las esperanzas de recuperación del partido. Le exasperaba, sin embargo, su falta de arrojo para acometer la empresa emancipadora. Creía ver en ello la fatal extinción de una generación perdida en el tiempo. Pero no es por voluntad política que los príncipes —y no sólo ellos— arriesgan sus expectativas de supervivencia, sino por falta de imaginación.

 

Imaginar consiste en construir imágenes sobre lo real y lo ideal. Imaginar es construir y comunicar una visión. Lo mismo que construir y comunicar una misión. Es despertar una poderosa mística para la acción, para conquistar el poder, y para ponerlo al servicio de los demás. Es dotarse de una identidad colectiva que trascienda la sucesión dinástica, la adscripción de clase, la cohesión del grupo de amigos, la fotografía cómplice de las páginas sociales, o la virtual sensación de comunidad que ofrecen las redes digitales. Porque sólo cuando se consigue una perspectiva más universal del mundo y de las cosas, se puede estar en condiciones de acometer la tarea más crucial del momento, que es imaginar puentes, nexos, contactos entre vidas, biografías, esperanzas y proyectos diferentes. Esto, porque cuando lo que une ha sido fragmentado, entonces el problema ha empezado a ser aquello que divide.    

 

Los príncipes hallarán su lugar, y lograrán integrar su vocación de poder, cuando asuman con todas sus consecuencias, el fracaso del neoliberalismo, de la desregulación y de la flexibilidad, tal y como se revelan hoy en la crisis del capitalismo mundial. Los príncipes mostrarán su genuino espíritu igualitario, cuando entiendan sin atenuantes que la insatisfacción de nuestras democracias radica en la obscena concentración del poder político oculta bajo el pomposo traje de la actual democracia representativa. Los príncipes serán por fin creíbles en sus declaraciones de justicia, cuando denuncien la concentración del ingreso y de la riqueza como un atentado contra la seguridad de la sociedad. Consumarán su liderazgo cuando descubran y valoren en toda su riqueza y diversidad la identidad de Chile y de su pueblo, la misma que habita en la historia y en la tradición popular de la Democracia Cristiana. Los príncipeelevarán a Chile a un lugar de relevancia en el concierto de las naciones, cuando dejen de conformarse con la apertura al exterior, esta de los tratados y pactos comerciales, y confirmen su pertenencia a América Latina y a los pueblos que luchan por su dignidad y libertad. Los príncipes avanzarán hacia la construcción de un verdadero nosotros, cuando se resuelvan a ser padres de un mundo que nace.

 

 

 

 

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