Mito y realidad de la adhesión política

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Introducción

En los párrafos que siguen se ofrece un examen de la opinión política nacional, a través de la indagación de las ocho variables que regularmente acaparan la atención del país. Estas son: la identificación con el Gobierno, la identificación con la Oposición, la aprobación y la desaprobación al Presidente, la aprobación y la desaprobación a la Coalición por el Cambio, y la aprobación y la desaprobación a la Concertación. Para lograr este propósito, se han empleado los datos proporcionados por la encuestadora Adimark en los sucesivos sondeos mensuales de opinión realizados desde diciembre de 2006 —cuando se dispone de información comparable y verificable por el público— hasta junio de 2011 . Por consiguiente, el periodo abarca  los gobiernos de Michelle Bachelet y de Sebastián Piñera, así como el cambio ocurrido en la escena nacional con la elección presidencial de 2009-2010.

1/ Un gobierno con débil sustentación en la cultura política

Se ha dicho que el castigo de la opinión al gobierno del Presidente Sebastián Piñera es en realidad una expresión de descontento generalizado contra la clase política. Se ha sostenido y repetido —a veces de un modo literal, como cuando un copy paste se reproduce sin cesar en las redes sociales—, que la opinión pública está repudiando por igual a la Coalición por el Cambio y a la Concertación. Incluso, sectores oficialistas han tomado con cierto alivio que la desaprobación sea más elevada en la Concertación que en la Coalición, y ven con satisfacción que quienes le retiran su adhesión al Gobierno no pasen a engrosar las filas de la Oposición.

La realidad sin embargo enseña un comportamiento más complejo de la opinión pública. Un patrón que no confirma esta pretendida equivalencia, según se puede comprobar a lo largo del último lustro. La caída de la popularidad presidencial impacta fuertemente en la adhesión a la Coalición por el Cambio, pero el descenso de la Coalición por el cambio no tiene efectos sobre la desaprobación a la Concertación. Cuando la opinión pública escarmienta a la Coalición, no descarga su insatisfacción sobre la Concertación. Pero, cuando la opinión se ve instada a quitarle el respaldo a la Concertación, desaprueba a la Coalición, imputándole las causas de su desafección. Así, la impopularidad de la Coalición se debe a sus errores; el descontento con la Concertación, en cambio, se debe a sus errores y al comportamiento de la Coalición.

Lo que sí tiene impacto sobre la adhesión a ambos conglomerados, es la caída de la identificación con el Gobierno. La pérdida de identidad de la opinión pública con el Gobierno, se traduce en un aumento de la desaprobación a la Coalición por el Cambio y asimismo a la Concertación. Parece de suyo evidente que quienes le retiran su apoyo al Ejecutivo hagan lo mismo con la alianza política que ocupa los cargos gubernamentales. ¿Pero qué lógica tendría retirarle su apoyo al Gobierno y desaprobar al mismo tiempo el desempeño del pacto opositor? Podría sostenerse, como usualmente se hace, que la gente descarga sobre la Concertación la insatisfacción que le provoca un mal desempeño del Gobierno originado en el llamado obstruccionismo de la Oposición. Mas, en tal caso, lo esperable sería que quienes apoyan al Gobierno fortalecieran sus lealtades hacia él y repudiaran por igual a la Concertación y a la Oposición. Lo que en realidad ocurre es que quienes se identificaron con el Gobierno y ahora le mezquinan su apoyo, endosan a la Concertación los costos derivados de aquella elección y de su posterior cambio de opinión. Y aunque no todos los desengañados pasan a identificarse con la Oposición, a medida que el Gobierno pierde credibilidad, crece la afinidad con la Oposición.

Usualmente se afirma que esta mayor identificación con la Oposición se debe a la insatisfacción de la ciudadanía con la Concertación. Un mal desempeño del pacto de centroizquierda empujaría a los desilusionados a retirarle su respaldo pero sin abandonar a la Oposición. Los datos demuestran que quienes se adscriben en la Oposición no inciden mayormente en la pérdida de apoyo de la Concertación, como sí lo hacen quienes se han desencantado del Gobierno. En consecuencia, el crecimiento de la Oposición no sólo no ocurre a expensas de la Concertación, sino que podría marchar en plena concordancia con el crecimiento de la Concertación, si esta última consiguiera sintonizar con las motivaciones que han conducido a esta mayor identificación de la población con la Oposición.

