SOBRE EL PLEBISCITO

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De haber ganado el Sí el 5 de octubre de 1988, Augusto Pinochet habría gobernado hasta el año 1997. Esto en teoría, claro, pues nunca nadie tuvo certeza alguna de la duración del régimen nacido del golpe de Estado de 1973. Bien pudo haberse prolongado aún más, al igual que el franquismo en España o el salazarismo en Portugal, experiencias emuladas por los mentores del modelo chileno. El del 5 de octubre vino a ser el tercer referéndum, en diez años, destinado a consolidar el nuevo culto a la personalidad encarnado en el pinochetismo.

La consulta de 1978 había conseguido refrendar el poder fáctico de Pinochet a la cabeza del gobierno, no obstante la resistencia del general Leigh y de otros oficiales de la Fuerza Aérea que, tras fracasar en su propósito, acabarían destituidos de sus cargos. Entonces los electores fueron convocados a legitimar la autoridad de Pinochet frente a las exhortaciones al restablecimiento de los derechos humanos formuladas por Naciones Unidas, tenidas como una agresión internacional contra Chile. La consulta fue además un ensayo del plebiscito que tuvo lugar veinte meses después, cuando el país debió pronunciarse sobre la Constitución de 1980 y, en el mismo acto, renovar el mandato del gobernante hasta 1989.

El plebiscito de 1988 iba a ser como los dos anteriores, un referendo presidencial para un periodo de ocho años con un solo candidato. Y así pudieron leerlo en las cédulas de votación los más de siete millones de electores que concurrieron a las urnas: «Propónese al país, sujeto a la ratificación de la ciudadanía, al Capitán General don Augusto Pinochet Ugarte, para ocupar el cargo de Presidente de la República en el periodo presidencial siguiente al que está rigiendo». Pero no fue igual. Aquel año fracasó el itinerario futuro.

La clave del giro habría de darla una sicóloga social de altísimo prestigio universitario, según relata Gabriel Valdés en sus memorias. La investigadora jamás había visto a un pueblo tan atemorizado por lo que aconsejaba acentuar en los mensajes expresiones como felicidad futura, niñez, naturaleza, alegría y paz, las metáforas de la libertad que, finalmente, se fundieron en la consigna «Chile: la alegría ya viene».

 Sobre el Plebiscito, Diario de Concepción, pág. 2

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