RÉQUIEM POR UN SUEÑO

«Ningún sistema hace que las masas se refinen», Luis Buñuel, El discreto encanto de la burguesía, 1972.

«Ningún sistema hace que las masas se refinen», El discreto encanto de la burguesía, Luis Buñuel, 1972.

 

Si todos los organismos vivos poseen un sistema inmunitario que los protege de eventuales ataques patógenos, no hay razón para pensar que las organizaciones políticas carezcan de uno. Lo tienen los partidos, que deben salvaguardar su cohesión interna, manejar conflictos y restablecer los equilibrios perdidos. Y, desde luego, lo tiene la Democracia Cristiana. Por eso, es extraño que Fuerza Pública, la colectividad política fundada por Andrés Velasco para servir a su candidatura presidencial, reproche a la DC no dejarse invadir por ella. ¿Lo habría hecho Troya de haber sospechado lo que ocultaba el presente griego?

Como el legendario caballo de madera, también quienes se marchan de la falange para unirse a Velasco se mostraban confiables. Hoy se retiran de espaldas y disparando. Dicen sentirse traicionados. Acusan a la dirigencia de desatar una purga gatillada por su propia incapacidad para dialogar y resolver las diferencias internas. Sólo que las aludidas diferencias fueron debatidas y zanjadas hace más de siete años, antes incluso de la expulsión de Adolfo Zaldívar, cuya gestión, algunos de los que han ido partiendo en procesión, compartieron de buen grado, mientras que otros censuraron hasta el paroxismo, como nos lo recuerda el eco de aquel aciago episodio: ¡váyanse, por favor váyanse!

Fue en su Congreso de 2007 cuando el partido de centroizquierda rechazó un sincretismo democratacristiano de talante liberal, condenó el lucro en educación y reafirmó el rol del Estado en la construcción de una sociedad de derechos garantizados.

Pero pudo haber sido al amparo del silencio impuesto a dichas resoluciones, que la idea de fundar la Nueva Democracia Cristiana impulsada por los liberales siguió adelante. Hasta consiguió sellar con la derecha moderada importantes acuerdos en materias de educación y régimen político que, dado el ambiente de reformas imperante, no llegaron a prosperar, como tampoco habría de dar frutos su proyecto de renovación de la matriz democratacristiana. De ahí pues que la actual desafección no pueda ser vista sino como el reflejo de un sueño ya crepuscular, sobre el cual, sin mediación de órgano político ni jurisdiccional, el destino ensaya su réquiem.

 

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