La clave de esta creciente adhesión a la Oposición se encuentra en la irrupción de los movimientos subpolíticos de Magallanes, Hidroaysén y contra el lucro en educación, ocurrida a partir de enero de 2011, cuando se produce un fuerte vuelco en el estado de la opinión. En diciembre de 2010 han descendido simultáneamente las adhesiones al Gobierno, a la Oposición y a la Concertación, a raíz de la tragedia ocurrida en la cárcel de San Miguel la madrugada del 8 de diciembre, la peor que registra la historia penitenciaria del país, donde murieron ochenta y un personas. Pero en enero de 2011, cuando explota el conflicto por el precio del gas en la zona austral, esta tendencia se invierte y, por primera vez, en lo que va de la actual administración, la identificación con la Oposición supera a la identificación con el Gobierno. A partir de entonces comienzan a separar aguas el respaldo a la Oposición, que aumenta moderadamente, y el apoyo a la Concertación, que desciende de modo más pronunciado.

La recuperación del apoyo a la Concertación exige de ésta un mayor perfilamiento de su propuesta política. No es por nada que los desencantados del Gobierno la responsabilicen de los errores del oficialismo. Estos sectores creyeron ver cierta complacencia entre ella y el oficialismo, la que al ser puesta en entredicho por los movimientos sociales, los llevó a refugiarse en su actual neutralidad valorativa ante la disyuntiva de elegir entre el Gobierno y la Oposición. Conquistar a este segmento de la opinión, que probablemente no votó por la Concertación ni por el Partido Comunista en la última elección presidencial, entraña ofrecerle al país un horizonte político que supere los antiguos contrastes. Nueva síntesis que le permita hallar la coherencia entre su alejamiento del gobierno de la Coalición y su reconexión con la Concertación. Por cierto, una vía tal no pasa por el retorno a la democracia de los consensos, al discurso de la unidad nacional, ni a la llamada oposición inteligente; ésta que alimentó la vana pretensión de reconquistar el centro del centro político nacional diciéndole adiós a la Concertación .

2/ Afectos y desencantos

Al observar el comportamiento de la opinión durante los últimos 55 meses, salta a la vista la fuerte trabazón existente entre la aprobación a la Concertación y la aprobación a la Alianza, la que sin embargo se rompe bruscamente con la elección presidencial de diciembre de 2009. Hasta entonces, la aprobación a ambos conglomerados se movía en torno al 23 por ciento. Pero, lo más importante, es que las opiniones se correlacionaban significativamente, lo cual significa que cuando aumentaba la aprobación a un pacto, aumentaba también la aprobación al otro y, al revés, cuando disminuía para uno, descendía para el otro. A partir de diciembre de 2009, la aprobación a la Coalición por el Cambio —antes Alianza por Chile— se empina resueltamente sobre la aprobación a la Concertación, hasta alcanzar la inédita cumbre del 53 por ciento de adhesión en abril de 2010, como puede verse en la FIGURA 1.

FIGURA 1

Aprobación y Desaprobación a la Alianza y a la Concertación

Diciembre 2006-Junio 2011

Este mismo mes la Concertación toca la cima de la serie al marcar el 34 por ciento de aprobación. Y desde ese momento se acentúa la correlación entre ambas tendencias, ahora en pendiente, expresión de una persistente pérdida de apoyo que avanza paralela, siendo más aguda en el pacto oficialista.

En estos momentos, la aprobación a la Concertación se sitúa en el 22 por ciento, mientras que la aprobación a la Coalición no supera el 30 por ciento. Claro que, pese a haber caído por debajo de sus respectivos promedios, ninguna de las dos colectividades ha vuelto a tocar su más bajo nivel de aceptación. En abril de 2006 la aprobación a la Alianza apenas fue del 17 por ciento, la misma que la Concertación consiguió en agosto de 2008, mientras la tasa promedio de aprobación a la Concertación durante estos 55 meses ha sido del 29 por ciento, cuando el  porcentaje promedio de la Alianza —favorecida por su triunfo presidencial— ha sido del 39 por ciento.

