RADIO BALMACEDA, LA MEMORIA EMERGENTE

IGC

Por estos días se difunde profusamente en las redes sociales el último libro de Ignacio González Camus, Radio Balmaceda ’73-’76: bajo el asedio de los “guatones” y Pinochet. La equivalencia entre «guatones» y Pinochet, no es fortuita. Representa a las dos fuerzas que un grupo de periodistas, liderado por Belisario Velasco e Ignacio González, debió sortear para mantener en el aire las ondas de la Radio Presidente Balmaceda —«la única» como la llamaba la prensa extranjera—, que entonces desafiaba los controles impuestos por la dictadura.

Visto en perspectiva, es claro que sin el testimonio de aquellos jóvenes profesionales no sería posible entender la lucha por las libertades públicas, por la defensa de los derechos humanos y por el restablecimiento de la democracia en Chile. Radio Balmaceda fue la primera en publicitar los recursos de amparo, contribuyendo con ello a proteger a las víctimas y, en ocasiones, hasta salvar vidas humanas.

Se trata de un recuerdo que recién comienza a inscribirse en los registros históricos y en los lugares de la memoria. Está sin duda destinado a cambiar la actual coyuntura. Porque la memoria determina el modo en que construimos el presente y fijamos el horizonte de nuestros sueños. Sus vacíos, en cambio, fomentan la reproducción de poderes y hegemonías que se sirven del olvido para seguir dominando la escena política y para seguir frustrando las esperanzas de los más desposeídos.

La memoria nos enseña que las personas no cambian, que lo que realmente cambia es la percepción que nos hacemos de su talante y de sus actos. Y éste es precisamente el trabajo de la memoria, que ahora es memoria colectiva, memoria compartida, memoria deliberante.

Belisario Velasco, que días antes había firmado la declaración condenando el golpe de Estado, asume en octubre de 1973 la gerencia de radio Balmaceda. Pero ya en enero de 1974, Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana, a la sazón propietaria de la emisora, le pide la renuncia. Velasco se resiste y se mantiene firme en su decisión hasta que, en marzo de 1976, Pinochet lo relega a Putre (murmullo de agua en aymara). Era la cuarta vez que la dictadura clausuraba la estación.

Es en estas circunstancias que José Miguel Fritis se hace de la gerencia de la radio y Marcelo Rozas le arrebata la dirección a Ignacio González. Desde ahí se intensifica el asedio, con ribetes a ratos patológicos, contra el semillero de comunicadores constituido por Marta Caro, Marianela Ventura, Patricio Vargas y Guillermo Muñoz, entre otros. Por entonces «los trece» están sumamente debilitados. Renán Fuentealba, Bernardo Leighton y Claudio Huepe se encuentran en el exilio. En abril de 1974 los «chascones» quedan fuera de la conducción de la JDC y abandonados a su suerte. De modo que aquel 11 de agosto de 1976, cuando Rozas despide a los periodistas de la radio que exigían su renuncia, no fue más que el día de un desenlace anunciado.

Sin embargo, el tiempo habría de demostrar cuán equivocada prometía ser la estrategia propugnada por la DC, que Genaro Arriagada, uno de sus activos promotores, definía como la política de los resultados, y que no era sino la de agachar la cabeza frente al régimen. Y revelaría también cuán acertada fue la política del testimonio a favor de los derechos y de las libertades, practicada por Velasco y su equipo de periodistas, poderoso fertilizante de las luchas venideras.

Las transmisiones de Radio Balmaceda fueron definitivamente silenciadas en enero de 1977.

Radio Balmaceda, la memoria emergente, El Mostrador

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