UN AJUSTE POLITICO

 

Los términos en que fue planteado el ajuste ministerial son los mismos en que se ha venido dando la controversia política desde los inicios del segundo mandato de la Presidenta Bachelet.

Los términos en que fue planteado el debate sobre el ajuste ministerial son los mismos en que se ha venido dando la controversia desde los inicios del gobierno.

 

¿Cuáles eran las señales esperadas con el ajuste de gabinete?

De entrada, existía la expectativa de que el acomodo gubernamental revelaría la proyección de la actual coalición a través de la promoción de elencos formados en las convicciones de la Nueva Mayoría o, por el contrario, confirmaría el retorno de la llamada vieja guardia de la Concertación a los puestos políticos claves. Luego, pondría de manifiesto si el Gobierno persistiría en la intensidad y velocidad que le venía imprimiendo al programa de reformas estructurales, o si ambos efectos serían definitivamente ralentizados e incluso frenados. Por otra parte, mostraría si la actual mayoría oficialista sería capaz de impulsar por sí misma las iniciativas comprometidas, o precisaría, reeditando la antigua democracia de los acuerdos, consensuar todos sus proyectos con la oposición. Por último, enseñaría si el ascendiente de los ministros entrantes conseguiría elaborar y salvar la crisis de credibilidad reinante, o no haría sino prolongarla hasta el veredicto final de las urnas, lo que a todas luces constituiría una derrota anunciada.

Como puede verse, los términos en que fue planteado el debate sobre el ajuste ministerial han sido los mismos en que se ha venido dando la controversia política desde los inicios del segundo mandato de la Presidenta Bachelet. Y ello explica que si los escándalos de corrupción fueron capaces de gatillar la crisis de gabinete, se debió a la situación de vulnerabilidad en que fue puesto el gobierno y su coalición por las tensiones y conflictos que ambos venían arrastrando. Discusiones como la inclusión de los comunistas en el gobierno, la fecha de caducidad del conglomerado, el frenesí de las reformas, los matices y las hegemonías, fueron perforando lenta, pero sostenidamente, la fortaleza política de la Nueva Mayoría, no obstante sus primeras 56 medidas, sus123 proyectos legislativos y, lo que es su mayor título de gloria: haber cavado la tumba del perverso sistema binominal. A veces, como ahora, el proceso importa tanto o más que el resultado.

Pero el de ayer no despejó ninguna de aquellas interrogantes, cuyas respuestas han de buscarse en los partidos políticos —donde anidan las inercias— y no en el Ejecutivo. Y si bien la petición de renuncia a todos los ministros presagiaba un cambio radical del gabinete, lo que en verdad ocurrió fue una adecuación del equipo político de La Moneda, fiel expresión del desafío de organización y de resocialización de la actividad política que el oficialismo habrá de acometer de cara a las próximas elecciones.

Un ajuste político

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