NOTAS PARA EL DEBATE LEGISLATIVO SOBRE NEGACIONISMO, DERECHO A LA MEMORIA Y SANCIONES A QUIENES NIEGUEN, JUSTIFIQUEN O MINIMICEN LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD COMETIDOS EN CHILE

 
 
La tierra aún tibia
Guarda los últimos secretos
Vicente Huidobro

1 / El homenaje a Pinochet

Cerca de dos horas duró el homenaje que la Corporación Once de Septiembre y un millar de adherentes rindió al ex dictador Augusto Pinochet, en medio de incidentes protagonizados en las afueras del Teatro Caupolicán donde tuvo lugar el evento. El hecho ha generado fuertes reacciones de repudio entre las víctimas de violaciones a los derechos humanos, no sólo porque envuelve un reconocimiento público a quienes purgan condenas por delitos de lesa humanidad, sino porque estos han colaborado desde la cárcel con la organización del acto.

La principal reacción ha nacido de organizaciones de derechos humanos que, como la Agrupación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (AFDD), presentó un recurso judicial para impedir su realización1. Sin embargo, la Novena Sala de la Corte de Apelaciones denegó tal apelación y, con ello, respaldó la decisión de la Intendencia de Santiago de autorizarlo2. También se opusieron al homenaje los representantes de todas las bancadas de oposición, entre ellos, varios de los diputados que patrocinan el Proyecto de Ley que penaliza el negacionismo3. Y, lo más significativo y valorable, es que antiguos miembros del gobierno de Pinochet, que forman parte del actual, han expresado su renuencia a la actividad, si bien el Ejecutivo se abstuvo de tomar posición en el asunto.

El ministro secretario general de Gobierno, Andrés Chadwick, en lo que ciertos observadores han aquilatado como una ruptura final con la UDI y con la memoria de Jaime Guzmán4, señaló que «en la perspectiva del tiempo, de la madurez política que uno va aprendiendo y de los conocimientos que uno va adquiriendo, hay una situación que sí me arrepiento, que es la violación brutal a los derechos humanos que se efectuó en el gobierno militar y de eso tengo un profundo arrepentimiento de haber sido parte de un gobierno, haber sido partidario de un gobierno donde esos hechos sucedían»5. Chadwick, como recuerda el senador Camilo Escalona, «formó parte de la comisión número 4 de las así llamadas comisiones legislativas de la dictadura, y, durante doce años, entre 1978 y 1990, cuando se recuperó la democracia, ejerció una labor enteramente ilegítima, legislaba al calor de la existencia de esas comisiones legislativas de la junta militar, por cierto que a espaldas del ejercicio democrático de los chilenos y chilenas»6. El vocero de gobierno ha recibido el respaldo del ministro Joaquín Lavín, pero no de la UDI que, a través de su presidente, ha declarado que la de Chadwick es una visión personal.

«Pese a que el retorno a la democracia data de hace 22 años, la sociedad chilena aún lucha con las cicatrices de torturas, desapariciones y la represión encabezada por unidades de la policía secreta controladas directamente por Pinochet», afirma el diario inglés The Guardian7. Pero el propósito final de lo sucedido en el Caupolicán es una presión al Gobierno del Presidente Sebastián Piñera; un recordatorio de las presuntas promesas de campaña incumplidas con los ex militares condenados. Y el sentido último de los detractores del acto, es la lucha por la memoria histórica y, en consecuencia, por la humanización de la sociedad presente y futura, más que una controversia jurídica que le reste importancia al bien cautelado8.

En Chile 3.185 personas desaparecieron, fueron ejecutadas o asesinadas en forma sumaria; 28.459 personas fueron torturadas; y 1.132 recintos de detención y tortura fueron detectados9. El Museo de la Memoria es elocuente testimonio de ello.

2 / El juicio de Aylwin

En vísperas de la Junta Nacional de la Democracia Cristiana, convocada para el 26 de mayo, el ex Presidente Aylwin entregó su visión sobre Pinochet que, al decir del senador Ignacio Walker, representa al 98 por ciento de los democratacristianos. En la entrevista concedida al diario El País el 16 de mayo10, y publicada en forma simultánea al homenaje que le brindó la Internacional Demócrata de Centro a través de su líder, el conservador Pier Ferdinando Casini, el ex Presidente declaró que «Pinochet no fue un hombre que obstaculizara las políticas del Gobierno que yo encabecé».

La afirmación de Aylwin es crucial, pues difiere de la interpretación clásica que los mismos protagonistas de la transición se han hecho de ésta. Si Aylwin tiene razón en que Pinochet no constituyó un obstáculo para su gobierno, entonces los argumentos políticos que le prestaron legitimidad a la transición habrían perdido su eficacia comprensiva. ¿Cuáles premisas, por ejemplo? Por ejemplo, la explicación proporcionada por Angel Flisfisch, a la sazón subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, quien en 1993, escribía que los militares, la derecha y los empresarios jugarían a desestabilizar el gobierno, por lo que la estrategia de la Concertación no podía ser sino una que privilegiara la estabilidad y el crecimiento económico11.

