EL ESCENARIO 2017, OPCIÓN ENTRE MINORÍAS MÍNIMAS

Piñera con Lagos

Como se están desenvolviendo los acontecimientos, la próxima elección presidencial se definirá en la segunda vuelta de 2017, lo que no reviste novedad alguna desde que Ricardo Lagos se enfrentó a Joaquín Lavín hace quince años.

Lo inédito será que el balotaje deberá dirimir no la disputa entre dos grandes bloques, sino el dilema entre minorías mínimas, o sea, entre alternativas que en la primera vuelta —acompañada de la elección parlamentaria— conciten menos del tercio de la adhesión en presencia, tal vez, de una baja tasa de abstención, dado el alto valor acordado a la decisión. Así, quien resulte vencedor tendrá que buscar aliados para gobernar y, quizá, durante su mandato sea el primero en exhibir los más bajos índices de popularidad conocidos en el país.

La campaña electoral, marcada por el desencanto, la fragmentación y la polarización de la vida política, bajo el recién inaugurado sistema proporcional, hará brotar una original y variada oferta de opciones, rica en promesas destinadas a satisfacer las expectativas de los indignados. Y es muy probable que las principales víctimas de este escenario sean los políticos moderados que han sabido combinar, a ratos con lucidez, el crecimiento económico con la justicia social, pero que han fracasado en la lucha contra la corrupción.

Es dentro de este contexto anticipado que cobran verosimilitud las estrategias políticas desplegadas en los últimos días. Por de pronto, la irrupción de los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, sus más conspicuos contrincantes. Ambos postulándose como cartas frente a la incertidumbre abierta por el deslustre de Andrés Velasco y Marco Enríquez-Ominami, el primero implicado en Penta y, el segundo, en SQM. Ambos resistidos por partidos y sectores de sus respectivas coaliciones, cuya proyección no aparece como condición de su éxito. Por cierto, su incursión empujará al tablado a figuras del talante de Eduardo Frei y Andrés Zaldívar.

El caso es que otro sistema de partidos y alianzas empieza a configurarse y, con independencia del curso que tomen los actuales procesos judiciales, entraña una nueva forma de producir y de distribuir el poder político en la sociedad.

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