GABRIEL VALDÉS SUBERCASEAUX O EL ENCANTAMIENTO DE LA POLÍTICA

Descargar archivo

 

No bastan las condiciones objetivas para la realización de un cambio. Las sociedades pueden experimentar grandes saltos de conciencia, pero si no se forman intereses comunes en torno a este cambio, no verán surgir la voluntad colectiva que lo haga posible. Y aún cuando surja esta voluntad compartida, si no aparece un conductor que represente los anhelos comunes, nada sucederá. Se requieren liderazgos para hacer posible el cambio. Se precisa de personas que, por sus características, sean capaces de despertar la adhesión de la gente.

¿Qué hace al líder? Más allá de cualquiera de los atributos especiales que a menudo se destacan en un líder, lo que hace al líder es esencialmente su atractivo sobre las multitudes. Eso que Francesco Alberoni denomina «il fascino», un llamado interior capaz de atraer y de seducir. Una fuerza de atracción que emana de la persona en su totalidad, y que puede iluminar la imaginación de la gente. Esto es el encanto: la representación imaginativa de la verdad. Una figura de lo que la persona realmente es en sí misma. Por eso, el encanto no puede ser recitado ni producido a partir de la ficción o del artificio. Y por eso, el encanto se eleva como la propiedad intrínseca del liderazgo.

Gabriel Valdés Subercaseaux, reapareció a la vida política de Chile en un momento sin duda histórico, en condiciones objetivas para el cambio. Corrían los primeros años de la década de los ochenta y el país, agobiado por el abuso y la represión de la dictadura, buscaba una salida a sus pesares. Se había apagado la gran esperanza que representaba Eduardo Frei Montalva. Su muerte dejaba un enorme vacío en el alma nacional y, por cierto, en su propio partido, la Democracia Cristiana, por entonces la única fuerza política en situación de encauzar las energías de renovación que movilizaban a los chilenos. Fue entonces cuando Gabriel Valdés entendió que debía asumir un papel crucial. Tenía atributos de sobra para dirigir a la Democracia Cristiana, pero sobre todo, estaba resuelto a provocar un giro crucial para la transición del régimen político, como fue la fundación de la Concertación de Partidos por la Democracia.

El liderazgo de Gabriel Valdés debió abrirse paso dentro de un partido renuente a la colaboración con la izquierda, y fuertemente empapado por la tradición del «camino propio», cuyo inspirador, el maestro Castillo, ya había abandonado unos años antes en el documento Una Patria Para Todos. Gabriel Valdés debió construir alianzas al interior de su partido de siempre. Y no estuvo solo en esta empresa. Le acompañaron falangistas que habían dado testimonio de compromiso con la defensa de los derechos humanos y de las libertades públicas, como Bernardo Leighton, Jaime Castillo Velasco, Andrés Aylwin, Fernando Castillo Velasco, Alejandro Hales, Jorge Lavandero, Belisario Velasco, Manuel Bustos, Mariano Ruiz-Esquide, o Rodolfo Seguel. Entre tantos otros militantes anónimos que trabajaban en los sindicatos, en las poblaciones, en las escuelas, en las universidades y en los colegios profesionales, se inscriben los nombres de militantes más jóvenes, como Esteban Tomic, Emilio Soria, Gustavo Rayo, María Rozas, Andrés Palma, Juan Claudio Reyes, o Yerko Ljubetic.

Desde la conducción de la Democracia Cristiana, y aprovechando al máximo sus habilidades diplomáticas, Gabriel Valdés estrechó vínculos con la izquierda perseguida y relegada, que también había entendido cuán dogmático e inútil era seguir insistiendo en el camino del «avanzar sin transar». Carlos Altamirano habrá de ser un aliado de inestimable valor en la tarea de reorganizar al movimiento popular. Fue gracias a estos primeros balbuceos de la transición política que nació el Manifiesto Democrático, y el 6 de agosto de 1983, la propuesta Ahora es Cuando, que sentaría las bases de la Alianza Democrática. Gabriel Valdés escribirá en sus memorias que el programa Ahora es Cuando fue el discurso más importante de su vida y el que pronunció con mayor emoción, pues condensaba sus ideas sobre la libertad, la justicia y la paz.

Gabriel Valdés nunca dejó de mostrarse como realmente era, y esta autenticidad no sólo le granjeó la admiración y la gratitud de quienes hoy sienten su partida, sino que contribuyó a la formación de la coalición más exitosa en la historia republicana de Chile.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: