LA NUEVA CENTRODERECHA

Velasco personifica a la nueva centroderecha chilena, fecundada durante veinte años en el vientre de la Concertación, pero nacida en la cuna de la Nueva Mayoría.

Andrés Velasco

De entrada, es preciso aclarar una cuestión semántica que permita rescatar el término y salvarlo de todo sentido peyorativo. Centroderecha y centro-derecha no son lo mismo. Centro derecha, también así escrita, expresa una noción de centro inclinada hacia la derecha. En cambio, centro-derecha, con las dos palabras separadas por un guión, manifiesta la unión de dos conceptos, centro y derecha, pero cada uno con sus respectivos referentes. Decir que Andrés Velasco representa la nueva centroderecha, equivale a afirmar que encarna un conjunto de ideas liberales y laicas, distintas de las ideas de las izquierdas y derechas clásicas, y de la centroizquierda democratacristiana de los últimos cincuenta años.

Liberal y republicana

Velasco personifica a la nueva centroderecha chilena, fecundada durante veinte años en el vientre de la Concertación, pero nacida en la cuna de la Nueva Mayoría. Consiguió capturar el apoyo de 280 mil ciudadanos, el 9 por ciento de los más de tres millones de chilenos que concurrieron a las urnas el pasado domingo. Una implantación electoral equivalente a la cuarta parte del total de votos reunidos por él, por Allamand y por Longueira. Que pudo haber constituido un tercio si, como dijo Tomás Jocelyn-Holt, Velasco hubiera corrido por fuera de la Nueva Mayoría. Ello habría minado aún más el potencial electoral del favorito del oficialismo, el candidato de la derecha moderada, y liberal al igual que el fundador de Expansiva, Andrés Allamand.

Velasco irrumpe en la escena como en su momento lo hicieron Nicolas Sarkozy en Francia, y Mauricio Macri en Argentina. Reivindicando una buena política republicana contra las malas prácticas de la Concertación y de sus partidos. «La herencia de Mayo del ‘68 —dirá Sarkozy— ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del ‘68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero—rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación». Macri, sin embargo, más cercano al perfil de Velasco, conquistará la alcaldía de Buenos Aires apelando al ciudadano desamparado y atrapado entre los dos bloques tradicionales de la política argentina. Así los exhortará: «Usted que es independiente, y se quedó sin independencia. Usted que es Peronista y se quedó sin Perón, sin Evita, porque nos quedamos sin Perón y sin Evita. Y usted que es Radical, y no hay nadie que se parezca a Irigoyen ni a Alvear, ni a Balbín, ni a Illía. Porque todos nos quedamos sin Irigoyen, sin Alvear, sin Balbín y sin Illía.»

El fenómeno Bachelet

Velasco emerge como una nueva centroderecha en un paisaje ampliamente dominado por la presencia de Bachelet. Ella sola obtuvo la mayoría absoluta. Y por eso, se habla del fenómeno Bachelet, aunque sin explicar el porqué del fenómeno. Ella mejor que nadie sabe que no hay tal. Ya durante el primer año de su mandato la ex Presidenta vivió la experiencia de una fuerte caída de su popularidad, la que logró recuperar después de largo tiempo. Michelle Bachelet estuvo ausente del país por espacio de tres años, periodo durante el cual optó por no emitir opiniones sobre la coyuntura nacional. Mal podría atribuírsele este auto-referido carácter fenoménico. Rompió su silencio recién hace tres meses cuando anunció al país su voluntad de ser candidata. Dice Pablo Longueira que a él le bastaron dos meses para imponerse en la Alianza. Pues, a Bachelet le bastaron tres meses para conquistar el corazón del país. ¿Qué lo hizo posible?

El verdadero fenómeno es sociológico y se produce en Chile durante el tiempo en que Bachelet permaneció alejada de la contingencia política. Es un fenómeno ciudadano, una nueva voluntad popular que ha venido tomando cuerpo y manifestándose a través de diversos hitos, entre los que destacan las grandes movilizaciones sociales. La característica más destacada de este cambio en la cultura política ha sido la aparición de una nueva expectativa de justicia, de libertad y de integración nacional, que ha podido desplazar el eje, el centro de la demanda política, hacia la izquierda. Por eso, hoy por hoy, ha dejado de ser tema la participación del Partido Comunista en las instituciones de la democracia representativa, como ha dejado de serlo la amplia legitimidad alcanzada por la crítica al lucro. Ello no habría sido posible en los tiempos en que campeaba el Consenso de Washington, cuando Andrés Velasco se desempeñaba como jefe de gabinete del ministro de Hacienda Alejandro Foxley Rioseco. Entonces las ideas de Velasco representaban al centro político. Hoy, con el deslizamiento del centro, aquellas ideas, si bien actualizadas, han quedado convertidas en propuestas de centroderecha.

Más allá del centro

La ciudadanía ha conectado sus aspiraciones y expectativas con el liderazgo de Michelle Bachelet, que ha tenido el talento de interpretarlas. Hace medio siglo, al igual que ahora, otro acontecimiento social y político habría de cambiar drásticamente el escenario nacional. También el líder que encarnó esa voluntad nacional fue visto en su tiempo como un fenómeno político. Eduardo Frei Montalva ganó en 1964 con el 56 por ciento de los votos, cuando no existía segunda vuelta, y cuando la gravitación de su incipiente colectividad no pasaba del tercio del electorado. En las dos décadas precedentes no se había visto nada semejante. Seis años antes Frei había conseguido el apoyo del 20 por ciento de la ciudadanía, la misma proporción que en 2009 consiguió Marco Enríquez-Ominami. Su propuesta de una revolución en libertad sublimó todas las esperanzas colectivas de entonces, y corrió el centro desde donde lo habían dejado Ibañez y Alessandri, hacia la izquierda del abanico político. Nada mejor expresa su espíritu progresista que la conocida frase «no cambiaré una coma de mi programa ni por un millón de votos». Cuando la pronunció, la conciencia política del país ya era otra.

Andrés Velasco, cuyo liderazgo se forma al amparo de los gobiernos de centroizquierda, es parte de una generación de jóvenes emprendedores —y no hablo de Guilisasti y Santa Cruz— que cree en el actual modelo de desarrollo y en una democracia más pluralista y libertaria, y que no ha sido contaminada por las pugnas intestinas, ni por los compromisos con la dictadura de la vieja derecha. Más temprano que tarde esa generación se transformará en la adversaria por antonomasia de los jóvenes artífices y herederos del fenómeno Bachelet.

¿De dónde provienen los votos de Velasco?


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