Piñera, Berlusconi Y El Miedo A La Libertad

Este martes, por orden expresa de Rodrigo Hinzpeter, coordinador de la campaña de Sebastián Piñera, se prohibió al diario La Nación ingresar al Movistar Arena, e informar al país sobre la proclamación del candidato de la Alianza. La reacción de todos los sectores, y principalmente del Colegio de Periodistas, no se hizo esperar. Todos consideraron el incidente como un grave atentado a la libertad de prensa. Sin embargo, por toda justificación, y revelando la prepotencia y arbitrariedad a que podría quedar expuesta la libertad de expresión y de información, Hinzpeter declaró tajante: «Ese diario colmó nuestra paciencia».
 
A miles de kilómetros, en Italia, configurando un símil de lo ocurrido, otro incidente introduce un prisma crucial que permite dimensionar el asunto y anticipar el peligro que reviste para la democracia el ejercicio de un poder sin contrapesos sobre la información y la formación de la opinión. Ahí, el Primer Ministro Silvio Berlusconi ha resuelto emprender una acción judicial contra el diario La Repubblica, por repetir cotidianamente, y desde hace dos meses, diez preguntas sobre la vida privada y las aspiraciones políticas del Presidente del Consejo de Ministros.
 
En esta querella, que amenaza extenderse a los diarios L´Unita, fundado por Antonio Gramsci, y a otros medios extranjeros, como Nouvel Observateury y El País, Berlusconi, a la sazón controlador de seis canales de televisión, exige una indemnización de un millón de euros. Algo, a todas luces exorbitante. La prensa opositora cree que con ello se busca su silenciamiento y desaparición.
 
«Por primera vez en la historia de la información italiana las preguntas de un periódico terminan en un tribunal civil», ha escrito La Repubblica. Tal es el impacto causado, que ha podido despertar una amplia solidaridad de la opinión pública italiana, al punto que más de 140 mil ciudadanos han firmado un manifiesto a favor de la libertad de prensa. Entre los adherentes se cuentan figuras de reconocido prestigio como Umberto Eco, Roberto Saviano, Adriano Celentano, Dario Fo, Andrea Camilleri, Bernardo Bertolucci y Roberto Benigni.
 
El democratacristiano Dario Franceschini, líder del Partido Democrático, ha llamado al director de La Repubblica, Ezio Mauro, para expresarle su apoyo y el de su colectividad. Y el Vaticano canceló súbitamente una cena programada con el Primer Ministro, luego que Il Giornale —diario de un hermano de Berlusconi— propinara un duro golpe a la reputación del director de L’Avvenire, el órgano oficial de la Conferencia Episcopal Italiana.
 
Berlusconi ha respondido a La Repubblica, estigmatizando a su editor, Carlo De Benedetti, por su nacionalidad suiza, y a su director, a quien ha descrito como un evasor de impuestos. Se asiste así a una escalada de vetos y descréditos que sólo conduce al envilecimiento moral y político de la convivencia cívica y democrática de la península. Y en Chile se abre una incógnita acerca del destino de la libertad de expresión en un eventual gobierno de Piñera.

 

Tenemos muchas diferencias con Berlusconi

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