Es importante prestarle atención a la desaprobación porque no es lo mismo que la baja de la aprobación. De hecho la aprobación y la desaprobación son opciones alternativas en el cuestionario que se le aplica al entrevistado. A éste se le formulan dos preguntas sucesivas:

a) Independiente de su posición política, ¿usted aprueba o desaprueba cómo la Coalición por el Cambio está desarrollando su labor?

b) Independiente de su posición política, ¿usted aprueba o desaprueba cómo la Concertación está desarrollando su labor?

Con sus dos respuestas, el entrevistado podría dar lugar a una de las siguientes cuatro combinaciones:

I.     a) Aprueba a la Coalición por el Cambio; y b) aprueba a la Concertación

II.   a) Aprueba a la Coalición por el Cambio; y b) desaprueba a la Concertación

III. a) Desaprueba a la Coalición por el Cambio; y b) aprueba a la Concertación

IV.  a) Desaprueba a la Coalición por el Cambio; y b) desaprueba a la Concertación

Al relacionar cada uno de estos pares de respuestas que se traducen en los porcentajes mensuales arrojados por los sondeos entre diciembre de 2006 y junio de 2011, se obtienen los siguientes resultados que confirman la asimetría observable entre la baja de la aprobación y la desaprobación:

Pero, además, se pueden obtener otras conclusiones. En las celda anaranjada aparece el coeficiente negativo -.17, lo cual significa que existe una correlación inversa entre los pares de respuesta: cuando aumenta el porcentaje de una de las dos opiniones combinadas, disminuye el porcentaje de la otra, y viceversa. En las celdas verdes aparecen tres coeficientes positivos, .80, .51 y .92. Esto significa que existe una correlación positiva entre los pares de respuesta: cuando aumenta la tasa de una de las dos opiniones, aumenta también la tasa de la otra, y cuando aquélla disminuye, lo hace asimismo ésta . Cuando los coeficientes son próximos a cero, enseña que la relación entre ambas respuestas no es significativa.

Por lo tanto, la interpretación de los anteriores coeficientes se ajusta a la siguiente lógica:

 

Existe una alta correlación entre la aprobación a la Coalición por el Cambio y la aprobación a la Concertación: cuando aumenta para la Coalición, aumenta para la Concertación. Existe una baja correlación inversa entre un aumento de la aprobación a la Coalición y una disminución de la desaprobación a la Concertación, pero, aunque mínima, cuando crece la aprobación a la Coalición decrece la desaprobación a la Concertación. Existe una correlación casi absoluta, la más alta, entre un aumento de la aprobación a la Concertación y un aumento de la desaprobación a la Coalición. Por último, existe una moderada correlación entre el crecimiento de la desaprobación a la Coalición y el crecimiento de la desaprobación a la Concertación.

La desaprobación muestra una trayectoria semejante a la que exhibe la aprobación. En este curso se pueden distinguir dos etapas. Desde diciembre de 2006 hasta diciembre de 2009, la desaprobación a ambas coaliciones se mueve en torno al 56 por ciento. Se da una moderada correlación entre el recorrido de una y de otra. Después de diciembre de 2009, la desaprobación a la Concertación se eleva ligera, pero sostenidamente. Entretanto, la desaprobación a la Coalición, que ha descendido fuertemente tras la elección presidencial, experimenta un paulatino incremento, que evoluciona paralelo a la desaprobación a la Concertación.

FIGURA 2

Desaprobación a la Alianza y a la Concertación

Diciembre 2006-Junio 2011

En la FIGURA 2 se puede ver cómo después de la elección presidencial lo que era una moderada correlación entre la desaprobación a la Coalición y la desaprobación a la Concertación se encumbra considerablemente. Las tasas de desaprobación, hoy de 68 por ciento para la Concertación y de 60 por ciento para la Coalición, tienden a converger por un más rápido aumento del rechazo a la coalición de gobierno. De cualquier modo, la proporción promedio de desaprobación a la Concertación durante los 55 meses considerados ha sido del 56 por ciento, mientras que la tasa de desaprobación de la Alianza se ha situado en el 53.

Cuando aumenta la aprobación a la Concertación, aumenta la aprobación a la Coalición, pero también crece la tasa de desaprobación de ésta. Esta correlación es aún más fuerte durante el actual gobierno, o sea, al considerar sólo los últimos 16 meses de la serie. No existe, sin embargo, una relación significativa entre la aprobación a la Coalición y la desaprobación a la Concertación. En otras palabras, cuando la opinión pública castiga a la Concertación, desaprueba el comportamiento de la Coalición, pero en su reverso, cuando escarmienta a la Coalición, no descarga su insatisfacción sobre la Concertación. La pérdida de apoyo a la Coalición es atribuible a sus propios errores; la pérdida de apoyo de la Concertación es imputable a sus errores y al mal desempeño de la Coalición.

