ESTADO, PERSONAS Y DERECHOS

Homo Vitruvio, Leonardo da Vinci, 1490.

Homo Vitruvio, Leonardo da Vinci, 1490.

Uno de los efectos más importantes del cambio cultural experimentado durante la presente década, ha sido invertir el discurso de los actores en la escena pública. Hasta hace algunos años, los defensores del modelo imputaban a sus detractores posiciones ideologizadas que, sin respeto por el tiempo y por el lugar en que se desenvolvía la política, se mostraban incapaces de ofrecer soluciones concretas a los problemas de la gente. Hoy, ellos mismos han optado por asumir posturas ideológicas como una manera de enderezar las reformas en curso, situando así el debate en el campo de los valores.

Este reposicionamiento se ha revelado tanto en la controversia sobre la reforma educacional como en la del matrimonio. Respecto de la primera, y en el espíritu de reconocerle estatus público a las universidades privadas, se ha llegado a decir que existiría una esfera pública históricamente separada de la estatal, algo que es ampliamente refutado por los hechos, pues ni ayer ni hoy se ha concebido lo público fuera del orden social, de las tradiciones, de las instituciones y normas, o sea, del Estado, y menos aún en los modernos estados constitucionales, responsables de satisfacer garantías explícitas y exigibles del derecho a la educación.

Respecto de la segunda, se ha reiterado la idea de que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, algo que contradice la historia de los pueblos y de las religiones. Antes del Concilio de Trento el matrimonio era un contrato entre familias, y no entre los cónyuges, y, en la actualidad, bajo la ley islámica, las niñas pueden ser prometidas en matrimonio por sus padres a instancias de un imán. En la antigua Roma se celebraban matrimonios entre individuos del mismo sexo, al igual que en varias sociedades precolombinas.

Esto hace que la verdadera vocación universal del matrimonio sea la de un contrato entre personas y, por lo tanto, entre seres humanos con derechos reproductivos, a la orientación sexual y a la identidad de género. Transformar la reflexión política en puro ejercicio especulativo nos retrotrae a épocas pretéritas, en circunstancias que el conocimiento exhibe hoy sus más altos niveles de desarrollo teórico y de asiento en datos duros de la realidad.

 

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/03/25/#2/z

 

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