LA CULPA DE ECHEVERRIA

Jesús perdonando a Juan el Bautista

Jesús perdonando a Juan el Bautista

Los fundamentos morales de la censura a Carolina Echeverría comprometen a tal punto el valor de la justicia, o sea, de la equidad, que nos interpelan a todos. La designada subsecretaria de las Fuerzas Armadas es hija del ex coronel Víctor Echeverría, a quien se vincula con graves violaciones a los derechos humanos. Quienes cuestionan su nombramiento, cargan sobre ella las faltas que le atribuyen a su padre e, invocando el principio de corresponsabilidad familiar, le imponen como condición de su inocencia que reniegue públicamente de él.

«Ni usted ni nadie tiene por qué ser víctima del principio de corresponsabilidad familiar —le escribía hace cincuenta años el filósofo polaco Günther Anders a Klaus Eichmann, hijo del criminal nazi Adolf Eichmann—. La procedencia no es culpa alguna, nadie se forja su origen, tampoco usted.»

Anders, por entonces líder pacifista, se lo reitera de manera redundante en su carta abierta de 1963, y en su segunda epístola de 1988. No lo hace para eximirlo de una culpa, sino para persuadirlo de que su única salida, si quiere recuperar la dignidad y el respeto, es desligarse de sus orígenes, renegar de su padre, incluso impugnar la ley de Dios, porque el mandamiento ¡Honra a tu padre y a tu madre! no es válido en todas las circunstancias, le dice, y la deslealtad pasa a ser virtud cuando se practica contra un criminal. Klaus Eichmann, como es sabido, no sólo no respondió a estas exhortaciones, sino que, junto a su hermano, fundó en Buenos Aires el efímero Frente Nacional Socialista Argentino.

Günther Anders ha quedado atrás en el tiempo y, con él, la fatal ligazón entre el acto y su ejecutor. Hoy, otra antropología, la de Paul Ricoeur, que separa al culpable de su acción, nos abre a la posibilidad de perdonar al hombre y condenar su falta.

A través del perdón, y habida consideración de que los crímenes contra la humanidad son imperdonables, la persona puede ser rescatada de la perplejidad en que fue dejada por la culpa, devolviéndosele en efecto su capacidad de acción. Sólo que para ser concedido el perdón debe haber sido imputada una culpa criminal, política, moral o metafísica. ¿Cuál es la de Carolina Echeverría? Ninguna y, por eso, es vana la pretensión de perdonarla.

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