GRILLO, LA CONCIENCIA DE PINOCHO

Beppe Grillo

Beppe Grillo, líder del Movimiento Cinco Estrellas de Italia

La política necesita la voz de la conciencia, qué duda cabe. Necesita de un Pepe Grillo que la exhorte a hablar con la verdad. Que denuncie la corrupción, el abuso, el lucro, las malas prácticas, el sistema. Pero la política necesita abrir caminos. Pasar de la denuncia a la voluntad de hacer. Actuar sobre las instituciones.

Fue la candidatura de Marco Enríquez-Ominami la que hizo evidente el malestar de la política. Hasta su emergencia, era impensable que la crítica a todo a la izquierda, a la derecha, a los comunistas, a la herencia de la dictadura y de la Concertación tuviera la más mínima opción de conseguir un apoyo significativo. Y sin embargo lo tuvo cuando el ex socialista logró concitar el respaldo de más de un millón 400 mil ciudadanos, equivalente al 20 por ciento de la votación general, aunque la fascinación no duró mucho, pues, en las elecciones municipales de 2012, su adhesión cayó a 241 mil electores, cinco veces menos de la obtenida el año 2009.

La ciudadanía se había animado a manifestar su desafección a través de un voto de advertencia a la clase política, pero no había estado dispuesta a perder su sufragio y, por eso, volvió a respaldar a los grandes partidos y coaliciones políticas. De hecho, Eduardo Frei quedó a 200 mil votos de Sebastián Piñera en la segunda vuelta presidencial de 2010, gracias a que la mayor parte de ese voto admonitorio fue a parar a su caudal electoral. Y en las municipales de 2012, las tres principales coaliciones conquistaron alrededor del 82 por ciento de las preferencias, dejando bastante rezagados a los noveles competidores que entraron a lidiar.

Esta racionalidad política observable en Chile, acaba de tener su correlato en Italia, una de las repúblicas democráticas más golpeadas por la pérdida de credibilidad de sus instituciones y representantes. El pasado domingo se realizaron los comicios municipales en más de 500 localidades donde concurrieron a votar unos 7 millones de electores.

Tras los comicios no se habla de otra cosa que de la derrota de Beppe Grillo. ¿Quién es Beppe Grillo? Un actor y cómico que en las elecciones parlamentarias de febrero logró captar el 25 por ciento de la adhesión para el Movimiento Cinco Estrellas, M5E, dificultando con ello la formación de un gobierno estable en la península. Grillo es popular. Miles de adherentes lo siguen en las redes sociales que, sin embargo, se han mostrado insuficientes para conservar lo ganado. Fue a través de éstas que el M5E nominó a sus candidatos a diputado. Y sólo a través de éstas desarrolló su última campaña. Así Grillo se alzó como la conciencia crítica de la política o, si se prefiere, como la expresión contemporánea de la anti-política. Un genuino tsunami, como gustaba afirmar con jactancia. «Tomamos Roma», dijo después del triunfo.

Y fue Roma la encargada de bajarlo de las nubes el pasado domingo. Su candidato, Marcello De Vito, apenas recibió el 13 por ciento de apoyo, menos de la mitad del conquistado por el M5E hace sólo tres meses en la capital italiana. Grillo no pudo elegir alcalde en ninguno de los 564 municipios. ¡Entiendo! Se limitó a declarar cuando se le pidió evaluar el mensaje de la derrota. Y es que todo este tiempo había sido renuente a pactar con el Partido Democrático, circunstancia que empujó a la principal colectividad de centro-izquierda a formar gobierno con las fuerzas afines al desprestigiado Silvio Berlusconi. Como consecuencia, los votantes de M5E volvieron sus ojos y sus votos al referente que les garantizaba hacer política en las instituciones. El electorado castigó a Grillo pero premió al Partido Democrático que, pese a sus amistades peligrosas, logró fortalecer su implantación electoral.

La política necesita la voz de la conciencia, qué duda cabe. Necesita de un Pepe Grillo que la exhorte a hablar con la verdad. Que denuncie la corrupción, el abuso, el lucro, las malas prácticas, el sistema. Sobre todo, cuando muchos de estos males son reminiscencias de un régimen de oscuridad, ocultamiento, mentira y distorsión, como el imperante bajo el Chile de Pinochet. Pero la política necesita abrir caminos. Exige pasar de la denuncia a la voluntad de hacer. Obliga a actuar sobre las instituciones. No otro parece ser el anhelo de seguridad que han mostrado al mundo las municipales italianas, cuyas lecciones deberían constituir un llamado de atención para quienes persisten en inhibir la formación de una mayoría amplia y estable.

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