MAGNICIDIO DE FREI

Eduardo Frei Montalva, Presidente de Chile de 1964 a 1970

Eduardo Frei Montalva, Presidente de Chile de 1964 a 1970

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Mañana se conmemora otro aniversario de la muerte de Eduardo Frei Montalva. Se cumplen 32 años de un recuerdo amargo, lacerante, vergonzante, y que no cesa de palpitar en las sienes de nuestra memoria colectiva. Un recuerdo que, al principio, cuando escaseaba la certeza de las pruebas, se confundía con las sombras del escepticismo, pero que, después, en la misma medida que se fueron ordenando las piezas de la tragedia, se tornó grave, elocuente, definitivo. Es esta evocación dolorosa, que también es la imagen del país frente al espejo de su historia, la que nuevamente nos golpea y estremece.

Porque Frei fue asesinado de manera fría, silenciosa, metódica y, literalmente, dosificada. Gota a gota, día a día, procedimiento tras procedimiento. Los letales factor de transferencia y mostaza sulfúrica le fueron arrebatando la vida en la Clínica Santa María, el escenario del crimen. El centro médico fue convertido en un brazo más de la red de inteligencia, espionaje, infiltración y mentira del régimen de terror que oscureció a Chile por más de dieciséis años, dejando por los suelos el juramento hipocrático según el cual ha de ser categóricamente rechazada la pretensión de administrar venenos a un paciente.

Pero también la operación de Estado contra el ex Presidente se valió —como suele ocurrir en los magnicidios— de la traición cómplice de cercanos colaboradores suyos; hombres de familia, en apariencia altruistas, y dignos de sus vocaciones de servicio, por tanto libres de toda sospecha. Hoy, en contraste con la vileza de aquellos hombres, las críticas que recibió Frei de sus más enconados adversarios políticos, lo mismo de izquierda como de derecha, palidecen casi apagándose en una tregua que confirma el valor de lo civilizado.

Frei fue uno de los líderes más lúcidos del siglo veinte. Un hombre que amaba a Chile, su tierra y su gente, de cuyo futuro hablaba como quien vislumbra la copia feliz del Edén. Un católico justo convencido de la justicia social, lo que le valió ser tratado de blandengue, indeciso y oportunista por el franquismo cuando su proyecto social tomaba distancia del ordoliberalismo de Ludwig Erhard, pero conquistaba en cambio el corazón de su inspirador: Jacques Maritain.

Diario de Concepción

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