EL REEMPLAZO DE XIMENA RINCÓN

Senadora Ximena Rincón

Senadora Ximena Rincón

En sentido puramente electoral, que no democrático ni constitucional, el reemplazante de la senadora Ximena Rincón debiera ser Jaime Naranjo, su compañero de lista en los comicios parlamentarios de 2009, cuando la primera mayoría de la circunscripción la obtuvo el senador de la UDI Hernán Larraín, con el 43 por ciento de los votos, el segundo lugar, la designada ministra democratacristiana, con el 31 por ciento, y el tercero, el ex senador socialista con el 21 por ciento de los sufragios. Por entonces el elector sabía que, bajo el sistema binominal vigente, con su voto podía estar contribuyendo a elegir al compañero de lista, sea por la probabilidad de doblar al pacto adversario o por la probabilidad de complementar la votación del candidato favorito de su lista, impidiendo con ello que fueran los contrarios quienes doblaran y conquistaran los dos escaños. Es cierto que en la práctica ninguna de las listas que se impusieron pudo elegir más de un senador, pero esto se ignoraba antes de la elección, y, por consiguiente, lo que operó en la mente del elector fue un cálculo de reciprocidad.

Hoy nos vemos constreñidos a un debate —que, a ratos, adquiere los ribetes de una lucha ideológica por la fidelidad a los principios democráticos— sobre la conveniencia de que la sucesión de Ximena Rincón la resuelva el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana o los ciudadanos del Maule Sur, únicamente los militantes o también los adherentes. El método no es neutro, pero suele ocurrir que quien más reclama sea también quien más atajos ha ensayado para darle una oportunidad a su talento. Por eso, el presidente del partido, atemperando los ánimos, ha debido aclarar que la mesa directiva habló siempre de hacer consultas. Lo cierto es que antes no existía este tipo de controversias. Primero, porque hasta 2005, la vacante dejada por un parlamentario la ocupaba su compañero de lista, mecanismo que después fue sustituido por uno donde el respectivo partido propone al reemplazante. Segundo, porque sólo a partir de la nominación de la diputada Carolina Tohá como titular de la Secretaria General de Gobierno, empezó a hacerse corriente el nombramiento de parlamentarios en el Ejecutivo, cuando, a diferencia de los regímenes parlamentarios, son incompatibles las calidades de diputado y de ministro de Estado. Tercero, porque la designación de la senadora en el gabinete de ministros sorprendió a la DC, lo que literalmente significa que la regularidad de sus procesos internos fue perturbada por un acontecimiento imprevisto e incomprensible.

Pero ni unas primarias cerradas o abiertas, ni la deliberación de algún órgano partidario, satisfacen la exigencia de representatividad de origen hecha al relevo de Rincón, aunque ambas fórmulas son igualmente idóneas para superar el actual trance de la colectividad: a fin de cuentas es el partido quien decide. Esto es así, porque ni las primarias ni los órganos superiores de la falange pueden reproducir la calidad y las condiciones de competitividad que se dieron en la elección senatorial. La voluntad militante no sustituye a la soberanía popular. Y tampoco lo conseguiría una elección complementaria que, de ser posible, ocurriría en un ambiente político distinto, con un procedimiento uninominal para una representación binominal, y con el doble de electores para el cargo que debe ser proveído.

La democracia chilena ha mostrado ser resiliente a esta clase de anacronismos, donde coexisten instituciones heredadas de la dictadura, como el sistema binominal; instituciones del presidencialismo, como el supra partidismo prescindente de los partidos; e instituciones del parlamentarismo, como la facultad colegisladora separada de los procedimientos de investidura y censura. Pero, no obstante su infinita condescendencia, es difícil que el régimen político resista una seguidilla de eventos electorales provocados por reiterados ajustes de gabinete. Sólo en los últimos cinco años habrán sido reemplazados diez parlamentarios, y a un ritmo cada vez más acelerado por las necesidades de designar ministros con experiencia política.

En las actuales circunstancias resulta, por tanto, disfuncional el abandono de un cargo parlamentario por la asunción de una responsabilidad de gobierno, excepción hecha de la dignidad de Primer Mandatario, para la cual, en todo caso, el postulante debe concursar por el respaldo ciudadano. Tal inconsistencia debería ser corregida por la reforma constitucional en cierne. Pero también el restablecimiento de un sistema electoral proporcional debería hacer posible que los partidos ofrecieran al electorado un mayor número de candidatos por distrito y circunscripción, a objeto que, en caso de fallecimiento, incapacidad o renuncia de un diputado o senador, el escaño fuera atribuido a un suplente, o al candidato que le siguiera en el orden de prelación de la lista. Las primarias abiertas perderían importancia, puesto que aquello que hoy dirimen pasaría a ser resorte de los ciudadanos, mientras que las primarias cerradas cobrarían valor, aumentando el control de los militantes sobre los actos de la dirigencia, y empoderando a los partidos políticos como organizaciones fundamentales de la sociedad civil.

http://www.eldinamo.cl/blog/el-reemplazo-de-ximena-rincon/

 

 

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