NO ES DAVALOS; ES EL MERCADO

Sebastián Dávalos, director sociocultural de la Presidencia de la República

Sebastián Dávalos, director sociocultural de la Presidencia de la República

 

¿De qué se acusa a Natalia Compagnon? De valerse de su condición de nuera de la Presidenta para hacer negocios. La esposa de Sebastián Dávalos, hijo de Michelle Bachelet, es socia de una firma que compró tres terrenos a un precio y los vendió a otro, lo cual le reportó importantes utilidades. Para realizar la compra pidió un préstamo bancario por el que pagó un interés a las tasas corrientes del mercado. Todo conforme a la ley, como lo acredita la Superintendencia de Bancos. No hay ilícitos, porque Dávalos no forma parte de la empresa de su esposa ni tiene sociedad conyugal con ella. Los negocios de su mujer no lo comprometen; en todo caso, no más que a cualquier pariente de autoridad pasada y presente, pública y privada, dedicado a este tipo de actividades… Pues, en general, nadie se desprende de su identidad personal renunciando a su genealogía.

Pero se sospecha de Sebastián Dávalos, quien actualmente se desempeña como director sociocultural de la Presidencia, función por la cual no percibe ingresos. Se sospecha que es él quien hace el negocio. Se sospecha que es él quien le pide el préstamo a Luksic. Se sospecha que a él pertenecen las utilidades obtenidas. Se sospecha que ha corrompido a los poderes del Estado para obtener ganancias indebidas. Y se le exige que haga pública su declaración de intereses, aunque por ley no esté obligado a hacerlo. Pero cuando la revela, se sospecha que es una declaración falsa. Y de la sospecha se pasa a la mentira, y de la mentira al agravio. Entonces se sostiene que la familia presidencial se está enriqueciendo mediante el ¡tráfico de influencias! Que para ello ha usado los planos reguladores que, eventualmente, se modificarían recién en 2016. Que Dávalos es un cobarde por no enfrentar a la prensa. Que debe renunciar.

¿Qué buscan estas imputaciones? Son especulaciones que buscan dañar la imagen de Bachelet, hoy por hoy, el liderazgo más fuerte de la coalición de gobierno, y buscan resarcir a la derecha del mayor escándalo económico de las últimas décadas —después de la privatización de empresas públicas ocurrida durante el régimen de facto—, como es el caso Penta. De esta manera, una oposición de suyo poco abierta al valor de la igualdad, ahora se inclina por hacer moralmente equivalentes las venalidades descubiertas en Penta con los modelos de negocios al uso en los emprendimientos inmobiliarios.

Sólo que, al final de la trama, quedan dos consecuencias. La primera, el amargo sabor de ver la cultura política de Chile envilecida por la banalidad. Y la segunda, una elocuente confirmación: que la derecha académica, política y empresarial, no sólo ha dejado de defender el modelo económico, sino que se avergüenza del verdadero funcionamiento de ese modelo, lo cual demuestra su profundo vacío de proyecto. Porque, lo que al fin y al cabo las escandaliza es la forma en que se hacen las cosas en una economía de libre mercado como la chilena. Es su moralidad la que juzgan. Es ver el rostro desnudo del capitalismo realmente existente sobre el fondo de una sociedad hastiada de la voluptuosidad del poder —algo de lo cual no pueden culpar a Dávalos—, lo que las perturba.

La explicación de Sebastián Dávalos I

La explicación de Sebastián Dávalos II

Síndico: todo fue transparente

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