LA CARTA DE LA IZQUIERDA

Horizonte

Cuando a mediados del año pasado desde la Democracia Cristiana surgieron voces que ponían fecha de término a la Nueva Mayoría, las reacciones en la misma colectividad, y en el oficialismo fueron de evidente desconcierto. Se habló entonces de los intentos hegemónicos de algunos sectores de la coalición, y del virtual aislamiento que estaba sufriendo la tienda. «Amigos siempre; subordinados nunca», concluyó el timonel del partido. Esta semana, lo que parecía un mensaje subliminal dirigido a la militancia democratacristiana, ha cobrado verosimilitud y viabilidad estratégica. Sólo que la amenaza de caducidad no proviene del PDC, sino del PS, el PC, el PPD, el PL, RD, y el PRO de Marco Enríquez-Ominami.

Más allá del loable propósito de profundizar la democracia y las transformaciones que fluye de la carta suscrita por las izquierdas, lo que buscan es configurar un nuevo pacto cuya primera prueba de fuego serían las elecciones municipales del próximo año, antesala de las primarias que tendrán lugar ocho meses después. Es precisamente este último evento el mecanismo elegido para ampliar sin exclusiones, y sin grandes complicaciones, la fuerza transformadora que postulan. Para ello disponen de un capital político que les asegura ventajas en la competencia, como es la figura de ME-O, hoy por hoy, el candidato presidencial mejor posicionado para suceder a Bachelet.

Paradójicamente, la fórmula sólo amplía el radio de influencia de la izquierda, y es excluyente por naturaleza. De ponerse en práctica, expulsará de las filas del Gobierno a la DC, que no está dispuesta a desaparecer como vagón de cola de semejante tren y que, al revés, verá fortalecida su cohesión interna cuando los temores electorales generados por el sistema binominal empiezan a disiparse.

La carta es un aliciente para quienes han matizado las reformas, y un flaco favor para aquellos que han defendido sin reservas el programa. Si al dar este paso se pensó que había llegado la hora de separar aguas, incluso con riesgo de fraccionamiento de la Democracia Cristiana, fue por ignorar que en ésta no existen dos opiniones acerca de la inconveniencia de incorporar al PRO en las decisiones y procedimientos de la Nueva Mayoría.

Diario Concepción

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