INCONSISTENCIAS DEL DEBATE LABORAL

Imposible

«DC suma críticas a veto presidencial», se lee en una noticia, pero la impugnación no es del partido ni de un órgano político autorizado del partido, sino del senador Andrés Zaldívar quien dice: «yo personalmente siempre fui partidario de ir por una ley corta». Más abajo, sin embargo, puede observarse que la presidenta de la colectividad, la senadora Carolina Goic, respalda el veto presentado por el Ejecutivo, pese a que su camarada Ignacio Walker lo considera un acto de revanchismo político.

La oposición defiende el fallo del Tribunal Constitucional no sin descalificar a quien discrepa de la sentencia o de la idoneidad de algunos de sus miembros, pero contradictoriamente reprocha que, ejerciendo una facultad constitucional, la Presidenta de la República recurra al veto. En un caso muestra apego a la Constitución; en el otro, desatención. Y son la misma cosa.

El senador Allamand, que preferiría verla en silencio, declara que «la CUT vota aquí tal como si fueran parlamentarios», juicio que es más aplicable a los ministros del Tribunal Constitucional que a los trabajadores organizados en la central sindical, pues la CUT carece del poder de veto sobre las leyes que sí posee la magistratura, y no puede, como ella, actuar cual tercera asamblea legislativa. No hay parangón.

El presidente de la Cámara de Diputados, el socialista Osvaldo Andrade, censura al Gobierno, especialmente a la ministra y al subsecretario del Trabajo, por la que considera una desacertada tramitación del proyecto de reforma laboral. Atribuye las dificultades de la iniciativa a las diferencias habidas entre los ministros Rincón, del Trabajo, y Valdés, de Hacienda. Recordemos que la titular del Trabajo había anunciado un veto presidencial, información que el ministro de Hacienda enmendó al declarar que el Ejecutivo aún no decidía entre veto o ley. Andrade, como él mismo confiesa, hubiera preferido —al igual que Zaldívar— una ley corta y no un veto presidencial.

¿Pero dónde está la paradoja de la opinión de Andrade?

Primero, que procede del presidente de la Cámara de Diputados, que lo es gracias a los acuerdos y a los votos de democratacristianos y socialistas, misma militancia de la ministra y del subsecretario sobre quienes se emite dicha opinión. De los presidentes del Congreso se espera una actitud menos compulsiva hacia la coyuntura. Segundo, el diputado está juzgando el desempeño de la cartera que en el pasado le tocó encabezar, por consiguiente, sus opiniones no pueden ser imparciales respecto de quienes lo precedieron y lo sucedieron. Y tercero, como tal presidente de la Cámara de Diputados y ex ministro del Trabajo, el diputado Andrade se expone a que se coteje su crítica con las fricciones —una de las cuales fue la discusión sobre la AFP estatal— que él protagonizó con el entonces ministro de Hacienda Andrés Velasco. Si no existe diferencia entre ambos casos, habría que deducir que aquellas tensiones tuvieron efectos sobre la tramitación de los proyectos, misma consecuencia que él extrae del desempeño de los actuales ministros.

El fundamento de una democracia deliberativa está en la palabra, en el lenguaje, en el diálogo. Si la palabra es contradictoria, imprecisa e inconsistente, su fruto no será mejor.

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