La Nueva Derecha

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Non siamo ciechi, caro padre, siamo soltanto uomini. Viviamo in una realta’ mobile alla quale cerchiamo di adattarci come le alghe si piegano sotto la spinta del mare…

Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa

 

Así reacciona el príncipe Fabrizzio Salina, último resabio de la decadente aristocracia siciliana, ante lo que intuye como su fatal acomodo, y el de su clase, al nuevo mundo que adviene con la unificación italiana: «No somos ciegos, querido padre. Sólo somos hombres. Vivimos en una realidad móvil a la que tratamos de adaptarnos como las algas se doblegan bajo el impulso del mar.»
 
No ha pasado un mes desde la primera vuelta, pero como si desde entonces hubiera ocurrido un colosal cambio político, social y cultural, nos hemos convertido en espectadores del más sublime elogio de la derecha y de Piñera, que ni la derecha ni Piñera habrían podido escribir mejor sobre sí mismos. A pocos días de la elección, Eugenio Tironi y Patricio Navia nos descubren a otra derecha y a otro Piñera.
 
Eugenio Tironi, hasta hace algunas semanas figura destacada del comando de Frei, postula que Piñera ha fundado otra derecha. Una derecha post Pinochet y post UDI. Lo cual es una paradoja, habida cuenta que es esta misma derecha la que entroniza a la UDI como su principal fuerza electoral y parlamentaria, y la misma que salvaguarda la herencia constitucional de Pinochet.
 
Se trataría, según Tironi, de una derecha que hace aspavientos de haber estado con el No. Solo que, salvo Piñera, ahí no hay nadie que confiese haber votado por el No. Seguramente porque no hay nadie que haya votado por el No. Una derecha que, al decir de Tironi, no reniega del Estado ni de la protección social, lo que tendría que verse demostrado en los hechos, más que en las declaraciones. La experiencia enseña que las conductas más regresivas de la derecha son precisamente las que, desmarcándose de Piñera, exhibe en el Congreso. La lista de iniciativas legislativas rechazadas por la oposición en el Parlamento es bastante extensa como para detenerse en ellas, pero bastaría mencionar las reformas a la educación, a la salud, a la seguridad, sin hablar de otras que apuntan a la desconcentración económica, para sopesar cuan irreal es el presunto progresismo de la derecha. Tironi cree ver signos de evolución en una derecha que asume las uniones entre homosexuales, pero se olvida de las poderosas mordazas que sus líderes han debido imponer para moderar las resistencias al liberalismo ad hoc de su candidato presidencial.
 
Pero no sólo una nueva derecha nos revela Tironi; también nos advierte de un nuevo liderazgo. Si ayer el sociólogo fue deslumbrado por la figura de Sarkozy, hoy su fascinación es por una especie de Berlusconi a la chilena. Un Piñera que puede estar en múltiples actividades a la vez… viajes, fútbol, TV y política. Un candidato que muestra riqueza, méritos, capacidad, y no privilegios. Que, como el Primer Ministro italiano, transpira éxito y optimismo. Todo un artista; una celebridad. ¡Tan distinto a esos otros que se confunden con las miserias de la gente! Pero que expresan la genuina sensibilidad progresista, habremos de agregar.
 
Patricio Navia, al igual que Tironi, se declara simpatizante de la Concertación, aunque a diferencia de Tironi, respaldó la candidatura de Enríquez y ahora anuncia abiertamente que votará por Piñera. Dice que lo hará porque repudia las primarias truchas que habría organizado la coalición. Votará sin embargo por una derecha que jamás ha empleado nada parecido a un mecanismo de consulta para definir a su candidato. Empeñado en minimizar los costos de su decisión, Navia asegura que votar por Piñera no significa votar por los pinochetistas y conservadores. Ello abre interrogantes que, por su propia formación científica —como gusta manifestarlo—, el analista está obligado a responder: ¿dónde entonces se fueron los pinochetistas y conservadores? ¿Quién los representa en esta vuelta? ¿No existen estos pinochetistas y conservadores entre los 18 senadores y 58 diputados con los que Piñera habría de gobernar?
 
