Banalización Y Resurgimiento

pdf

Los trágicos sucesos acaecidos en Chile durante este año, como el terremoto de febrero, los mineros atrapados en la mina San José, la huelga de hambre de los comuneros mapuche, y la muerte de 81 internos en la cárcel de San Miguel, constituyen crisis que, como suele ocurrir en épocas de transición, han puesto a prueba la capacidad de dar gobierno. Son dramas humanos que, para pesar de todos aquellos que cifraron sus expectativas en los nuevos aires que habría de traer la victoria de la derecha en las urnas, confirman serias falencias de conducción política. Episodios que agudizan las injusticias, las discriminaciones y las opresiones padecidas por amplias capas de la población, y que ponen al desnudo la brecha de gobernabilidad abierta entre la actual administración y la ciudadanía. Para el caso, es ilustrativa esa fatal regla de oro del Ejecutivo según la cual sólo hay dos tipos de problemas: los heredados del pasado, y los que se resuelven en el futuro. Luego, como no existen los problemas del presente, sino los que se arrastran por décadas, y que, por su gran magnitud requieren soluciones de largo plazo, nadie siente la responsabilidad política de rendir cuentas de nada.

Estamos en presencia de una precaria gobernabilidad que, a su vez, es síntoma de la pérdida de altura política, de seriedad intelectual y moral, y de razonamiento y argumentación rigurosos. El divorcio entre la intelectualidad de centro-izquierda ―que otrora iluminó la comprensión del Estado, de la sociedad y de la cultura― y una clase política perpleja y, a ratos, presa de la misma superficialidad que critica, explican el vacío de sentido y la consiguiente degradación del debate público. Mientras, una opinión que posa de progresista, procura mostrar a la elite gobernante como la encarnación de una nueva y virtuosa complejidad política, económica, social y cultural.

Pero la única complejidad realmente observable es la de un país que aspira a la justicia, a la libertad, al respeto y al reconocimiento. Una complejidad que no responde a los cánones culturales de la derecha, pero que, a falta del necesario vínculo entre el pensamiento y la acción política, no halla cauces de representación en el mundo de la centro-izquierda. Bastaría hacer un examen de los valores prevalecientes para confirmarlo. Es lo que hizo un reciente sondeo de opinión de la Universidad Diego Portales. Según éste, 8 de cada 10 personas creía que el uso de la píldora del día después era facultad de las mujeres. 9 de cada 10 afirmaba que una madre soltera podía criar a su hijo. 8 de cada 10 entrevistados consideraba que el divorcio era la mejor solución para una pareja que no pudiera resolver sus problemas. La misma proporción estaba de acuerdo con que las parejas vivieran juntas antes de casarse. 7 de cada 10 encuestados pensaba que un enfermo terminal tenía derecho a solicitar una muerte asistida. Y la mayoría veía la homosexualidad como una opción legítima. ¿Dónde encuentra espacio esta sensibilidad? ¿Dónde está la reflexión que da cuenta de ella? ¿Dónde el discurso que lo traduce en mensaje movilizador? No hay respuesta.

Si los grandes hombres enmudecen, la sociedad se barbariza, escribía el sociólogo italiano Francesco Alberoni. Y expresaba así su malestar: «Estoy cansado de ver elogiar el modelo de multimillonarios que hacen ostentación de su riqueza, de embaucadores que viven de los chismes, de ignorantes que la gente toma como ejemplos de conocimiento y sabiduría, de políticos que se lamentan y no hacen un análisis político-social riguroso. Y de no escuchar hablar de manera profunda a los grandes estudiosos, a los grandes intelectuales».

También aquí parece llegado el momento de que la centro-izquierda salga de su perplejidad, abandone el rincón al que se ha relegado, y pase al frente de la escena. Porque cada día que pasa se torna imperativa la emergencia de una gran fuerza que retome las banderas de la justicia y la libertad, y, de manera urgente, se haga cargo de restablecer el equilibrio y la estabilidad indispensables para mejorar la vida de los chilenos.

Anuncios

One Response to Banalización Y Resurgimiento

  1. Raúl Basualto dice:

    Primero que todo, estamos en presencia de la misma “gobernanza” (no gobernabilidad) que ha dirigido Chile desde antes de la Republica…Chile, tiende a la mantención de las formas, la política del chorreo y la reproducción de la nueva miseria tienen el respaldo del ethos de la Colonia y la República…y la ignorancia de la masa, que favorece el mantenimiento de la “OLIGARQUÍA AMORFA”…el pueblo chileno nunca se ha caracterizado por generarse una amoralidad, nunca hemos sido tercos como sociedad a excepción de algunos lapsus históricos…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: