La Huelga de Hambre

Impreso
 
Para la opinión pública el hecho pasó inadvertido durante 40 días. La televisión había optado por centrar su atención en el drama de la mina San José, hasta que, reconvenida por sus silencios, resolvió darle espacio en los noticiarios. Fue cuando informó que desde el 12 de julio 32 presos mapuches se encontraban en huelga de hambre en las cárceles de Concepción, Angol, Valdivia y Lebu. El de los comuneros mapuches no sólo parecía un reclamo fácil de entender, sino que fijaba con precisión las condiciones de una negociación, que no era judicial ni carcelaria, sino eminentemente política. Los comuneros rehusaban ser juzgados por la ley antiterrorista y por la justicia militar, por lo que dejaban a las autoridades ante la única opción de desistirse de las querellas y de efectuar una nueva formalización.
 
Con esta convicción, y aunque algunos ya empezaban a mostrar las primeras secuelas de la privación de alimentos como pérdida de peso, desmayos, calambres, dolores de cabeza y trastornos del sueño, aseguraron que iban a persistir en su propósito hasta la fiesta del Bicentenario. Lo que podrían hacer, como lo demostró hace tres años Patricia Troncoso. Recordemos que la activista logró sobrevivir después de 110 días de ayuno, cuando en el límite de la inanición y contra su voluntad le fue inyectada alimentación intravenosa.
 
La huelga de hambre consiste en abstenerse de ingerir alimentos con el fin de presionar a los poderes públicos. Es un medio legítimo y eficaz de no violencia activa, regulado incluso por las convenciones internacionales. La practicó el pacifista Mahatma Gandhi para exhortar a la unidad de las distintas facciones que luchaban por la descolonización de la India. La empleó el filósofo francés Emmanuel Mounier contra el régimen colaboracionista de Vichy. Y en 1981, el militante del IRA Bobby Sands perdió la vida en una de ellas exigiendo garantías carcelarias. En Chile la usaron las organizaciones de derechos humanos bajo la dictadura de Pinochet, siendo una de las primeras la protagonizada por un grupo de jóvenes democratacristianos que reclamaban el término del exilio impuesto al jurista Jaime Castillo. Pero quizá el caso más emblemático, por tratarse del último recurso al alcance de un preso político, sea el de Orlando Zapata, disidente cubano que murió en la cárcel tras 85 días de abstinencia.
 
La huelga de hambre, por ser un acto voluntario, pertenece al dominio íntimo de la persona, que, no por libre y personal, ha de ser confundido con un acto suicida, puesto que los ayunantes no desean morir, sino sólo conseguir su objetivo: un juicio justo. Esta motivación transforma la acción en un asunto colectivo o, más precisamente, en una cuestión política.
 
La huelga busca movilizar al gobierno, a la justicia y al Parlamento, pero busca hacerlo a través de una interpelación moral a la opinión pública que, ante el umbral de la muerte, se ve exigida a solidarizar con los afectados. ¿Cuándo aparece este umbral? ¿Cuándo se torna verosímil la crisis? El umbral crítico está dado por la negativa de los mapuches a recibir alimentación y por el eventual uso de la fuerza de Gendarmería para vencer dicha resistencia. La Convención de Malta sobre Personas en Huelga de Hambre considera un trato inhumano y degradante la alimentación forzada, la alimentación con amenazas, presión, fuerza o uso de restricción física, o cuyo fin sea intimidar o presionar a otras personas en huelgas de hambre para que depongan su actitud.
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