Navia está convencido que una eventual administración de la derecha sería transitoria, mas, si por el contrario se prolongara, sería porque dicho sector se habría convertido en una derecha democrática, liberal e incluyente. Peligrosa apuesta la de Navia, pues el mayor precio no lo paga la clase política exhortada por él a pedir perdón por sus errores y faltas —el perdón y la relación que establece entre las personas, no es un asunto político, como observa Hannah Arendt—; lo paga el país, sobre todo aquellos más pobres y desposeídos por los cuales Navia se hizo simpatizante de la Concertación.
 
Un solo hecho sigue siendo el decisivo. Si como todos coinciden, esta elección se juega en los márgenes, o sea, en las diferencias mínimas de votación entre Frei y Piñera, significa que cualquiera sea el nuevo rostro que se le quiera dar a la derecha, el país sigue alineado en torno a dos grandes y estructurales opciones políticas.

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5 Responses to La Nueva Derecha

  1. No hay que minimizar lo de Tironi, por supuesto, pero cuando escucho el nombre, mi cerebro agrega automáticamente “y Asociados“. Tironi es un comunicador a sueldo, primero, analista político, segundo, y militante, tercero (con suerte).

    La forma de entender su rol en el zoológico político nacional no es buscar coherencia política, sino la lista de sus clientes. Y don Eugenio, claramente, ya huele vientos de cambio.

  2. Giovanna dice:

    Coincido totalmente con lo expresado por ustedes.

    La candidatura de ME-O, que se autoproclamaba de izquierda democrática, progresista y suprapartidista, ha develado su verdad: los personeros de su campaña terminaron en la derecha como un plan indirecto para llegar a ella, porque la competencia entre los Tantauco y la elite partidaria de derecha es muy difícil de sobrellevar. Entonces, ¿qué es esa conducta, si no una traición flagrante a su propio discurso y , por cierto, a la confianza de quienes se sumaron a su crítica anticoncertación, y que nunca se tradujo en un programa de gobierno realmente pionero en justicia social?

    Aquellos que fueron a apoyar a Piñera, propugnando el nacimiento de una nueva derecha -símil del paradigma Berlusconi que tanto emula Tironi- nunca fueron personajes políticos de cursus honorum muy destacado, sino sólo opinantes de política con cierta presencia en los medios de prensa más tradicionales. Ellos nunca han sido activistas políticos que hayan luchado por mayor equidad en Chile, o por erradicar las fallas del mercado que son, en esencia, fallas de justicia social.

    Nadie puede recordar a Paul Fontaine, a Rodrigo Danús, a Cristobal Bellolio, a Patricio Navia y a Pablo Simonetti como férreos defensores de políticas que busquen un Chile más justo, un Estado que erradique las fuentes de concentración económica y que termine con el 13% de la población que vive bajo la línea de la pobreza.

    Por eso, ¿cómo pueden ofrecer una opción política capaz de encauzar, proyectar e implementar estrategias políticas en los derechos económicos y sociales que más se vulneran y cuyas mayores arbitrios no provienen del Estado, sino de agentes del mercado que abusan de sus posiciones dominantes? ¿Cómo pueden pretender que esa decisión de construir una nueva derecha, sea publicitada como un triunfo de su moralidad frente a la ideología de la corrupción? Creerles hoy, es contribuir a caer en su escenificación del engaño. Es en términos de delito -ya que les gusta tanto la crítica de la puerta giratoria- hacerse cómplices de su propia estafa.

    Luego, la comentada última columna de Navia explicando su apoyo a Piñera, no es más que una demostración de su total desprecio por lo que tanto dice defender. Navia no es un advenedizo en la Concertación; no es un excluído de ella y de su elite; tampoco es víctima de las grandes brechas sociales en Chile; y nunca ha defendido públicamente algún tipo de causa política. Su autoproclamada autoridad intelectual y técnica se ve muy disminuida si observamos su historia.

