LA DC Y EL DILEMA DEL PRISIONERO

El dilema del prisionero

El giro dado este fin de semana por Renovación Nacional es un claro síntoma de recuperación política. La colectividad acordó por abrumadora mayoría de su consejo general levantar una lista propia de candidatos a concejales, aunque dejando entregada a primarias con la UDI, Evópoli y el PRI la selección de los postulantes a alcalde. El persuasivo acuerdo de la tienda sienta el precedente más reciente de una fórmula electoral para destrabar la negociación de la Democracia Cristiana con sus propios aliados.

¿Qué requiere la DC para tomar el camino de RN? Primero, que la Nueva Mayoría le garantice las mismas condiciones que en 2008 permitieron al PPD y al PR formar el pacto Concertación Progresista, y, segundo, que el partido de la flecha roja pueda conquistar el 17 por ciento de los votos necesarios para superar su marca de hace tres años: 391 concejales. ¿Puede conseguirlo?

Regla de oro del francés Emilio Durkheim, pionero de la sociología moderna, es que los hechos sociales son cosas y deben ser tratados como cosas, esto es, como datos. Y las cifras son datos que marcan tendencias. Desde la elección de concejales de 1992 la DC ha venido perdiendo alrededor de cincuenta mil votos cada año. Esto significa que más de un millón de electores ha ido a engrosar las filas de la abstención para nunca más volver. Como consecuencia, a lo largo de las pasadas seis elecciones municipales la falange ha tenido que resignar los subsidios a sus socios de pacto y, a fin de obtener el mayor número de ediles, ha debido aprender a sacarle el mayor rendimiento a sus votos.

Así, mientras en los inicios de la transición cada concejal democratacristiano representaba el alto valor promedio de 2.884 votos, a mediados del gobierno de Piñera este apoyo se había reducido a 2.057 sufragios que, sin embargo, tuvieron la virtud de sincerar la genuina implantación de la colectividad tras la caída sufrida en 2008 al igual que las demás fuerzas políticas de la centro-izquierda.

Con este piso la DC —mejor incluso que RN y lejos de la encrucijada y la ausencia de salida que se le atribuyen— queda en posición de sortear el desafío de 2016. De modo que su problema no es electoral, sino político, y no consiste en resolver el dilema del prisionero, donde cada opción depende de la elección del cómplice, sino en recuperar su perfil de fuerza de la alternativa y el equilibrio.

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