El Nuevo Pacto Parlamentario

 Documento

 

Hace unos días en Concepción, los presidentes de los partidos Demócrata Cristiano y Socialista, senadores Soledad Alvear y Camilo Escalona, respectivamente, suscribieron un compromiso de colaboración de cara a los próximos desafíos políticos y estratégicos de la Concertación.

 

El acuerdo no dice nada concluyente acerca del candidato presidencial. Tampoco es claro respecto a la conformación de la lista parlamentaria. Sin embargo, la sola declaración de los timoneles de actuar mancomunadamente, más que una señal a sus aliados pepedés y radicales —que lo es—, podría estar prefigurando un nuevo cuadro político.

 

Nuevo cuadro político como el que habría de originar un pacto electoral parlamentario entre la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. Que no sería una lista semejante a las que se conformaron para las elecciones municipales. Que sería más bien un subpacto dentro de la Concertación. Un subpacto que persuadiría a radicales y a pepedés a obrar de igual modo.

 

De decidirse ambas colectividades a dar este paso, el resultado probable sería el fortalecimiento de la Democracia Cristiana, incluso si el candidato presidencial no perteneciera a sus filas, y, lo que es más importante, sin afectar la cohesión del conglomerado, sin desaprovechar su fuerza electoral, sin amenazar la supervivencia de ninguno de sus partidos, y sin perpetuar la exclusión de la izquierda extraparlamentaria.

 

Hoy por hoy, democratacristianos y socialistas representan en la Cámara de Diputados el 54 por ciento de la Concertación, pero, de prosperar este pacto, ambos podrían extender su influencia hasta cubrir los dos tercios de la coalición. 

 

Son estos efectos electorales, y desde luego políticos, los que nos proponemos explicar en los siguientes párrafos. Desde el punto de vista metodológico, nos hemos servido de la votación histórica de los partidos en las cinco elecciones sucesivas de diputados habidas desde 1989 hasta 2005 en los sesenta distritos del país. A fin de hacer comparables y comprensibles los datos, estos han sido agrupados y expresados en porcentajes promedios de votación por distrito.

 

Las veintiuna omisiones PS/PPD

 

El primer efecto de la alianza PDC/PS opera sobre el sistema de apoyos y competiciones que desde hace dos décadas vienen ensayando los partidos socialdemócratas chilenos. Una de las expresiones de este sistema, son los pactos por omisión entre el PS y el PPD. Esto significa que cuando una de las dos colectividades ha postulado un candidato, la otra se ha inhibido de hacerlo para, de este modo, concentrar la votación e incrementar así el rendimiento electoral del aspirante.

 

Los partidos Socialista y Por la Democracia han concordado pactos por omisión en veintiuno de los sesenta distritos. En algunos distritos —como en el 7— la simetría de las votaciones entre candidatos socialistas y pepedés es tal, que no resulta fácil medir el impacto de la nueva correlación de fuerzas sobre el comportamiento del elector. Pero es precisamente en estos veintiún distritos donde debería ocurrir la diferenciación del voto PPD y PS. Se trata de distritos eminentemente socialistas y, por lo tanto, de los más cruciales en el eventual reajuste de los pactos.

 

¿Cuánto es el beneficio probable que podría obtener el PS de su pacto con la DC en estos veintiún distritos? La votación histórica de los candidatos socialistas se ha mostrado superior a la de los democratacristianos en 11 de los 21 distritos.

 

Asumiendo que la DC le reconociera al PS tal superioridad numérica, éste podría imponerse al subpacto PPD/PRSD en la mayoría de dichos distritos. Dependerá, claro, de los candidatos y de cuán sensibilizada se halle su base electoral. Porque, por ejemplo, en el distrito 7, donde todos los partidos parecen tener un respaldo equivalente, ocurre que de acuerdo a la elección de concejales de 2004, el PS figura con un bajo perfil. En las comunas que comprende el distrito —Andacollo, La Higuera, La Serena, Paihuano y Vicuña— el electorado que votó PPD representó el 28%, cuando la DC se empinaba al 20%, el PRSD al 9%, y el PS al 6%. Si el 26 de octubre se confirman estas proporciones, el PPD podría, sin grandes dificultades, arrebatarle el cupo parlamentario al socialista Marcelo Díaz.

 

¿Cuánto podría conseguir la Democracia Cristiana en los veintiún distritos? La DC podría lograr para sí seis distritos. Así pues, en el distrito 6 se concentra la más alta votación histórica de la DC, ante un PS con fuerte arraigo. Es cierto que ahí el PPD y el PRSD han conseguido una importante penetración electoral, pero ¿hasta qué punto ésta se verá ratificada en la municipal del 26 de octubre? El año 2004, en las comunas del distrito —Caldera, Tierra Amarilla, Vallenar, Freirina, Huasco y Alto del Carmen—, la DC captó el 19% de los sufragios, el PS el 13%, el PPD el 9%, y el PRSD el 7%. Por consiguiente, en un eventual pacto con el PS, la DC podría desplazar al radical Alberto Robles, actual parlamentario de la zona junto con Jaime Mulet.