El ex subsecretario sostenía que el gobierno de Aylwin había reservado una cuota importante de poder a Pinochet, porque una política diferente habría afectado la estabilidad, el crecimiento y la confianza social12. Esta política habría implicado abstenerse de forzar la renuncia de Pinochet a su cargo de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas para, de este modo, impedir que se generaran incidentes como el llamado “ejercicio de enlace” de diciembre de 1990, o el “boinazo” del 28 de mayo de 199313. Esta misma circunstancia de intocabilidad garantizada habría imposibilitado emprender las reformas institucionales contenidas en el programa de la Concertación14.

En una línea diferente, Tomás Moulián describe en los siguientes términos la acción tutelar que ejercieron los militares sobre la marcha de la transición:

«Los militares chilenos influyeron en el curso de las decisiones del gobierno de Aylwin, sobre los temas cruciales de los derechos humanos y de las reformas constitucionales, a través de gestos políticos y simbólicos destinados a fomentar el temor a la involución, para con ello incentivar la conducta moderada de las elites. Esta estrategia de producción de temor fue ejercida en un contexto post-autoritario marcado por un doble trauma, el de la Unidad Popular y el de la represión de la dictadura. A través de medidas abiertas de presión, entre ellas las operaciones conocidas bajo el nombre de “ejercicios de enlace” y “boinazo”, se trató de manipular el miedo latente, heredado del pasado. Se buscaba fortalecer la imagen de que Pinochet disponía de un poder no regulable por la ley o por otro poder. El objetivo estratégico era dar sustento simbólico a la autonomía política de las Fuerzas Armadas»15.

3 / Una pesada representación del miedo

La figura de Pinochet operó como representación del miedo en una sociedad sacudida por la conciencia de la barbarie que recién empezaba a descubrir. Dentro de ese ambiente, los ejercicios de enlace y el boinazo no fueron escaramuzas pueriles, como parece vérseles a la distancia. Por el contrario, fueron advertencias castrenses sumamente efectivas para mantener en la impunidad los crímenes cometidos. El ex ministro Edgardo Boeninger dirá que el ejercicio de enlace fue una amenaza16. Y el actual candidato presidencial, Andrés Allamand, escribirá que «el más importante de todos los efectos (de los ejercicios de enlace) fue que el Ejército pudo comprobar la vulnerabilidad del Gobierno y de la propia Concertación al lenguaje de la fuerza»17.

Dentro de ese contexto, la reconciliación conseguida, sólo llegó a ser una convención temporal; jamás una transacción ad eternum. Prevaleció así mientras se mantuvo separada de la justicia, y se mantuvo separada de la justicia, hasta que la pesada imagen de Pinochet perdió gravitación.

Fue durante esos primeros años cuando empezaron a aparecer tumbas, cuerpos, y entierros clandestinos18. Fue en aquel periodo cuando se publicó Los Zarpazos del Puma, el libro de la democratacristiana Patricia Verdugo que relata la excursión de una patrulla militar con órdenes de matar a los prisioneros políticos detenidos en las cárceles19. Es el tiempo en que el juez René García Villegas da testimonio de la práctica sistemática de la tortura en su obra Soy Testigo. Es por entonces cuando Michael Townley narra en la televisión los detalles de los asesinatos de Orlando Letelier y Carmelo Soria20.

Una sociedad traumatizada por los horrores fue conociendo poco a poco la verdad. Para conseguir algo de justicia, en los tribunales, en la prensa y en los espacios públicos, se hablaba de grupos aislados. No se conocían las razones de las muertes. El país parecía sólo hallar alivio en la conocida sentencia: para que nunca más en Chile. Los crímenes no aparecían, «ante la visión irreflexiva, como parte de un sistema de represión, como parte de una estructura con objetivos político-militares»21. Habrán de transcurrir muchos años para la elaboración de una memoria más coherente sobre la tragedia que, como la experiencia enseña, nunca alcanzará la totalización o la clausura absoluta.

Por consiguiente, si Pinochet no fue un obstáculo para el gobierno, ello ha de haber ocurrido cuando el gobierno dejó de ser un obstáculo para Pinochet. Con todo, en agosto de 1994 será Aylwin quien declare que «si hubiese tenido la facultad de cambiar al comandante en jefe, habría hecho uso de la facultad».22

4 / Historia y memoria

El debate sobre lo acontecido en Chile seguirá abierto. Porque la pretensión de una verdad definitiva que cierre el ciclo, será siempre frustrada por la memoria y por la historia, dos procesos diferentes, pero no opuestos de elaboración, que se relacionan complejamente con las fuentes documentales.