    Sus expresiones de reverencia a un Piñera escueto y lejano, su denuncia de primarias truchas en un conglomerado al que observa desde fuera, y sólo con testimonios de oídas y, finalmente, sus anglicismos para cosas tan simples, están muy lejos de un ciudadano -académico y analista, como le gusta llamarse- que defienda los valores de centroizquierda democrática que habría destruido la carencia de liderazgo de Frei.

    Recordemos que Patricio Navia, el politólogo, el self made man, the romantic and idelist with the politics poetry in his hands, our analist over seas, a propósito de sus oraciones fáciles e inocuas en inglés, arribó a Chile hace nueve años. En esa época, su aparición en CNN y su cercanía a los medios, vino acompañada de la autopropaganda. Que sus vínculos con periodistas y analistas del The Economist, que sus relaciones con miembros de la elite chilena presente en EEUU, que su amiga, la periodista Andrea Elliot, la misma que ganó el Pulitzer el 2007, que sus lazos con los miembros de Expansiva, cuando recién se formaba, que admiraba a los miembros de Cluster Chile, que las redes digitales al estilo Atina Chile, donde siempre fomentaba esta fama…

    Pues bien, agreguemos que al llegar a la revista Capital, ya sabía quién era quién en el mundo del retail, del mercado de capitales, de la agroindustria, y, sobre todo, de las mineras; que su crítica y apoyo posterior -siempre oscilantes- al negocio del siglo: el proyecto Gaby. Que sus conocimientos de Juan Somavía en la OIT, que Eduardo Engel en Yale, que las novelas y cuentos de Sebastián Edwards, y su trabajo desde el MIT, hasta las asesorías en California, y, además, Ricardo Caballero -el boom chileno de la crisis- y su aporte a la Harvard Business Review. A todos decía conocerlos, y parecía conocerlos en sus ámbitos. Era, y sigue siendo, un socialité de la política.

    Sus opiniones pasaban por distintos programas de TV y, de a poco, fue convenciendo que si bien su análisis venía desde EE.UU., y entendía cómo nos veían allá, él ya tenía una mirada superior, más autoexigente, más sólida, más técnica y progresista. Esto, por varias razones: era chileno, sufrió la discriminación en Illinois -la cuna de Obama-. En su niñez, mientras vivía en nuestro país, no profesaba la religión mayoritaria, ya que era de familia adventista. Vio la pobreza de los 70′ en las muy conservadoras, atrasadas y derechistas ciudades de Los Angeles, Temuco, Osorno y Valdivia. Luego, su mayor trofeo fue su elevada calificación académica, la que aseguraba una muy racional oposición a la derecha. En fin, tal y como lo hizo en sus inicios: su mayor gracia era que ejercía la cátedra en EE.UU., y que probablemente sería vitalicia, como el caso del actual ministro Velasco en Harvard.

    Luego, lo anterior lo hizo, lo dijo y lo escribió, alabando a la Concertación y a su conquista del crecimiento con equidad. Siempre desde fuera, como dice él, con independencia, pero sin ese casi romántico y arrogante “Patricio, un votante tuyo” con que se despide de Piñera.

    Entonces, ¿cómo puede darse autoridad para continuar en su crítica y ampararse en una consecuencia que no tiene, en un compromiso que arranca de cuajo toda la principiología que dijo defender? ¿O es que los más sencillos electores debemos entender que el politólogo es así, cambiante según las circunstancias?

    • El testimonio entregado hoy en El Mostrador por Javier Campos, poeta y profesor de literatura latinoamericana, Fairfield University, Connecticut, quien conoció a Navia en el círculo “Chile-L” a mediados de los 90’, hace todavía menos comprensible el giro político dado por el columnista.

