PARTICIPACION ELECTORAL

Sede de la Asociación Nacional de Oposición al Sufragio Femenino

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Algunos titulares parecen rezumar satisfacción al confirmar la alta abstención que se evidenció en las pasadas elecciones. En la prensa se han podido leer expresiones del tipo «La abstención derrota a todos» o «Ganó la abstención», que dan pie a la idea de una enésima candidata inscrita en la papeleta. Pero no son estos rótulos lo más inmoderado del debate público, sino los análisis electorales que reclaman para los movimientos levantiscos, contraculturales y antisistémicos, la nueva marca conseguida por la abstención. Es como si la tasa de abstención encarnara un sustrato espiritual capaz de unir y movilizar a millones de voluntades en contra de la pertinacia de otros tantos millones de ciudadanos que cumplieron con su deber cívico.

No existe, sin embargo, tal simetría entre abstencionistas y ciudadanos activos. Disidencia, contracultura o antisistema no son sinónimos de abstención. Entre quienes se abstienen puede haber razones contestatarias para resistir el voto, pero no todas las motivaciones de aquellos que se inhiben de votar son beligerantes. A menudo las otras justificaciones son más sencillas. Tienen que ver con asuntos domésticos, facilidades de acceso, convicciones, educación e información. Por lo mismo, tampoco la abstención entraña necesariamente una actitud contraria a la actividad política. Hay gente que vota en una elección, y no lo hace en la siguiente. Hay otra gente que se abstiene reiteradamente, generándole incluso —cuando esta regularidad coincide con su pertenencia a ciertos estratos sociales o cohortes de población, los más pobres o jóvenes, por ejemplo— un problema de legitimidad a la democracia, sin por ello comportar la suya una actitud fatalmente antipolítica.

Ni siquiera puede sostenerse que la abstención dependa del voto obligatorio o voluntario. En esta elección presidencial con voto voluntario sufragaron menos ciudadanos que en la cinco precedentes con voto obligatorio. Pero en la actual elección de diputados concurrieron a las urnas más electores que en los comicios parlamentarios de 1997 y 2001con voto obligatorio.

Con todo, abstenerse es sólo dejar de votar. La participación electoral depende de cuán decisivo es el voto para el elector.

http://www.diarioconcepcion.cl/2013/11/26/#2/z

 

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