Las Formas Primarias Del Terror

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¿Qué es el terror sino sentir miedo, un miedo intenso, acaso paranoico? ¿Y qué puede despertar en nosotros un miedo más intenso, sino aquello que amenaza convertirnos en víctimas de su agresión en cualquier tiempo y lugar, hagamos o dejemos de hacer algo, seamos negros o blancos, jóvenes o viejos, hombres o mujeres? ¿Qué puede crear mayor pánico, sino lo que nos ataca de modo impredecible, indiscriminado y arbitrario? ¿Qué violencia puede ser más feroz sino aquella contra la cual todo esfuerzo resulta inútil, pues no sabemos cuándo, dónde y cómo nos asaltará? Con la violencia terrorista no hay nada que conciliar, nada que negociar, nada que suplicarle. Con la violencia terrorista sólo se sufre la impotencia de estar siempre a merced suya.

 

Bastaría ver la procesión de Akuressa, sur de Sri Lanka —antiguo Ceilán—, para confirmar que frente al terror siempre nos encontramos inermes. Allí, mientras la multitud celebraba el nacimiento de Mahoma, la explosión provocada por un suicida se cobró la vida de quince personas y dejó heridas a otras treinta. La distancia y las circunstancias que nos separan de aquel país, podrían darnos una aparente sensación de seguridad: «aquí no ocurren esas cosas»; «aquí no podría ocurrirme algo así». Pero ésta es sólo una aparente certidumbre. Porque, aun cuando en Chile no suceden hechos tan terribles, lo cierto es que estamos viviendo y tolerando el grado primario de un proceso que podría escalar en gravedad. Dependerá de cuánto seamos capaces de hacer hoy.

 

¿No fue impredecible, indiscriminado y arbitrario el atentado explosivo contra la empresa de compraventa de automóviles? ¿Y el que destruyó la línea férrea de Quilicura? ¿Y si en ambos se hubieran registrado pérdidas humanas? ¿Quién estaría en condiciones de asegurar que eso no hubiera sido posible? ¿Con qué bases hay quienes sostienen que los autores de esos hechos no están conectados entre sí? ¿Con qué fundamento afirman que no existen móviles políticos ni grupos organizados tras esos episodios? Es como si quisieran medir el terror político con el rasero de la violencia social, lo cual entraña un error de análisis que, fatalmente, habrá de traducirse en un serio riesgo para la seguridad humana.

 

Pero vivimos y toleramos el grado primario de esta forma de terror. Así es: forma de terror, porque no otro es el control que tales grupos organizados ejercen sobre los desplazamientos de la población y el funcionamiento de los servicios. ¿No es acaso elocuente que tras una advertencia de bomba haya sido necesario evacuar la Municipalidad de Pudahuel? ¿No es acaso suficiente comprobar cómo cada año ocurren los mismos hechos de violencia que obligan a la gente a encerrase en sus casas? Lo dice Comunión y Liberación: «Es como si todos, en el fondo, nos resignáramos a que otros hagan memoria de un hecho injusto de la peor manera: recordando violencia con violencia.» Lo confirma la madre de los caídos, en cuya memoria unos buscan justicia, mientras otros justifican cada marzo los hechos de violencia social y estas manifestaciones rudimentarias del terror político.

 

Las personas y las comunidades tienen derecho a ser protegidas. Una sociedad civilizada tiene, asimismo, el deber de preservar aquello que la hace humana, y de impedir su degradación. Para eso existen las instituciones; para hacer valer la ley y el derecho, carrera en la cual la Policía y el Ministerio Público, hoy por hoy, están con asignaturas pendientes.

 

Hitos

 

Convocando a la acción

Reclamando autorías

Preparando el ambiente

Propagando la información

Desacreditando acciones y movimientos

Legitimando acciones y movimientos

El modelo normativo: centralidad estratégica; descentralización táctica

Luisa Toledo, madre de los hermanos Vergara 

Violencia contra violencia

Kathya Rojas Mora: ni policía ni joven combatiente

Jornada informativa 

Manifestaciones 

Amenazas de bombas 

Planes de contingencia 

Primeras formalizaciones judiciales

Ley de Seguridad Interior del Estado

El balance 1

El balance 2

El balance 3

El balance 4

El balance 5

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