      Campos relata que todos los miembros de “Chile-L” se consideraban «de izquierda o progresista porque era casi inaceptable que se permitiera a un pinochetista, derechista, y menos alguien que creyera a pie juntillas en el sistema capitalista, aunque muchos gozábamos del mismo sistema para criticarlo.» «Tampoco era aceptable criticar a Cuba… Plantearlo en “Chile-L” era ser condenado a la inquisición y transformarse en el diablo».

      Campos, sin embargo, se detiene sólo en una defensa de la calidad intelectual de Navia —que nadie, ni los blogueros más irreverentes han puesto en duda, porque les resultaría difícil hacerlo—, eludiendo el hecho crucial, que es el de la coherencia en política… ¡En política! Pues, para juzgar otras cosas están la teoría y el método científico. Es sobre este hecho que sus antiguos compañeros, cuyas críticas Campos prefiere hundir en la ciénaga de envidias chilensis, lo interpelan.

      Mas, cuando el poeta insiste en reivindicar la trayectoria de Navia, esta que le ha permitido llegar «a un nivel importante en Chile, no sólo creando opinión pública, sino también instalándose en un nivel privilegiado», habrá que subrayarle que quienes reconociendo, y no negando sus méritos, lo acogieron y le abrieron las puertas de Chile, fueron precisamente aquellos a quienes hoy da la espalda para precipitarse presto a los brazos de Piñera. A lo menos hablo de Andrés Velasco y de Expansiva, el quinto partido del oficialismo, sus puentes de plata hacia las redes de poder internas.

      Huelga sólo una pregunta: ¿Por quién votará Javier Campos? ¿Lo hará por Piñera?

  3. carlos dice:

    No es una nueva derecha. Es la misma encubierta y solapada que considera que es el momento de lanzarse. ME-O con resabios desde Lagos, cuando le dieron puerta, pedía la renuncia de todos los presidentes de partidos de la Concertacion para mantenerse vigente. Lo manifestó Navia dos días antes. Estaban de acuerdo; no hay duda.

    Ahora ¿quién le creerá a Navia? ME-O sueña que con su actitud será un referente futuro, pero la traicion no es referente. No lo olvidaremos. Jamás tendrá nuestro voto. ¡Si ya perdieron! ¿Qué más buscan? Serán olvidados por más farándula que hagan.

    • ¿Cuántos en la Concertación siguieron los consejos de Patricio Navia creyendo que era un genuino exponente de las ideas progresistas? ¿Cuántos vieron en sus reflexiones una crítica honesta a los errores que, como en toda empresa humana, han cometido la coalición y sus partidos?

      Hoy Navia nos revela cuan consistente es su visión del país y de la política. El 28 de diciembre le confiesa a Piñera: «Como creo que vas a ganar la elección, me permito desearte sabiduría y capacidad para hacer un gran gobierno. La Concertación lo hizo muy bien, así que la barra está alta. Pero si tu gobierno lo hace bien, entonces todo Chile se beneficiará. Yo estoy oficialmente indeciso.»

      Unos días después, el 4 de enero, le comunica su decisión: «Este fin de semana me decidí. Votaré por ti. Voy a escribir una columna explicando mis razones. Creo que serás un mejor presidente que Frei y al final it comes down to that (de eso se trata). Desconfío de mucha gente en la Alianza, especialmente en la UDI. Pero al final los capitanes son más importantes que la tripulación, y tú eres mejor capitán que Frei. Además, creo que has armado un buen equipo. Yo y millones de chilenos te estamos dando nuestra confianza. I am sure you realize that (estoy seguro de que te das cuenta de eso). Un abrazo y que te iluminen los astros, tu fe y tus buenos consejeros. Un abrazo. Un votante tuyo, Pato.»

      He aquí revelado en toda su elocuencia el verdadero propósito de la estrategia de descabezamiento y desprestigio de los partidos políticos. Como afirma Mariano Ruiz-Esquide: «Cuando la incertidumbre deja caer sus sombras de duda sobre los partidos políticos, el mensaje de Tomic, Frei y Leighton se torna genuina fuente de renovación de la política.» Esta es la plaza fuerte que da amparo a las más caras convicciones.

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