AD REFERENDUM

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El presidente de la Democracia Cristiana, senador Ignacio Walker, ha expresado su rechazo a la posibilidad de una reforma constitucional que instituya el plebiscito en Chile. Lo ha hecho cuando la mayoría de los parlamentarios de su colectividad, los demás partidos de la Concertación, y otras fuerzas de oposición con presencia en el Congreso, están impulsando una iniciativa en este sentido. Lo ha hecho, además, omitiendo en las propuestas políticas entregadas por su mesa directiva a La Moneda, la del plebiscito, lineamiento estratégico aprobado en el Quinto Congreso del PDC de octubre de 2007, e incorporado en la plataforma presidencial de Eduardo Frei, de diciembre de 2009. Todo lo cual ha generado un cuadro de tensión al interior del partido, de la coalición y del mundo social.

¿Se justifica este nuevo conflicto? Para Walker, su rechazo al plebiscito es un asunto de principios y, por lo tanto, un riesgo cuyas consecuencias está dispuesto a asumir. Su decisión está lejos de ser un capricho, y aún más, de ser una opción sin fundamento teórico. Walker es, además de político, un hombre de gran solvencia intelectual, de fuertes convicciones morales y, asimismo, alguien que está situado muy sobre la media de coherencia que exhiben nuestros dirigentes. Walker se opone al plebiscito invocando la defensa de la democracia representativa o «democracia de instituciones», como prefiere llamarla. Piensa que el plebiscito es la puerta de entrada a una democracia plebiscitaria o populista que amenazaría suprimir instituciones tales como la libertad de expresión, la separación de los poderes públicos, la autonomía del poder judicial, el Estado de Derecho, la supremacía constitucional, el Parlamento, el Tribunal Constitucional, la Corte Suprema y los partidos políticos. Luego, todo esfuerzo a su haber para evitar este desenlace, bien justifica en el senador la tensión presente.

Esta tesis, desarrollada ampliamente en Por una democracia de instituciones para América Latina, contiene sin embargo un equívoco que la convierte en una reacción sobre-ideologizada. El error de Walker consiste en poner la institución del plebiscito en la misma categoría de las experiencias de democracia directa o participativa que han tenido lugar en el continente. Incluso hasta transfigurarlo en el instrumento por antonomasia de este nuevo tipo de populismo emergente en la región que recurre al gobierno por decreto presidencial, o al abuso de las convocatorias a asambleas constituyentes. Pero el plebiscito no sólo no tiene ninguna conexión histórica con la democracia directa, que él ejemplifica remitiéndonos a la antigua democracia ateniense y a los actuales gobiernos locales, sino que es una creación de las democracias representativas. La expresión latina ad referendum, que significa «a condición de ser aprobado por quien posea poder para ello» —en este caso, el pueblo soberano que ha mandatado a las asambleas deliberantes o parlamentarias—, supone que ya se han formado y consolidado las instituciones representativas.

Resulta pues un contrasentido que Walker, para quien la «democracia de instituciones» abarca tanto la democracia representativa como la democracia deliberativa, expulse la institución del plebiscito fuera de ellas y la degrade al nivel de una deformación de la representación política. No hay motivo, al menos en teoría política, para derivar tales conclusiones. Si todos entendemos lo mismo por democracia deliberativa, estaremos de acuerdo que la nuestra necesita, más allá de la pura agregación de las preferencias que se manifiestan en el voto, la participación de la ciudadanía en un proceso ordenado de deliberación. Estaremos de acuerdo que deliberar no sólo entraña discutir una cuestión a fondo, sino, en último término, decidir. Estaremos de acuerdo que los ciudadanos, cuando participan en el intercambio de opiniones, transforman sus preferencias. Y estaremos, en fin, de acuerdo que la transformación de la opinión es el verdadero valor de la deliberación pública. Dicho lo cual, si ninguno de estos atributos se contrapone con los de la democracia representativa, ¿por qué el plebiscito habría de degenerar en un vicio de la misma? Ciertamente, hay aquí un eslabón perdido que Walker está solicitado a encontrar.

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