Una Lección De Probidad

 

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La Oposición ha resuelto presentar la acusación constitucional contra la intendenta de Biobío Jacqueline Van Rysselberghe y, por toda respuesta, el Ejecutivo ha buscado trivializar  las causas que la originan. El ministro del Interior, y ahora Vicepresidente de la República, que al principio necesito largo tiempo para formarse convicción acerca de las responsabilidades envueltas en el asunto, que luego confirmó en su puesto a la intendenta, declarando que no había méritos para una acusación, para después dudar de la genuina voluntad de los parlamentarios de llevarla a cabo; esta vez ha dicho que se trata de una majadería, o sea, de un hecho necio y carente de razón.
 
Al mismo tiempo que ocurre esto en Chile, en Alemania, Karl-Theodor zu Guttenberg, una de las figuras más destacadas y prometedoras del gobierno de Angela Merkel —de sobresaliente talento político, dirá ella—, renunciaba al cargo de ministro de Defensa y a su escaño de diputado en el Bundestag. A mediados de febrero Guttenberg fue acusado de haber copiado su tesis doctoral por la que obtuvo distinción máxima en la Universidad de Bayreuth. «La acusación de que mi tesis doctoral es un plagio es absurda», dijo entonces. Pero, en las siguientes dos semanas la presión sobre el ministro aumentó al punto de hacerse insoportable para él, aunque no para el Gobierno ni para la Canciller, francamente sorprendida por su decisión.
 
Se pronunció el mundo académico, político e intelectual de Alemania. Se generó un movimiento de opinión que incluyó la carta de protesta firmada por unos 50 mil universitarios. Se desató una guerra mediática entre los diarios Bild, defensor de Guttenberg, y Der Spiegel, su más firme detractor. Y la universidad le retiró el título de doctor. Finalmente, el político conservador, y segura carta para suceder a Merkel, sucumbió a la evidencia: «Tomo esta decisión no sólo por mi error en la tesis doctoral, aunque entiendo que éste sería ya un motivo para la mayor parte de la comunidad científica. La otra razón es si estoy en capacidad de ejercer al máximo nivel mi responsabilidad. Siempre estuve dispuesto a luchar, pero subestimé los límites de mi poder».
 
¿Podemos aspirar a los cánones de verdad y bondad que movilizaron a la opinión pública germana? ¿No estamos en presencia de los mismos principios éticos que nutren la vida de las sociedades civilizadas? Y si el plagio, que daña el prestigio científico de Alemania, ha sido suficiente para provocar la caída de un ministro, ¿por qué habría de ser una necedad perseguir la mentira, justificada y exaltada, como fundamento de la política pública? ¿No es mayor el perjuicio causado por una autoridad que decide la vida y el destino de miles de damnificados, que el ocasionado a la comunidad científica por la práctica del copypaste?
 
¿Dónde está la verdadera sin razón de todo esto? ¿No está acaso en negarse obstinadamente a reconocer el error y a enmendar el curso? Un hombre de derechas, como es Renato Gazmuri, ha escrito que «si alguien ha actuado en forma corrupta ha sido Jacqueline van Rysselberghe. Armó todo un tinglado para otorgar beneficios a pobladores que no reunían los requisitos para obtenerlos. Todo con dineros fiscales que sí debían ser asignados a los verdaderos damnificados y que, de prosperar el ilícito, habrían sido los directamente perjudicados. Si ella no logró cumplir su torcido objetivo no fue por arrepentimiento sino porque fue descubierta antes de finiquitar el delito; tal como el ladrón que es sorprendido infraganti y detenido sin poder concretar el robo». Éste es precisamente el desempeño negligente sancionado por el artículo 8º de la Constitución Política e invocado como mérito de la acusación.
 
Al igual que Guttenberg, la intendenta Van Rysselberghe debería preguntarse honestamente si se encuentra en capacidad de ejercer al máximo nivel su responsabilidad.

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El fraude de las falsas tesis doctorales
Desbordes: cuando se trata de temas éticos, dejamos en libertad de acción a nuestros diputados
Hernán Larraín: Van Rysselberghe incurrió en una irregularidad
Guttenberg: “He llegado al límite de mis fuerzas”
El cansancio de Jacqueline van Rysselberghe
El Ícaro de Berlín
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2 Responses to Una Lección De Probidad

  1. Desde luego, se trata de una lucha de valores. Aquí las razones éticas buscan imponerse sobre los propios controles políticos y sobre el comportamiento de los mercados. Si hubiera dependido de la voluntad de Angela Merkel, Guttenberg aún ocuparía el cargo de ministro. Merkel entendía que no existían motivos para removerlo, pues no lo había nombrado ministro por sus títulos académicos, sino por su capacidad política. De este modo, la censura pública a Guttenberg era expulsada de la esfera política y enviada sin éxito al campo de la academia.

    En nuestra escala de valores constituye una falta ética conseguir un título profesional con una tesis elaborada por otros. Es considerado un ilícito que viola las reglas mediante las cuales el candidato debe demostrar su idoneidad profesional y, más tarde, su competencia laboral. No es por nada que, junto a la información personal, el primer antecedente que consigna un currículum vitae sea la educación formal del postulante. Sin embargo, estas reglas coexisten con mercados donde se transan tesis doctorales y tesis de grado, y cuyas ventajas se publicitan sin escrúpulos, como se revela en el impactante artículo El fraude de las falsas tesis doctorales. ¿Que esto ocurra y no reciba sanción, significa que sea éticamente correcto? ¿Qué sucedería si, como en WikiLeaks, se hicieran públicos los archivos de aquellas empresas y quedaran al descubierto los nombres de sus usuarios?

    La misma lucha de valores salta a la palestra con el caso subsidios. El Gobierno ha mantenido a la intendenta en su cargo amparándose en la buena intención de su conducta. Pareciera decirnos «no la he nombrado porque supiera decir la verdad, sino porque es bien intencionada». Al Gobierno no le ha importado el uso del engaño como medio para obtener recursos, sino la capacidad política de Van Rysselberghe. Así, el reproche de la opinión ha sido sacado del ámbito político y relegado al campo de las querellas personales. Y otra vez la pregunta de fondo es esta: ¿debe la política tolerar y legitimar la mentira como instrumento de su quehacer?

  2. Luis Sanchez dice:

    Comparto plenamente el contenido del artículo. Una condición de borde para avanzar en el perfeccionamiento de nuestra democracia es elevar los estanadres etgicos que regulan la vida politica. El caso de la Intendenta de la Región del Bio Bio es un ejemplo de lo que no debemos aceptar en nuestro pais.

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