3/ El Presidente, el Gobierno y la Coalición

En los dieciséis meses de la actual administración, la opinión pública ha separado en forma clara la popularidad presidencial de la adhesión al Gobierno y a la Coalición. El Presidente, que inicia su mandato con el mismo porcentaje de apoyo que obtuvo en la segunda vuelta presidencial (por debajo de la aprobación que entonces concitaba el pacto oficialista), arriba a la cúspide de su popularidad en octubre de 2010. Beneficiado por el rescate de los mineros de la Mina San José, alcanza entonces el 63 por ciento de aprobación. Pero desde ese momento su ascendiente declina persistentemente, hasta rozar el nivel de aprobación del 30 por ciento que actualmente ostenta la Coalición por el Cambio.

Esto no significa que exista una inconsistencia entre el apoyo al Presidente, la adhesión al conglomerado oficialista y la popularidad del Gobierno. Por el contrario, aunque con distintos valores, el curso seguido por estas tres variables es interdependiente. Cuando sube la aprobación al Presidente, sube también la aprobación al Gobierno y a la Coalición y, a la inversa, cuando el Jefe de Estado pierde simpatías en la opinión pública, cae la aprobación al Gobierno y al pacto oficialista. Sin embargo, como se puede apreciar en la TABLA 2, son más consistentes las opiniones de identificación con el Gobierno y de aprobación al desempeño de la Coalición (columnas 2 y 3), que aquellas de aprobación al ejercicio del Presidente y de identificación con el Gobierno (columnas 1 y 2), y que las de aprobación a la actuación del Presidente y de la Coalición (columnas 1 y 3).

En la práctica, puede hablarse de una relación de causalidad entre la  caída de la popularidad presidencial, por una parte, y la desafección hacia el Gobierno y el aumento de la desaprobación a la Coalición, por la otra, pues ha sido el liderazgo presidencial —sin contrapeso en el oficialismo— el que ha dominado la escena. En sólo ocho meses, de octubre de 2010 a junio de 2011, la aprobación al Primer Mandatario se precipitó del 63 al 31 por ciento, mientras que la identificación con el Gobierno cayó en igual período del 43 al 34 por ciento, y la desaprobación al pacto oficialista se disparó del 39 al 60 por ciento.

FIGURA 3

Aprobación al Presidente y a la Coalición e identificación con el Gobierno

Abril de 2010-Junio de 2011

Esto revela que si la suerte del Presidente está asociada al destino de su gobierno y de su alianza política, los cursos del Gobierno y de la Coalición son indisolubles; corren a la par y con independencia de la fluctuante popularidad presidencial, como puede advertirse en la FIGURA 3. Y es evidente que el aglutinante de esta relación de reciprocidad lo proporcionan los partidos políticos del pacto de derechas, que operan como vasos comunicantes entre el Parlamento y el Ejecutivo resistiendo solidariamente los avatares de la opinión pública.

4/ La Oposición como lugar de reconfiguración de la Concertación

¿Qué percepción existe en la opinión pública respecto de las relaciones entre el Gobierno, la Concertación y la Oposición?

La pérdida de identificación de la opinión pública con el Gobierno, compromete no sólo a la Coalición por el Cambio, sino también a la Concertación.

Al inicio de la actual administración, quienes adherían al Gobierno representaban el 44 por ciento de la muestra; hoy sólo alcanzan el 34 por ciento. Pero, al mismo tiempo que ocurre esta desafección, la Concertación ve caer su ascendiente sobre la opinión del 31 al 22 por ciento, como puede aquilatarse en las líneas paralelas de la FIGURA 4. De manera análoga, el conglomerado del arcoíris experimenta en igual período un aumento de la desaprobación, pasando del 51 al 68 por ciento de rechazo. Esto significa que parte de la opinión pública reparte entre el Ejecutivo y la Concertación los costos de su insatisfacción con la conducción gubernamental. O, dicho de otra manera, quienes se identificaron con el Gobierno, endosan a la Concertación las responsabilidades de su elección y de su cambio de opinión.

