Una Buena Semana Para Frei

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En febrero, ligando la suerte de su candidatura al desempeño del gobierno de la Concertación, Eduardo Frei arriesgó un pronóstico: quien consiga manejar mejor la crisis ganará las elecciones. Esta semana se ha visto confirmado el primer enunciado de su vaticinio. El auspicioso indicador de actividad económica de agosto anuncia el fin de la recesión y el inicio de la recuperación. La prensa habla de la poscrisis, e incluso los observadores más cautelosos sostienen que antes de fin de año Chile podría mostrar tasas de crecimiento superiores a las proyectadas por el Banco Central, y no menos promisorias en materia de generación de empleos.

Ello es fruto del más gigantesco impulso fiscal desplegado hasta ahora, el que contra todo reproche al uso de los recursos públicos en período de campaña, ha sido hecho sin sacrificar el ahorro. La próxima administración heredará reservas por un monto cercano a los 15 mil millones de dólares. Un claro signo de madurez política, pues entraña la provisión para el futuro. Y asimismo un punto de partida inmejorable para el gobierno que desee ver realizado su programa desde el primer día.

La seguridad conseguida ha despertado una viva adhesión de la ciudadanía que, como nunca antes, se ha prodigado en reconocimientos a la autoridad económica encarnada en la Presidenta y en su ministro de Hacienda. La reciente encuesta de Adimark, entidad libre de sospechas pro oficialistas, revela que la popularidad del gobierno ha crecido paralela a su buen manejo de la crisis, al punto que 7 de cada 10 personas consultadas respaldan la actual conducción económica. Y si el sondeo no satisficiera el escepticismo, en subsidio deberían aquilatarse las impresiones que a diario entregan los líderes de opinión de los más diversos sectores. Por cierto, tales expresiones de aprobación y afecto constituyen la mejor garantía de legitimidad para un gobierno que ha sabido sortear no sólo las amenazas externas, sino también las complejas vicisitudes de una democracia que, como la chilena, abre anchos resquicios a las obstrucciones de la oposición y a las disensiones de sus propias fuerzas de apoyo.

Pero admitido el buen manejo de la crisis ¿cabe esperar que esta percepción se convierta en un voto de continuidad? Frei está en lo cierto al suponer que los electores, especialmente los más vulnerables, apoyarán a quien prometa seguir impulsando las políticas que les brindaron amparo en los momentos difíciles; porque nadie cambia lo que está bien hecho. Frei también está en lo cierto al suponer que la credibilidad de quien hace la promesa se nutre de la experiencia aprendida, pues nadie elige a ciegas.

Por eso, porque ilumina la experiencia, la noticia que trajo consigo el último informe sobre desarrollo humano del PNUD, es tanto o más crucial que las señales económicas comentadas. El Índice de Desarrollo Humano, que compara esperanza de vida al nacer, educación y producto interno bruto por persona en 182 países, ha situado a Chile en el segundo lugar de América Latina, después de Barbados, la pequeña isla caribeña de no más de 300 mil habitantes.

En 1975, antes de la reforma neoliberal, Chile ocupaba el lugar 37 en el mundo, y en América Latina se ubicaba después de Argentina, Uruguay, Costa Rica y Panamá. Pero al término del régimen militar había retrocedido al puesto número 45. Recién el 2005, cuando aún lo aventajaban Barbados y Argentina, el país pudo recuperar el lugar que tenía treinta años antes.

Hoy Chile exhibe la más alta esperanza de vida de la región latinoamericana, la que más que un dato sanitario ha de ser vista como patrón por excelencia del bienestar de una nación. ¡Quien nace en Chile podría vivir 79 años! En contraste, quien nace en Afganistán sólo podría vivir 44. La experiencia sin embargo enseña que se puede ganar vida cuando se siguen las estrategias correctas de desarrollo o, al revés, perder rápidamente la que se ha conquistado, cuando se ensayan caminos equivocados. Así lo demuestra el derrumbe de la Unión Soviética. En menos de un lustro, tras la instalación del mercado salvaje, la desintegración social, la pérdida de la seguridad social y civil, y la inestabilidad política, las esperanzas de vida de los hombres rusos se redujeron de 65 a 57 años.

Frei se sabe tributario de este progreso sostenido. Frei sobre todo confía que la ciudadanía sabrá reconocer los méritos y a los forjadores de este formidable avance. Y tiene razones para abrigar esta fe.

Una buena semana para Frei

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