ESTRATEGIA DE LA RUPTURA

Peter Nicolai Arbo, Asgardreien, 1872

Lo obvio a menudo se calla y por callado se olvida. Para el trabajo de la memoria, sin embargo, no hay obviedades. Aquella siempre persiste en confirmar lo evidente, pues lo suyo es mantener latente el recuerdo. Por eso, aunque parezca obvio, tiene valor insistir en que las tiranías son regímenes de fuerza opuestos a las democracias republicanas fundadas en el consentimiento de los gobernados.

Y es que la fragilidad, como la fortaleza de las democracias, no radica tanto en las instituciones como en las convicciones que les dan soporte. En consecuencia, no de otra forma, sino debilitando la fe democrática, es como se corroe la institucionalidad política. Ahora, si algo hemos aquilatado con asombro en este último tiempo, es cuan demoledor puede llegar a ser el golpe propinado por la corrupción a la confianza pública. La encuesta CEP nos revela que casi dos tercios de los entrevistados atribuyen la actual crisis de confianza a la venalidad, y que una porción no menos significativa imputa su desafección con el Gobierno al freno aplicado a las reformas.

Los costos de legitimidad de todo el sistema los está absorbiendo el Gobierno, pero los costos del libertinaje de algunos militantes los están pagando los partidos. La situación se ve agravada por el distanciamiento —o el apoyo de brazos caídos— de las mismas fuerzas que llevaron a Bachelet a La Moneda, y, lo que es sin duda peligroso, por la aparición en la derecha de un prurito desestabilizador, con ribetes conspirativos y sediciosos, que anuncia el desplome del orden institucional.

Ello explica que este fin de semana personeros de la Democracia Cristiana hayan hecho pública la declaración Por la razón de la voluntad popular y la fuerza de nuestras ideas, donde emplazan a la dirigencia política a asumir los principios de la democracia y del régimen republicano. El exhorto llama a respetar la soberanía del pueblo expresada en las urnas, la investidura republicana de la Presidenta, el Gobierno de las mayorías, el programa comprometido con el país, y, naturalmente, la gobernabilidad democrática.

Es una advertencia. Desde luego que lo es, sobre todo a quienes han venido desplegando una estrategia de ruptura sin reparar en el riesgo de verse complicados con sectores involucionistas hoy por hoy apostados en los límites de la legalidad.

Diario Concepción

El Mostrador

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