La memoria puede dar cuenta de emociones como el dolor, el sufrimiento, el odio, el rencor o el perdón involucradas en un hecho. La historia, en cambio, puede describir el contexto político, social, económico o demográfico en que ocurren los hechos.

La memoria puede proporcionar datos que, aunque fuertemente influidos por las percepciones intersubjetivas de los participantes en un evento traumático, contribuyen a que la historia identifique lo que debe ser criticado y evitado, respetado y emulado. Por su parte, la historia somete la memoria a verificación empírica, haciendo más precisa, más lúcida y más explícita la rememoración. Su función es fijar criterios de objetividad y transmitir las evocaciones sometidas a comprobación. De este modo, «la historia pone a prueba a la memoria y prepara el terreno para un intento más abarcador de elaborar un pasado que no se ha cerrado»23.

_______________

NOTAS

1 El Nuevo Herald, 8 de junio de 2012: http://www.elnuevoherald.com/2012/06/08/1224079/autorizan-homenaje-a-pinochet.html
2 El Mundo, 9 de junio de 2012: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-195966-2012-06-09.html
3 Véase: Caras y máscaras de la negación de humanidad, Rodolfo Fortunatti, Desarrollo y Participación, 20 de marzo de 2012: http://www.desarrolloyparticipacion.cl/web/politica/caras-y-mascaras-de-la-negacion-de-humanidad/
4 El rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, ha escrito que «Chadwick manifestó un rechazo a la connivencia, por cualquier motivo, con un régimen que viole los derechos humanos. Y en la medida que el intelectual que hizo de esa connivencia una estrategia política y una doctrina fue Jaime Guzmán, no cabe duda que las palabras del ministro Chadwick son una ruptura final con la UDI y, lo reconozca o no, con la memoria de su mentor.» El Mercurio, 17 de junio de 2012.
5 La Tercera,10 de junio de 2012: http://www.latercera.com/noticia/politica/2012/06/674-465628-9-chadwick-por-acto-a-pinochet-me-arrepiento-de-haber-respaldado-un-gobierno-que.shtml
6  La Tercera, 10 de junio de 2012:  http://www.latercera.com/noticia/politica/2012/06/674-465644-9-escalona-el-comunismo-omitio-durante-mucho-tiempo-la-necesidad-ineludible-de.shtml
7 América Economía, 10 de junio de 2012: http://www.americaeconomia.com/politica-sociedad/politica/prensa-internacional-dice-que-homenaje-augusto-pinochet-evidencia-las-her
8 El columnista de El Mercurio, Carlos Peña, refutando al presidente del Senado, quien ha sostenido que el homenaje a Pinochet deteriora las bases de la convivencia política y el Estado de Derecho, ha escrito que “aunque suele olvidarse -quienes celebran a Pinochet sin embargo no lo olvidan- buena parte de los que hoy están en el gobierno, los ministros Chadwick y Longueira entre ellos, alguna vez estuvieron del lado del dictador, lo miraron embobados, recibieron sus condecoraciones, le pidieron autógrafos, estiraron las palabras para halagarlo, pusieron su foto autografiada en el living, empuñaron con firmeza la antorcha en Chacarillas, justificaron sus actos y se negaron a condenar sus crímenes. Quienes hoy celebran a Pinochet esperaron, sin duda, que el ascenso al poder de quienes fueron los pupilos del dictador cesara los juicios, acelerara los indultos, espesara el olvido, facilitara una jubilación sin sobresaltos y transformara los crímenes en gestas”. Carlos Peña, La derrota final de Pinochet, El Mercurio, 10 de junio de 2012: http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2012/06/10/la-derrota-final-de-pinochet.asp
9 Marcia Scantlebury, Aprender de lo vivido, en: Ximena Erazo, Gloria Ramírez, Marcia Scantlebury, editoras, Derechos Humanos, pedagogía de la memoria y políticas culturales, LOM Ediciones / Fundación Henry Dunant, Santiago de Chile, 2011, p. 23
10 El Presidente se confiesa, El País, 27 de mayo de 2012:  http://internacional.elpais.com/internacional/2012/05/26/actualidad/1338051981_784799.html
11 Angel Flisfisch, subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, La gestión estratégica de un proceso de transición y consolidación: el caso chileno, diciembre de 1993, en: Anexo 1.
12 “… Una política de confrontación afectaría negativamente la estabilidad, crecimiento y confianza social, sentando condiciones favorables para la recomposición del bloque autoritario en un clima de desestabilización potencial “… “Más que los riesgos de regresión autoritaria, lo que llevó a desechar esa apuesta fue el convencimiento de que, además de provocar el cohesionamiento del conjunto de las ramas y llevarlas a actuar como bloque a partir de una posición única, una política de confrontación afectaría negativamente la estabilidad, crecimiento y confianza social, sentando condiciones favorables para la recomposición del bloque autoritario en un clima de desestabilización potencial”. Angel Flisfisch, subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, La gestión estratégica de un proceso de transición y consolidación: el caso chileno, diciembre de 1993, en: Anexo 1.
