Los Riesgos De Futuro

Impreso
 
En Chile, alrededor de un millón y medio de niños tiene menos de seis años. Por sus condiciones de salud, cultura y protección muy superiores a las de sus padres, estos niños podrían vivir hasta el año 2090 y, en su octogenaria trayectoria, llegar a convertirse en protagonistas de cambios aun más profundos y vertiginosos que los vividos durante el siglo pasado. Puede ser que entre ellos anide el semillero de líderes, políticos, científicos, artistas e intelectuales, que tomen a su cargo la conducción del país y lo proyecten a mejores horizontes de realización. Pero también puede ser que para muchos de ellos, el mañana sólo sea el laberinto donde se pierden las ilusiones y esperanzas de justicia y libertad de todos nosotros.
 
¿Qué nos pone frente a uno u otro destino? ¿Cuál es la línea divisoria entre una vida plena y otra lacerada por la adversidad? Nos la ha mostrado la encuesta Casen que, por estos días, confundida con los avatares de la política contingente, ha vuelto a exhibir la inveterada brecha de ingresos que separa a ricos y pobres. La Casen confirma que las diferencias sociales, medidas por las retribuciones al trabajo y a la propiedad privada que las personas transan en el mercado, han aumentado ostensiblemente en los últimos cuatro años. La Casen también acredita que, en el mismo período, todos vieron acrecentarse los ingresos derivados de la propiedad social y del Estado, o sea, de transferencias tales como pensiones básicas solidarias de vejez e invalidez, aportes previsionales solidarios de vejez e invalidez, subsidios de cesantía, subsidios familiares, subsidios de discapacidad mental, asignaciones familiares, subsidios al pago del consumo de agua potable, alcantarillado y tratamiento de aguas servidas, bonos de protección familiar y de egreso, bonos de apoyo a la familia, subsidio eléctrico y otras prestaciones.
 
Por cierto, éstos no son hechos fortuitos. Los sueldos, jubilaciones, intereses o rentas que se intercambian en el mercado no son productos del azar, como las protecciones sociales de responsabilidad del Estado no se crean ni se otorgan por ventura. Los llamados ingresos autónomos y monetarios son asuntos de política. La jerarquía de deciles y quintiles obedece a decisiones sobre la justicia. Envuelve una deliberación racional acerca de la distribución más equitativa del producto socialmente generado. Entraña un juicio sobre la verdad y la bondad de la estrategia de desarrollo. Y, en consecuencia, comporta una opción sobre cómo controlar el riesgo y sobre cómo construir la solidaridad entre generaciones para, de este modo, asegurar a todos los niños de Chile la conquista real de sus esperanzas de vida al nacer. A todos los niños, pero preferentemente, a los más expuestos al riesgo, como aquellos atendidos por la Junta Nacional de Jardines Infantiles.
 
¿Por qué la Junji? Porque en instituciones como ella los niños se juegan su suerte. En la Junji, donde la cuarta parte de las madres de niños a su cuidado son adolescentes de entre 11 y 19 años, y la mayoría de sus progenitores no supera los 30 años de edad. Donde ocho de cada 10 madres son mujeres trabajadoras, viven con ingresos inferiores al salario mínimo, y más de un tercio es jefa de hogar. Donde, en fin, la casi totalidad de los menores de seis años protegidos por su red de establecimientos sigue controles médicos periódicos, recibe una alimentación segura, y una socialización que los dispone al saber y el aprendizaje.
 
 
 
 
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