FRENESÍ

El frenesí de las exultaciones, Władysław Podkowiński, 1894.

El frenesí de las exultaciones, Władysław Podkowiński, 1894.

Es innegable la reaparición de un ambiente de crispación que, en vez de aclarar los términos del debate público, no sólo contribuye a oscurecerlos, sino que acaba obstaculizando el diálogo democrático. Los interlocutores se atrincheran en sus convicciones sin dejar espacio a las salidas del conflicto, y las creencias, generalmente inspiradas en principios humanistas, acaban convirtiéndose en opiniones prejuiciadas. De aquí a la intolerancia y a la descalificación del adversario, media sólo un paso.

Sobre los vientres de dos embarazadas escribe la UDI: «Que no desvíen tu atención, me están usando para ocultar la Reforma Tributaria, me están usando para ocultar la Reforma Educacional». De este modo la propaganda política del gremialismo les endosa al gobierno y a la Presidenta el acto reprochable de ocultar las reformas emblemáticas de su programa con la iniciativa de despenalización del aborto, que también está contenida en su programa.

Se trata de una imputación indemostrable y, en consecuencia, sin solución dialéctica. ¿Cómo se puede discutir un infundio? No hay modo. O se le desmiente de plano, o se le responde dentro del mismo círculo vicioso del embuste, diciendo, por ejemplo, que a la UDI lo que le preocupa son los derechos patrimoniales comprometidos por las reformas, más que los derechos humanos envueltos en el debate sobre el aborto, en circunstancias que, dada la inspiración cristiana de la colectividad, estos últimos deberían serle prioritarios. ¿Pero qué se conseguiría? Ni siquiera cambiar las creencias.

El diputado Andrade podrá criticarle al cardenal Ezzati un virtual alineamiento con la derecha, y la suya sería una opinión política rebatible. Pero cuando le enrostra flancos débiles —como las violaciones a religiosas practicadas por sacerdotes católicos en África—, lo que hace es imponerle un estándar ético para ser aceptado en la mesa de diálogo que nadie está en condiciones de satisfacer. Pues, no sólo cristianos; tampoco ateos, musulmanes, socialistas o neoliberales, están libres de responsabilidades universales. ¿De qué le sirven al diálogo estas referencias? De nada. Sólo contribuyen a contaminar las cosas con asuntos ajenos a su especie.

El obispo Goic declara estar preocupado por lo que llama «frenesí legislativo». ¿Qué es el frenesí? Es delirio furioso. ¿Y el delirio furioso? Es haber perdido la razón por una pasión violenta. Dicho esto, resulta difícil aceptar que el actual proceso legislativo obedezca a un acto de locura. Pero si lo fuera, la posible salida a un estado tal sería dejar de legislar, detener el envío de proyectos al Parlamento y, por ende, postergar el programa de gobierno. ¿Qué quedaría en subsidio? Un Chile perplejo y abandonado a lo que entonces sería catalogado como el «frenesí de la calle». Y acaso con razón.

http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20140530/pags/20140530164105.html

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