NO SOMOS IGUALES

no somos iguales

Si ya resulta desembozado que un ex ministro del Interior diluya las responsabilidades políticas al confesar que todos sabíamos que las cosas se hacían de manera irregular, llega a ser insolente que dos flamantes presidentes de partidos digan que todos hemos infringido la ley, y que, como si no existiera el principio de coherencia, simultáneamente imputen al ex director del SII haber incurrido en generalizaciones del mismo tenor. No existe nada más general que este «todos» ni es menor la complicidad que sugiere este «nosotros».

Definitivamente no somos todos iguales. No lo somos ni en la comisión de los ilícitos ni en el juicio que nos hacemos sobre ellos. Unos son más responsables que otros. Desde luego, siempre serán más responsables los que tienen más poder: un grupo económico más que un partido, una mesa directiva más que un militante, un alcalde más que un concejal, un parlamentario más que un elector. No admitir estas diferencias nos aleja de un diagnóstico común y retarda la eficaz solución del problema.

Es censurable que dirigentes y personeros de partidos hayan cedido al poder del dinero mal habido. Es reprobable que tales recursos hayan sido recibidos y empleados para derrotar a adversarios políticos internos y externos, vulnerando con ello el principio de competencia justa en que se funda la convivencia partidaria. Es reprochable que se declare que el acto inicuo es una práctica regular, conocida y practicada por todos, porque con ello se hace indebidamente cómplices de la venalidad a gente inocente y honesta que sólo ha sabido servir ideales. Es condenable que dentro de una colectividad política, burlando las jerarquías de los órganos legítimos de deliberación, se monten complejas máquinas de lavado de activos para beneficio de pequeños grupos, porque ello atenta contra los procedimientos estatuidos.

Es falso que estos vicios puedan ser justificados éticamente por pretender el éxito de un candidato, de un sector o partido. Como es falso que quienes vivan de las primas que les reportan estos ilícitos puedan justificarse en la moral del trabajo realizado. Nadie debería creer que actuando así conquistará la ventaja moral de sentirse con la conciencia tranquila.

No somos iguales

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