FIGURA 4

Apoyo al Gobierno y Aprobación y Desaprobación a la Concertación

Abril de 2010-Junio de 2011

Este comportamiento se ve refrendado cuando se compara la adhesión al Gobierno y a la Oposición. La persistente caída de la identificación con el Gobierno está asociada a un aumento paulatino de la afinidad con la Oposición. En abril de 2010, mientras el Gobierno captaba el 44 por ciento de las preferencias, la Oposición conseguía el 36 por ciento de adhesión. En febrero de 2011, cuando el Gobierno marcaba un 31 por ciento de apoyo, la Oposición se empinaba al 42 por ciento.

En la FIGURA 5 puede apreciarse cómo se perfila lenta y paulatinamente una presencia opositora, a medida que se adaptan a sus nuevas funciones gubernamentales aquellos que estuvieron en la oposición, y los que dejaron de ser gobierno, a su nuevo papel de opositores.

Para la Concertación esto reviste un aprendizaje. No comporta la misma dificultad para los partidos Humanista y Ecologista, ni para el MAS que, en la elección presidencial de 2009, le ofrecieron competencia al candidato del pacto oficialista. Y, sobre todo, no es nueva la experiencia de ser oposición para la Izquierda Cristiana y el Partido Comunista —hasta entonces excluidos del Parlamento, pero con importante arraigo en el mundo social—, que también levantaron una candidatura alternativa a la Concertación.

FIGURA 5

Apoyo al Gobierno y a la Oposición, y Aprobación y Desaprobación a la Concertación

Abril de 2010-Junio de 2011

Por eso, lo que al principio de este gobierno aparece como una amalgama donde se confunden la Concertación y la Oposición, gradualmente va dando lugar a dos expresiones diferentes que hunden sus raíces en el parteaguas que fueron aquellos comicios: por una parte, una Concertación que pierde apoyo como consecuencia del castigo que le propinan los desencantados del Gobierno; y, por la otra, una oposición subpolítica y heterogénea, que despierta cada vez mayores simpatías en la población.

A medida que los ciudadanos se desafectan del Gobierno, disminuye la aprobación a la Concertación y crece la identificación con la Oposición. Pero este negativo juicio sobre el desempeño de la Concertación no procede de quienes se identifican con la Oposición, sino fundamentalmente de quienes le retiraron su apoyo al Gobierno. La distancia que media entre la aprobación y la desaprobación a la Concertación se acrecienta conforme aumenta el descontento con el Gobierno, pero no está asociada con la adhesión a la Oposición.

En la FIGURA 6, la línea verde marca la tendencia al alza de la Oposición, mientras que las líneas azul —que representa la identificación con el Gobierno— y multicolor —que refleja la aprobación a la Concertación— dibujan una tendencia a la baja. Además, estas dos últimas trayectorias se muestran altamente correlacionadas: el descenso de la popularidad del Gobierno marcha paralelo a la caída de la aprobación a la Concertación. Quienes abandonan al Gobierno son críticos de la Concertación, pero no se alinean con la Oposición. Por eso crece el número de ciudadanos que no se identifican con el Gobierno ni con la Oposición . Pero quienes se declaran de Oposición, no inciden mayormente en la pérdida de apoyo de la Concertación.

FIGURA 6

Apoyo al Gobierno y a la Oposición, y Aprobación y Desaprobación a la Concertación

Abril de 2010-Junio de 2011

Entre diciembre de 2010 y enero de 2011 se produce un fuerte vuelco en el estado de la opinión. Desde luego, porque caen simultáneamente las adhesiones al Gobierno, a la Oposición y a la Concertación, tras los sucesos de la cárcel de San Miguel que cobraron la vida de ochenta y un internos. Pero, asimismo, porque comenzando el nuevo año, por  primera vez en lo que va de la actual administración, la identificación con la Oposición supera a la identificación con el Gobierno, momento que coincide con la irrupción de los movimientos de Magallanes,  Hidroaysén y contra el lucro en educación, sobre el fondo de las renuncias de la Intendenta del Biobío y de la ministra de Vivienda. Resulta claro que el fortalecimiento de la Oposición ocurre a expensas de la adhesión al oficialismo, pero no de la aprobación a la Concertación.

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