 

¿Qué podría ganar el PPD aliado con el PRSD? El PPD podría quedarse con tres de los veintiún distritos: conservar el distrito 5, representado hoy por Antonio Leal, y conquistarles a los socialistas los distritos 1 y 12, por donde actualmente son diputados Iván Paredes y Marcelo Schilling.

 

Y el Partido Radical, ¿qué podría conseguir? El PRSD podría amenazar la continuidad del democratacristiano Patricio Vallespín en el distrito 57.

 

La competitividad PS/PPD/PRSD

 

Hay distritos en los cuales socialistas, pepedés y radicales no requieren la omisión de sus aliados, pues han conseguido cultivar su propia base de apoyo. En nueve distritos los candidatos del PPD nunca han sufrido la competencia de los partidos Socialista y Radical. Son los cupos seguros, los territorios políticos más afianzados, en particular, el distrito 18, del «girardismo».  

 

Lo mismo puede asegurarse del PS. Está implantado en siete distritos. En ellos no se ha dado la competencia del PPD ni del PRSD —aunque sí de la DC, pues es evidente que Roberto León ha logrado vencer las defensas socialistas del distrito 36—. Pero, en subsidio, ¿quién osaría retar a Carlos Montes en el distrito 38? ¿O a Sergio Aguiló en el 37? Son, a no dudarlo, bastiones socialistas.

 

Hay, sin embargo, zonas donde los socialistas no compiten con los pepedés, pero sí con los radicales.

 

En siete distritos el PS disputa el electorado del PRSD. Se trata de típicos casos en que el radicalismo precisa la aquiescencia socialista. Acaso el dato más emblemático de dicha vulnerabilidad, sea el que ofrece el distrito 33, donde el radical Alejandro Sule sucede al socialista Juan Pablo Letelier, quien pasó al Senado tras haber captado el 47% de los sufragios para diputados el año 2001. Lo mismo ocurre con los diputado Marcos Espinosa, en el distrito 3, y Carlos Abel Jarpa, en el distrito 41, cuyas legislaturas se levantan sobre la base electoral socialista. Distinto es el caso de Fernando Meza, en el distrito 52, donde el radicalismo cuenta con fuerza electoral propia.

 

Hay distritos donde el PPD no tiene competencia del PS, pero sí del PRSD. Por eso, en la competencia PDC/PS versus PPD/PRSD, estos últimos podrían conseguir sus mayores triunfos: recuperar los distritos 38 y 42, actualmente en poder de la DC, y consolidar su presencia en los distritos 11, 47, 51, 54 y 59. 

 

El potencial electoral de los partidos

 

Teóricamente, una lista de candidatos captura un asiento de la Cámara de Diputados cuando logra la adhesión de un tercio de los sufragios emitidos en el distrito. Los partidos —lo mismo que los pactos que han alcanzado este umbral— disponen por ello de un potencial electoral, un horizonte de máximo rendimiento electoral hacia dentro y hacia fuera de su coalición.

 

La alianza con el Partido Socialista podría reportarle a la Democracia Cristiana la supremacía electoral en veintiocho distritos. Puede agregarse a la nómina el distrito 23, donde la unión PDC/PPD logró en la última elección el 31% de los votos postulando a Clemente Pérez y a Leopoldo Sánchez.

 

La alianza con la Democracia Cristiana podría granjearle al Partido Socialista un óptimo de 16 distritos.

 

El potencial electoral del PRSD en subpacto con el PPD, podría asegurarle presencia parlamentaria en 3 distritos.

 

Por último, el potencial electoral del PPD, al formar pacto con el PRSD, y siempre en Concertación, le permitiría sostener su representación parlamentaria en 19 distritos.

 

El nuevo escenario

 

Actualmente, la Democracia Cristiana cuenta con 16 diputados. En la nueva correlación de fuerzas, podría elevar este número a 28 parlamentarios, y al 42% de la coalición.

 

El Partido Por la Democracia tiene 19 diputados, el 33% del conglomerado. Al pactar con el PRSD, podría conservar esta cifra, pero reduciendo al 29% su participación en el conjunto de la Concertación.

 

El Partido Socialista tiene 15 diputados, lo que equivale al 26% de la coalición. Podría incrementar su número en un parlamentario, aunque reduciendo al 24% su presencia en el conjunto de diputados concertacionistas.

 

Finalmente, el Partido Radical se representa a través de 7 parlamentarios, que equivalen al 12% de los diputados de la Concertación. Se vería reducido a 3 parlamentarios, y al 5% del conjunto del conglomerado.

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