13 “En las ocasiones que falló, se generaron incidentes como los de diciembre de 1990 y mayo de 1993, que si bien no significaron regresiones importantes en la consolidación de relaciones cívico-militares plenamente institucionalizadas, implicaron costos políticos para el gobierno.” Angel Flisfisch, subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, La gestión estratégica de un proceso de transición y consolidación: el caso chileno, diciembre de 1993, en: Anexo 1.
14 “Como resultado, las bases programáticas de la CPD, elaboradas durante 1989 para servir de plataforma a la campaña presidencial, definían una estrategia de cambio institucional mayor, que incluso esbozaba la posibilidad de un tránsito hacia un régimen político de cuño semi presidencialista o, en el límite, parlamentario. No obstante, en esta materia prevaleció el mismo razonamiento que respecto del problema de la política que se debía seguir frente a las Fuerzas Armadas. La ejecución de una estrategia de cambio institucional mayor, independientemente de su escasa probabilidad de éxito, dada la relación de fuerzas existente en el Congreso Nacional, encerraba el riesgo casi cierto de un deterioro del clima de confianza económica y de una eventual recomposición de la coalición autoritaria.” Angel Flisfisch, subsecretario del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, La gestión estratégica de un proceso de transición y consolidación: el caso chileno, diciembre de 1993, en: Anexo 1.
15 Tomás Moulián, Limitaciones de la transición a la democracia en Chile, 1994.
16 Felipe Portales, Chile: una democracia tutelada, Ed. Sudamericana, Santiago, 2000, p. 82
17 Felipe Portales, Chile: una democracia tutelada, Ed. Sudamericana, Santiago, 2000, p. 83
18 “La sociedad chilena fue estremecida con los descubrimientos de los cuerpos de los ejecutados y desaparecidos. Meses después de asumido el gobierno democrático, comenzaron a aparecer por diversas partes del país, tumbas, cuerpos, entierros clandestinos, numerosas evidencias de la violación extrema de los derechos humanos ocurrida en el tiempo de la dictadura.”  José Bengoa, Reconciliación e impunidad: los derechos humanos en la transición democrática, junio de 1994, en: Anexo 2.
19 “Los zarpazos del puma fue sin duda la más formidable denuncia de los crímenes cometidos por los militares. Relata la excursión de una patrulla militar hacia el norte del país, con órdenes de matar a todos los prisioneros políticos de la Unidad Popular que en esos días estaban presos en las cárceles. La publicación era voceada en las calles céntricas de Santiago, y comprada por personas y sectores que no acostumbran leer libros de esa naturaleza”. José Bengoa, Reconciliación e impunidad: los derechos humanos en la transición democrática, junio de 1994, en: Anexo 2.
20 “La aparición de Michael Townley en la televisión, relatando con una frialdad enorme todo los hechos ocurridos en el caso del asesinato de Don Orlando Letelier. Sus revelaciones respecto al “caso Soria” , funcionario internacional asesinado de manera cruel por un denominado Comando Mulchén, formado por militares, muchos de ellos en servicio activo en la actualidad”. José Bengoa, Reconciliación e impunidad: los derechos humanos en la transición democrática, junio de 1994, en: Anexo 2.
21 “Los autores de los crímenes fueron apareciendo crecientemente como personas aisladas, grupos aislados al interior de los cuerpos militares o policiales; como sujetos, incluso, muchas veces de mentes desquiciadas. La aparición de Romo, el denominado “Guatón Romo”, miembro de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), conocido represor, es prototípico. Aparece ante la gente de derecha, centro o izquierda, ante quienes apoyaron a Pinochet y ante quienes fueron por él perseguidos, como un sujeto despreciable. No aparece, ante la visión irreflexiva, como parte de un sistema de represión, como parte de una estructura con objetivos político-militares”. José Bengoa, Reconciliación e impunidad: los derechos humanos en la transición democrática, junio de 1994, en: Anexo 2.
22 José Bengoa y Eugenio Tironi, Una mirada retrospectiva: entrevista a Don Patricio Aylwin Azócar, Santiago, agosto de 1994.
23 Dominick Lacapra, Historia y memoria después de Auschwitz, Prometeo Libros, 1a ed. Buenos Aires, 2009,  p. 21.


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Las batallas por la memoria

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