Movimientos sociales y generación de liderazgos carismáticos

 

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En 1973, Carlos Huneeus escribió para la entonces fecunda Corporación de Promoción Universitaria, CPU, un pequeño ensayo titulado «Movimientos estudiantiles y generación de elites dirigentes». En este texto, hoy de consulta obligada para quienes buscan entender el proceso de reforma universitaria de los años sesenta, el académico demostraba con notable rigor intelectual cómo los movimientos estudiantiles habían favorecido la emergencia de liderazgos carismáticos que más tarde darían origen a nuevos partidos políticos.

Y es que los nombres de Miguel Enríquez, Jaime Guzmán, Rodrigo Ambrosio, y Luis Maira están indisolublemente ligados al nacimiento del MIR en 1967, del Movimiento Gremial en 1968, del MAPU en 1969, y de la Izquierda Cristiana en 1971. Estudios posteriores han podido revelar la enorme gravitación que tuvieron en la transición democrática chilena los dirigentes estudiantiles surgidos durante la llamada década prodigiosa.

Por estos días, a miles de kilómetros de Chile, el sociólogo italiano Francesco Alberoni dedica su habitual columna semanal a «La presión por el cambio de los movimientos colectivos». En ella, Alberoni procura sacar lecciones del malestar social que agita a los países árabes, lo mismo que a las naciones europeas. También aquí su tesis fundamental sostiene que la irrupción de los movimientos sociales ha sido y es fuente de nuevos liderazgos y de nuevas formaciones políticas. Ofrece como ejemplo, el derrumbe de la Primera República —hacia 1989-1994— a instancias de la movilización social que sacude a Italia en aquellos años. Observa cómo, a partir de ella, se gestaron las cuatro agrupaciones políticas que desde aquel tiempo han dominado la escena política italiana. Estas serían: La Liga, coalición formada por Umberto Bossi; el movimiento pro referéndum, impulsado por el democratacristiano Mario Segni; la acción judicial Manos Limpias, promovida por el ex magistrado Antonio di Pietro, y que luego daría nacimiento al partido Italia de los Valores; y Fuerza Italia, fundada por Silvio Berlusconi y convertida después en El Pueblo de la Libertad.

Sin embargo, el curso trazado por todos estos nuevos partidos, que se pensó desembocaría en un sistema de dos grandes bloques, nuevamente ha comenzado a desvanecerse por la acción de los movimientos sociales. La recomposición se habría iniciado en la izquierda, con la realización de elecciones primarias, mecanismo que permite el ascenso de los líderes carismáticos así como la formación de nuevos partidos. Pero también estaría tocando a la derecha, actualmente inmersa en una severa crisis de conducción que sólo anuncia la aparición de nuevos movimientos.

En Chile, las experiencias de Ch1, del PRI y del PRO, que rompen con la Concertación y anticipan su derrota de 2009, son premonitorias de esta «hora de los movimientos» que se inaugura con las protestas de Magallanes, y que se instala como tendencia estructural en las masivas movilizaciones estudiantiles y en las manifestaciones públicas contra Hidroaysén. Todo ello en medio de la crisis de representación que afecta al sistema político chileno, y de las fuertes expresiones de descontento que empiezan a hacerse sentir en los partidos.

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2 Responses to Movimientos sociales y generación de liderazgos carismáticos

  1. Estimado Rodolfo comparto el fondo, pero no se hasta que punto los movimientos que mencionas en Chile, como de renovación, no son sino expresión díscola dentro de los esquemas tradicionales de la política y no son expresión del “nuevo descontento” social.

    • Estimado Waldo: Lo que digo es que si surgen Chile Primero, hoy camino a convertirse en partido político, el PRI, con un 7% de respaldo electoral en la última municipal, y un PRO, cuyo líder natural consigue el 20% del apoyo ciudadano en la primera vuelta presidencial, es porque se dieron condiciones objetivas para romper los equilibrios pre-existentes. En este sentido son renovadores (remudan, ponen de nuevo o reemplazan algo), y no en el sentido altruista en que pareces estar pensando la idea de renovación (mejorar, superar, sublimar algo). Lo importante es que con su comportamiento tránsfuga esas expresiones anticiparon la crisis de representación que afecta a nuestro régimen político.

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