REALIDAD HIPERVISIBLE: UNA PAUTA

Baudrillard y la sociedad simulacro

Baudrillard y la sociedad simulacro.
El filósofo francés Jean Baudrillard sostiene que el destino y la condición de las sociedades avanzadas actuales es que cualquier hecho tiende a degradarse como tal y a pasar a ser espectáculo u objeto de consumo, al margen de que sea verídico o falso. Informaciones e interpretaciones, emitidas y recibidas en alud, se igualan en calidad de meros simulacros de la realidad.

____________________________________________________             «El Mostrador es exitoso porque está conectado con su audiencia, hay energía, hay feedback, hay tensión permanente. Para mi audiencia, hoy, El Mostrador es sexy».

Se ha dicho que las declinaciones de Claudia Peirano y Carolina Echeverría a sus nombramientos como subsecretarías de Educación y de Fuerzas Armadas, habría sido provocada por la presión social y los movimientos sociales. Pero no parece haber tal. Más bien los llamados referentes sociales han sido personas, de mayor o menor jerarquía y autoridad, pero personas individuales. No masas ni audiencias; no actores constituidos a los que se les pueda imputar deliberación y voluntad política. A decir verdad, lo que se ha dado en llamar la presión social, o los movimientos sociales o, «la calle», no es sino la construcción mediática de una holografía, o sea, la imagen de la imagen del objeto original. De modo que, si algo es tributario de la reputación otorgada por la presión ejercida, este algo no es precisamente un agente social, sino un poder capaz de producir ese tipo de imágenes: la prensa. La prensa que emerge junto a las redes sociales, se alimenta de ellas y se reproduce gracias a ellas.

Y la clave del éxito de esta prensa, digital por excelencia, radica en la adecuada conexión que consigue establecer entre el bien de consumo que ofrece, y el nicho de mercado que lo demanda. ¿Cuál es la fascinación que despierta el bien transado? Es la desnudez que exhibe de lo más oculto y, a veces, más íntimo de las personas. Es la elaboración de un paquete de realidad, no del todo veraz y objetivo, pero tampoco del todo ficticio. De cualquier modo, una representación sin referentes, como cuando nos muestra como suceso, desde luego, sobrevalorado y comunicacionalmente redundante, «La historia del diputado Patricio Vallespín (DC) y la hija que no quiso reconocer durante 15 años». Una historia hiperreal. Un «reality show» en página web.

Realidad hipervisible, que no otra cosa es la mercancía que sale de los nuevos medios de comunicación, la que, en manos de sus ávidos destinatarios —públicos anti-sistemas y contraculturales—, se constituye en poderosa arma de presión dirigida de preferencia hacia instituciones y personajes públicos, acaso vulnerando derechos fundamentales y, en el límite, llegando a sustituir la deliberación lúcida y explícita del diálogo democrático. Hipervisibilidad, concepto reservado a la extensión exacerbada y degradada de la información, que ya no encuentra contrapeso en los partidos políticos, hoy por hoy, desgastados, débiles y sumidos en profundas crisis de representación. Y que, en el colmo de las paradojas, son los que proveen, a menudo en off, las fuentes de información para su propia depauperación.

Los créditos por la fallida investidura de Carolina Echeverría pertenecen en propiedad a El Mostrador, pionero en esta nueva deontología de las comunicaciones, donde el rol del periodismo no es la verdad, sino la realidad. ¿Qué realidad? Una realidad con fronteras, las demarcadas por las propias subjetividades, paradigmas y marcos de interpretación del editor. Se la puede observar en los 33 discursos, 25 de los cuales son opiniones editoriales del medio, que a lo largo de treinta días configuraron la saga que culminó en la carta de desistimiento de Carolina Echeverría. Campaña de bullying la califica el senador Andrés Zaldívar. Vetos tácitos las llama el ex senador Camilo Escalona. Pero, en esencia, es un fenómeno nuevo, para el que la clase política no estaba preparada.

«El Mostrador es exitoso porque está conectado con su audiencia, hay energía, hay feedback, hay tensión permanente —afirma Mirko Macari, su director y mentor de las generaciones de periodistas que egresarán de la Universidad Diego Portales—. Para mi audiencia, hoy, El Mostrador es sexy». ¿Qué significa esto? «Lo sexy tiene que ver con lo emotivo. Sexy es lo que te provoca, es una mujer con la que te pasó algo. Acá es lo mismo: antes de leer, tú ves la palabra o un juego de palabras. Eso tiene que resultar atractivo, ir un poco más allá. Tiene que haber una promesa de mostrar, de entretener, de interesar. Son cosas altamente subjetivas».

Como una alegoría, que trasciende la realidad sin ser del todo una invención. Un simulacro que se vale de las simplificaciones iconográficas proporcionadas por la cultura popular, pero que, en cuanto tal apariencia, no deja de ser una distorsión de la realidad.

Pauta titulares de El Mostrador caso CE

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